Rivero IV: Un testimonio abrumador

21:53 Posted by Perro Senil.

CON ESTE ARTÍCULO CONCLUIMOS LA PRESENTACIÓN DE

“La rebelión de los náufragos”

Adquiéralo en las mejores librerías. Este fascinante libro en cuatro meses ya va por su quinta reimpresión.

Un testimonio abrumador
Beatrice Rangel -hija de Domingo Alberto Rangel- quien fue viceministra y ministra de la Secretaría de CAP II narra que mantiene muy vívidas las imágenes de los actos que definieron la caída del gobierno. Rangel recuerda que cuando se consigue el ingreso de Venezuela al GATT o sistema multilateral de comercio, el Presidente convoca a una reunión donde se invita al sector privado para anunciar “el objetivo de empezar gradualmente la apertura, allí estaba Fedecamaras, Fedeindustria y otras asociaciones, todos se veían muy satisfechos con la política comercial a la cual se le iba a dar inicio, pero terminado el acto, Rangel va a su oficina y consigue que los presidentes de cada una de las asociaciones están llamando para conseguir cinco minutos con el Presidente, ¡Todos! pedían lo mismo, querían que excluyeran a su sector del acuerdo que se iba a firmar dos días después en Ginebra, ellos lo que querían era seguir siendo subsidiados por el Estado. Porque no sabían competir y preferían que el mercado venezolano continuara cerrado, lo cual desde luego le ponía tope al crecimiento y a la posibilidad de que se diera una competencia vibrante de precios, que es lo que permite hacer a los productos asequibles a los consumidores. Fue cuando me dije: aquí el sector privado no va a acompañar más a este gobierno. Y ahí, yo creo, fue cuando se unieron a la conspiración” (íd. 301, 302). Lo segundo que rememora Rangel es cuando se solicitó la reducción de los presupuestos de todos los ministerios, todos los ministros presentan sus reducciones menos el de defensa, porque todas las compras que hacían estaban protegidas por el secreto militar, ellos no licitaban nada, no daban precios de nada, hasta la compra de papel toilette, verduras y lápices estaba resguardado como partida secreta. Por supuesto, el gabinete decidió dejar el secreto militar sólo para lo que tenía que ver con defensa: armas, sistemas de comunicaciones, sistema de defensa. Pero el resto: uniformes, rancho de los soldados, todo lo demás tenía que licitarse y someterse a control público. ¿Qué significó esa decisión? Que se vino a fortalecer a los oficiales golpistas. Porque en Defensa las compras las tenían arregladas jerárquicamente: los que cobraban las comisiones por las armas eran los generales; los que cobraban las comisiones por los sistemas de comunicaciones eran los coroneles; los que cobraban comisiones por la comida eran los tenientes coroneles; los que cobraban comisiones por los uniformes eran los mayores. Resulta que no quedaron vigentes sino las comisiones para generales y coroneles, con lo cual de tenientes coroneles para abajo se distancian del gobierno. Y el tercer acto, que menciona Beatriz Rangel, es cuando se revisa el registro de contratistas -para averiguar por qué las obras tardaban tanto en entregarse- y se descubrió que menos de la mitad de los contratistas cumplía con las exigencias técnicas, financieras y legales ¿Quiénes eran los que no cumplían? Eran la típica compañííta de un señor que era amigo de un político y el político le conseguía que lo metieran en el registro de contratistas y le asignaran una obra. Y el señor de la compañiíta la subcontrataba a una de las grandes. Pero, claro, cuando se limpió el registro de contratistas se le quitó a los políticos su bread and butter porque de eso vivían (íd. 303). Concluyendo Rangel que esos tres actos fueron los que llevaron a la conspiración masiva: los empresarios, porque no querían competir; los militares porque les quitaron las coimas, y nada más se las dejaron a los generales y a los coroneles; y los políticos porque vivían del presupuesto de obras públicas del país (íd. 304).

Un libro para formar la nueva generación de políticos venezolanos
“La rebelión de los naufragos” por asuntos escabrosos como estos que hemos traído a colación -para indicar donde están los verdaderos objetivos para lograr los cambios que Venezuela requiere para autenticarse- y por los pormenores que se registran de todos esos acontecimientos del clímax de la historia venezolana reciente, es una obra imprescindible para colocar en el anaquel de libros de la biblioteca familiar, porque con trabajos como éste es que estaremos en capacidad de tener una perspectiva real de la inmensa tarea que tiene que afrontar la nueva generación de políticos venezolanos para cambiar el curso de la historia nacional. Curso que puede estar orientado hacia muchas metas -una de las posibles fue la vía que seleccionó CAP II y su equipo de tecnócratas (la cual no evaluamos durante esta serie de artículos porque no era el objetivo de estos textos)-, ahora bien, el horizonte que hay que seleccionar es la tarea esencial de un verdadero político que, animado por el anhelo de enfrentar lo que nos abruma, indique cuales son las alternativas y cuál de las vías posibles es la que nos conviene.

Rivero, Mirtha. La rebelión de los náufragos. Editorial ALFA, Caracas. 2010. Tercera reimpresión 2011. 461 páginas.

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Rivero III : Populismo a la venezolana

7:32 Posted by Perro Senil.

EXTENSIÓN DEL ARTÍCULO: 2 páginas.
PRÓXIMO MIERCOLES: Rivero IV: Un testimonio abrumador.

La tesis de los derechos adquiridos una irresponsabilidad mayúscula
Miguel Rodríguez ministro estelar de Pérez durante su segundo mandato, cuenta que cuando Gustavo Cisneros perdió la licitación para adquirir la CANTV nos cayó a palos por su televisora. Y opina: Ese es el drama de la irresponsabilidad en Venezuela. Aquí la irresponsabilidad fue de ¡mucha gente! De muchos, muchos sectores (íd. 182). Bajo esa realidad de un gobierno penetrado por los intereses mercantiles, es lógico que el empresariado ya consideraba como un derecho adquirido el acceso a todos los beneficios que da la cosa pública, y en consecuencia, se sintieron “legítimamente” burlados por el proyecto que la nueva administración estaba poniendo en ejecución. Dentro de ese marco, se impone considerar como se produjo esa historia de la esplendidez del poder en Venezuela, y esto se puede captar con hechos muy puntuales, uno fue “la estrecha relación que desde tiempos atrás los Cisneros habían tenido no sólo con el gobierno de CAP sino con los gobiernos adecos, y se llegaba a asegurar que el despegue económico del grupo coincidía con el gobierno de Rómulo Betancourt a principios de la década de los sesenta, y que a finales de los setenta, con el primer gobierno de Pérez, los vínculos se consolidan” (íd. 281). Y no sólo se consolidó el vínculo con los Cisneros, sino que a Carlos Andrés Pérez en su primera administración también se le relaciona con los llamados doce apóstoles, un grupo de empresarios que durante la primera presidencia de Pérez vio crecer sus empresas al amparo de las relaciones con el Estado. En esa época al país se le bautizó como la Venezuela saudita, era la época del boom petrolero, y bajo CAP se enriquecieron los contratistas cercanos a Acción Democrática, y se envilecieron los cuadros medios del partido (íd. 44).

Miguel Rodríguez.

Convertir a Venezuela en un país productivo y de liderazgos naturales
Eduardo Fernández, dirigente socialcristiano y candidato a la Presidencia por COPEI, en su balance de la situación histórica en la cual se encontraba Venezuela para aquellos tiempos, señaló en ese entonces que en Venezuela además del déficit que existía en el presupuesto nacional “Había un déficit cultural: este país ha crecido en la cultura del populismo, se piensa que somos ciudadanos de un país rico y por tanto con esa riqueza, que me arreglen todos mis problemas, que el Estado se ocupe de mí, en lugar de estimular una cultura de la producción, de la competencia, del ahorro, de la disciplina” (238).

Eduardo Fernández.

En opinión de Carlos Raúl Hernández, sociólogo que fungió como miembro de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE) el diseño de administración que se trazó Carlos Andrés Pérez, en vista a esas circunstancias, fue elaborado para convertir a Venezuela en un país productivo y con un nuevo liderato. Eso significaba que los privilegios de los grupos económicos, acostumbrados a vivir en medio de la protección del Estado, a no tener que hacer ningún esfuerzo, a no tener que competir ni vender sus cosas en el exterior sino venderlas aquí en el mercado interno, esos intereses se sintieron sumamente afectados porque, el programa de Pérez los puso en la dura circunstancia de competir, y competir significaba al mismo tiempo redimensionar y reestructurar sus empresas. Tenían que empezar a trabajar y eso hizo que se colocaran en la acera de enfrente. Y al gobierno lo veían como a un enemigo (íd. 324). Agregando Hernández: Pérez estaba también con el proceso de descentralización, lo que era un extraordinario reto para los partidos y sobre todo para los dirigentes, porque los partidos políticos tenían un liderazgo que se había formado, también, en un esquema proteccionista. Si querías ser gobernador o alcalde te tenía que nombrar el Presidente de la República en combinación con los cogollos del partido. Pero a partir de la descentralización que Pérez introdujo en el proceso, los liderazgos tenían que medirse con los electores. Empezaron a aparecer los out siders. Hubo salto de generaciones y salto de liderazgos establecidos. En resumen: Con esa concepción de una economía abierta se minó una base de poder, que fue el empresariado, y se minó, por otro lado, la otra base de poder que era el partido (íd. 325).

Es así como la caída de Pérez estaba cantada, porque como lo señala Eduardo Fernández: El problema es que se están trayendo cualquier tipo de argumentos para sacar a Pérez de la Presidencia y son demasiado los factores que están interesados en que sea ese el desenlace (íd. 242). La coincidencia de políticos y empresarios en conspirar cobró fuerza porque sus intereses estaban siendo afectados, y a esto se suma lo que observa la hija del Presidente Carlos Andrés Pérez -Carolina Pérez Rodríguez- quien comentará: a Pérez lo sacan porque había subido la gasolina un bolívar, su equipo no entendía que la gente estaba llegando a un límite (íd. 27, 25). Es decir, a todos los factores de peso en la vida nacional que estaban sintiendo amenazados sus privilegios obtenidos a lo largo de décadas se sumaba la de una población acostumbrada a que todo se lo subsidien, de allí que ésta también se volcó contra este proyecto de país en el cual el sistema coima estaba siendo desmantelado.

En opinión de Incomodísimo.com Venezuela tiene que reposar sobre sus verdaderos fundamentos, ni las élites ni las masas deben gozar de un nivel de vida sostenido sobre los ingresos petroleros (populismo a la venezolana), el petróleo sólo debe estar en función del desarrollo nacional y, sólo en la medida de que este desarrollo avance debe la sociedad usufructuar los beneficios que trae ese progreso real del aparato productivo mediante un aumento de sus ingresos. Entendiendo por desarrollo la formación del venezolano como un ser humano productivo y con capacidad de liderato a quien se dota de tecnología y ciencia para su realización, en otras palabras, solucionar el déficit cultural del cual nos habló Eduardo Fernández, pero no para ser más competitivos, sino para ser más solidarios, más compasivos, más comunitarios, más confiables y amicales.

Rivero, Mirtha. La rebelión de los náufragos. Editorial ALFA, Caracas. 2010. Tercera reimpresión 2011. 461 páginas.

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Rivero II: Un modelo agotado se resiste

6:28 Posted by Perro Senil.

PRÓXIMO SÁBADO: Rivero III: Populismo a la venezolana

Un modelo montado sobre privilegios
Moisés Naím quien fue Ministro de Fomento de CAP narra la disyuntiva en la que se encontró cuando Carlos Andrés Pérez le ofreció un puesto en su gabinete gubernamental, dice: sabía que estaba fregado si aceptaba el cargo, sabía lo que se me venía encima. Los empresarios, las amas de casa, los sindicatos, los medios, los políticos… todos se verían afectados (íd. 88) Ya dentro del gabinete, narra Naím que: En una reunión con el Comité Ejecutivo Nacional de AD “nos criticaron ferozmente. Nos trataban como a unos seres extraños que no tenían por qué estar en un gobierno que les «tocaba» a ellos, a sus familiares y amigos… y, lo más importante, estábamos llevando a cabo cambios que tocaban intereses que ellos habían protegido por décadas…” (íd. 122). Pero Naím estaba convencido de que no sólo era necesario hacer lo que se propusieron, sino que haciéndolo iban a afectar a los privilegiados de este país y esto, como era de prever, les traería graves consecuencias y declaró: “Había que introducir competencia internacional para ponerles límites a los precios de los industriales y comerciantes locales” (126) “Y yo me pregunto si es que había alguna política que hubiera podido convencer a las élites, y no sólo las económicas, también las sindicales, militares, religiosas, universitarias o periodísticas, que tanto se beneficiaban de la situación, de abandonar sus privilegios (íd. 127). Los factores con más peso de la vida nacional gozaban de privilegios y estaban convencidos de que ese era un derecho que no podía ser violado por el poder del Estado, un modelo montado sobre privilegios era lo que sustentaba la realidad del país.

Moisés Naím.

Y tenía absoluta razón Moises Naim, como prueba de su aserto basta con escuchar, por ejemplo, a Juan José Delpino, dirigente de AD y presidente de la CTV, es decir, representante de dos de esos factores de peso en la vida nacional, quien señaló con un total desparpajo durante aquellos tiempos de transición hacia un nuevo modelo: “El hecho de que un hombre que no fuera adeco manejara el presupuesto de la República fue considerado una afrenta insoportable, donde se manejaba mucho dinero eso era inaceptable, era una bofetada a Acción Democrática” (íd. 143).

Confederación de Trabajadores de Venezuela.

En “La rebelión de los náufragos” se revela, que hubo un intento serio por darle un vuelco a la realidad venezolana, y en ese forcejeo histórico el Pérez de la segunda presidencia se resistió a que el partido de gobierno continuara funcionando a manera de una agencia de empleos y que el reparto de los ministerios siguiese siendo una entrega de jugosas prebendas. Señala Mirtha Rivero que Pérez estaba consciente de lo ambicionado que eran los ministerios de infraestructura -transporte y Comunicaciones sobre todo-. Sabía que para el liderazgo tradicional «perder» esas carteras significaba olvidarse de manejar la asignación de contratos y olvidarse también de las cuotas para mantener el partido y a sus cuadros (íd. 144).

Los miembros de Acción Democrática, entonces bajo este nuevo mandato perecista, veían afectados los privilegios con los cuales se invistieron estando en funciones de Estado desde los tiempos de Betancourt y Leoni, porque ahora sobre los privilegios que ellos usufructuaban se cernía la amenaza de un gobierno que pretendía incorporar a Venezuela al mundo de la globalización, el cual demandaba unas reformas que atentaban contra el modelo cerrado de funcionamiento del Estado venezolano que estaba agotado y que como tal había entrado en crisis. Pérez como estadista vio la salida a este modelo que se negaba morir en lo que su equipo denominó como “El Gran Viraje” y lo que sus opositores llamaron como “el paquete”, pero esa es otra discusión de enorme pertinencia, para analizar aquel período de la historia venezolana, este asunto no se abordará en esta serie de artículos, a pesar de ser esencial para juzgar a los protagonistas de esos hechos escalofriantes. En opinión de Incomodísimo.com lo que prevalece sobre todos estos asuntos cruciales de nuestro acontecer es: que ese modelo montado sobre privilegios debe ser superado, por quienes detenten el poder, para que el país avance en igualdad, desarrollo y éticidad.

Rivero, Mirtha. La rebelión de los náufragos. Editorial ALFA, Caracas. 2010. Tercera reimpresión 2011. 461 páginas.

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Rivero I: El quiebre del Sistema coima

7:02 Posted by Perro Senil.

Extensión del presente artículo: 2 páginas
PRÓXIMO MIERCOLES 13-4-2011: Rivero II: Un modelo agotado se resiste.



El libro recomendado.

La caída de Carlos Andrés Pérez.
Distintas razones se unieron para sacar a Carlos Andrés Pérez de la Presidencia de la República, la más insultante para nuestra identidad es la que expondremos en esta entrega, estas razones se han recopilado de un trabajo donde se presenta una radiografía del esqueleto osteoporósico que mantiene en pie a Venezuela. Venezuela es un país donde la estabilidad política ha dependido del sistema coima, la coima es la que mantiene satisfecho a los políticos, los empresarios y los militares, pues la coima es la sabia decisión de asignarles espacios donde puedan lucrarse. Con la coima se juega la paz social, la estabilidad política y el crecimiento económico, cosas del petróleo, «que todo lo puede realizar», diría un observador neutral. En otras palabras para que un estadista pueda mantenerse en el poder hay que fortalecer el sistema coima o a la inversa si quiere propiciar su propia caída tiene que atentar contra las bases de ese sistema, tal es lo que se puede deducir de la lectura de “La rebelión de los náufragos”, un documento bibliográfico que causa un tremendo deleite leer por la calidad de los entrevistados y por la inusual narrativa de Mirtha Rivero -su autora- que merece todos los elogios.


Periodista Mirtha Rivero autora de este best seller.

El Estado clientelar y burocrático
En el año de 1986, período de la administración de Jaime Lusinchi, el Ejecutivo resolvió repartir el poder público entre los militantes del partido Acción Democrática, para los efectos se tomó la decisión de que los secretarios generales del partido en los distintos estados serían los nuevos gobernadores en cada una de esas entidades. Porque los adecos eran los que tenían que mandar. Esa era la tesis. Y la idea era que desde la oficina presidencial se gobernara al país controlando la maquinaria del partido. Con esa operación histórica, este período de gobierno se constituye en el más adeco de todos los gobiernos adecos. Ocurre la fusión entre partido y gobierno. AD administra el país. Y en un armónico efecto cascada, dentro de ese marco dorado, los gobernadores adecos nombraron a los secretarios de organización adecos en los puestos administrativos de sus gobernaciones, y estos, a su vez, designaron a los que les seguían en el escalafón partidista, y así se iban copando todos los cargos hasta llegar al portero (Rivero, 2010: 41).


Presidente de la República de Venezuela Jaime Lusinchi.

El reparto de cargos de la estructura gubernamental, por supuesto, era una gentil distribución que hacían estos gobernantes a sus correligionarios de los miles de millones de bolívares destinados para mantener una burocracia en el presupuesto nacional, y por la gracia de estos políticos en sus funciones tanto ministeriales como en los institutos los otros miles de millones que estaban destinados para obras públicas u otros gastos iban a parar a los empresarios conectados con esta burocracia partidista, recibiendo estos funcionarios dispendiosos de este «empresariado bien conectado» sus correspondientes y merecidas comisiones por ser sus operadores en el gobierno (ídem).

Bajo esa maquinaria partidista-gubernamental, entonces, los contratos, las obras y proyectos las obtenían los empresarios ligados a los funcionarios de Acción Democrática (ídem). Argelia Ríos, una periodista que cubría la fuente AD, para ese entonces, dice acerca del período lusinchista: era un gobierno extremadamente partidista, extremadamente blanco. Se nombraron como gobernadores a los secretarios generales del partido. Ese hecho se iba proyectando hacia todos los niveles de la sociedad. En ese quinquenio todo era adeco, todo tenía que ser adeco (íd. 46).

La apertura económica y la reforma política
Pero con el segundo período presidencial de Pérez, las demandas de cambios desde el exterior imponían/exigían otros esquemas de funcionamiento al Estado venezolano y, bajo esos imperativos en los cargos importantes de la burocracia nacional entran tecnócratas (independientes y exizquierdistas) y los operadores políticos de los contratos quedan desconectados del empresariado enchufado, entonces, los dirigentes de Acción Democrática y su lista de empresarios la emprenden contra el Presidente, y a ese resquemor se une la oposición y la izquierda radical venezolana. La campaña contra CAP por los medios de comunicación fue feroz y sin tregua. En síntesis lo que estaba pasando era que: El sistema coima había que quebrarlo y, ante esas perspectivas, sus beneficiarios se defendían con una patética histeria.


Carlos Andrés Pérez como CAP II

Señala Argelia Ríos que: Después de un gobierno tan adeco, tan para los adecos, en donde los cargos importantes eran para el partido, era prácticamente impensable que un nuevo gobierno de Acción Democrática buscara en la tecnocracia rostros para la gestión, necesarios para aplicar una propuesta estructural de la economía, y esto hizo reaccionar al partido. Porque dentro del esquema de poder el tema de los contratistas es muy importante, siempre están asociados a algún dirigente político, a algún factor político, a alguna tendencia política, son operadores políticos. Entonces, en lo que tú cambias la cabeza de un ministerio y das un ministerio a alguien que no es del partido, eso te genera unos cambios en la manera como se distribuyen los contratos, porque si es un independiente, va a cambiar el esquema de concesiones de las contrataciones. Si tú tienes ahora un esquema distinto, hay algún dirigente político a quien ahora no le están llegando sus millones y su coima. Entonces se afectaron los bolsillos de los adecos. Era una pérdida de poder económico. Además, Pérez impulsa la descentralización política lo cual sirvió para que otros partidos accedieran a las gobernaciones y a las alcaldías y los adecos lo único que vieron fue: ¿con estos cambios cómo quedamos nosotros? La respuesta era una sola: quedaban con una significativa pérdida de poder político. A Pérez lo tumbó Acción Democrática (íd. 47).

La salida de Pérez estaba cantada
En esas circunstancias traumáticas para AD, quien fue el secretario general y presidente de Acción Democrática, Humberto Celli, dijo: “No era cuestión de un cargo más o menos, pero es que ¡todos! los cargos de importancia en materia económica estaban en manos ajenas al partido, todos los cargos…” (íd. 66) y añorando a otro Presidente de la República donde se vivía mejor este dirigente acciondemocratista decía: “Jaime Luisinchi sale de la Presidencia con un nivel alto de popularidad, y además con un gobierno bueno” (íd. 67) bajo su administración “…todo lo hacía la gente del partido: que si iban a construir unos brocales, contrataban a un compañero para que hiciera los brocales; que si se necesitaba una autopista, era para los compañeros la autopista …y nombrar a los secretarios generales del partido como gobernadores no fue un error… ellos merecían ser gobernadores” (íd. 68) concluyendo su cerebral análisis de la realidad venezolana con una expresión literaria extraída de los juego de azar: “La salida de Pérez estaba cantada” (íd. 71).


Humberto Celli.

Para Incomodísimo.com esta exquisita historia de la corrupción venezolana nos causa estupefacción, puesto que coloca a una figura muy cuestionada del acontecer nacional, Carlos Andrés Pérez, en el papel de propender a causar un quiebre en el sistema coima que tanto perjudica al desarrollo del país. Con objetividad debemos repasar esa posibilidad de interpretación de la historia reciente que “La rebelión de los náufragos” expone a la opinión nacional, y para hacerlo con seriedad no nos queda otro camino que una lectura crítica de este libro fenomenal de Mirtha Rivero.

Rivero, Mirtha. La rebelión de los náufragos. Editorial ALFA, Caracas. 2010. Tercera reimpresión 2011. 461 páginas.

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Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (d)

11:17 Posted by Perro Senil.

En preparación un material sobre la realidad venezolana ¡Espéralo!
Será publicado el sábado 9 de abril de 2011 ¡Es fenomenal!
LA EXTENSIÓN DEL PRESENTE ARTÍCULO: 2 páginas

Un modelo de sociedad que no se basa en la confianza
El modelo del feroz individualismo combinado con el fundamentalismo del mercado y un rampante materialismo ha alterado no sólo la forma en que las personas se ven a sí mismas y sus preferencias, sino también su relación con los demás, a esto se agrega la tendencia de que todo es anónimo, todo se reduce a dato estadístico. En un mundo de semejante combinación, la sociedad deja de ser un ámbito comunitario y en las relaciones de cómo nos tratamos los unos a los otros la confianza no tiene lugar. En una sociedad así hay que recurrir a las disposiciones legales de los contratos, pero no es la mejor alternativa. La confianza es el lubricante que hace funcionar la sociedad. En la crisis actual, los banqueros no se confían ya los unos en los otros, y en unas condiciones así no pueden existir comunidades de financieros. Cuando la confianza se quiebra el sistema financiero se paraliza (Stiglitz, 2010: 335 y 336).

Cuando el espíritu comunitario se resiente, por la erosión de la confianza entre los miembros de la sociedad, la eficiencia de la economía se ve afectada. Los mercados pues, pueden debilitar las relaciones personales y comunitarias, la relación «amistosa» incluso en una economía de mercado es necesaria. Las externalidades [todo lo que hacemos tiene importantes efectos sobre los demás, estas son las externalidades, de tal modo que nuestros fracasos implican costos que tienen que pagar otros además de mi persona] y los fallos de los mercados están omnipresentes, de allí que la acción colectiva es indispensable (la sociedad comunitaria es una necesidad), y el voluntarismo no será suficiente, hay que desincentivar lo que en el mercado nos lleva a un feroz individualismo y a un materialismo rampante y hay que abandonar el fundamentalismo del mercado (ídem).

Las fisuras en una sociedad pueden dividir una casa y derrumbarla
Esta crisis ha puesto al descubierto algunas fisuras en nuestra sociedad, entre los Estados Unidos ricos (Wall Street) y el resto de los ciudadanos. A los de arriba les ha ido muy bien durante los últimos treinta años, pero mientras tanto los ingresos de la mayoría de los estadounidenses se han estancado o han bajado. A los de abajo se les ha ocultado esa realidad y se les animó a seguir consumiendo como si sus ingresos aumentaran, se les instó pues a vivir por encima de sus posibilidades, mediante préstamos, se les tendió una trampa. El país en su conjunto ha estado viviendo por encima de sus posibilidades. Tiene que haber un ajuste. El precio del ajuste debe ir a cuenta de los de arriba. Pero articular eso políticamente no será fácil (íd. 338).

Los gobiernos estadounidenses no se han comprometido conscientemente a estructurar o reestructurar la economía, nos guste o no, nuestra sociedad moderna exige la intervención del gobierno para cerrar esas fisuras: desde fijar las reglas y hacerlas cumplir hasta construir infraestructuras, financiar la investigación, ofrecer educación y sanidad, así como otras muchas formas de protección social. Si queremos que el dinero se gaste bien, hay que pensar en qué es lo que queremos y a dónde vamos (íd. 338 y 339).

Muchos cambios han alterado la naturaleza del mercado y nuestra sociedad; se ha perdido un equilibrio entre nuestros componentes principales, hay que restituir el equilibrio entre individuo y comunidad, entre sociedad y gobierno, entre las actividades económicas y no económicas, entre el mercado y el Estado, entre el hombre y la naturaleza y pasar a unas relaciones interindividuales basadas en la confianza. También hay que superar el dominio de una visión de corto plazo por parte de las personas, las empresas y el gobierno, ese cortoplacismo es una de las características del capitalismo gerencial. Una visión a largo plazo estructura un éxito duradero, el largo plazo significa tener una visión. El Estado tiene derecho a tener una visión, una visión tanto en lo pequeño como en lo grande, una visión de país (íd. 340, 343). Sólo teniendo una visión de largo plazo la casa no se derrumbará.

Los cambios son urgentes y los costos son demasiado altos
Como la impresión de caída libre ha desaparecido, ya no tenemos la impresión de que los cambios sean urgentes. Si esto se toma así nada bueno se augura para el futuro. En algunos ámbitos se mejora la regulación, pero en otras áreas la desregulación avanzará a paso acelerado, a menos que una protesta popular lo impida. En algunas áreas importantísimas las cosas ya han empeorado, el resultado predecible: futuras crisis. Es importante la transparencia y no darle más capacidad a los bancos de manipular sus libros. A nivel mundial hay que nivelar el terreno de juego entre los países desarrollados y los menos desarrollados. Gestionar mal la globalización es un alto riesgo.

¿Por qué un país con tanta gente de talento no es capaz de resolver estos problemas? Será difícil para Estados Unidos llegar a tener una visión de lo que quiere ser cuando pesan tanto las contribuciones a las campañas electorales y el sistema y las maniobras de los grupos de presión. El complejo industrial militar en el último medio siglo se ha extendido: los grupos de presión que determinan la política económica y social estadounidense incluyen las finanzas, la industria farmacéutica, el petróleo y el carbón. Su influencia política hace que adoptar políticas racionales sea prácticamente imposible. Sus acciones han sido casi un atraco a mano armada. Pero el peor ejemplo, tanto antes como durante la crisis, lo ha dado el sector financiero. La democracia de la gente de talento es impostergable para sacar a los Estados Unidos adelante.

Hay que crear un sistema financiero que sirva para generar empleos significativos, trabajo decente para todos los que lo quieran, un sistema en el que la brecha entre los que tienen y los que no tienen se estreche en vez de agrandarse; y, lo más importante de todo, la oportunidad de crear una nueva sociedad en la cual cada persona pueda realizar sus aspiraciones y desarrollar todo su potencial, en la cual los ciudadanos compartan ideales y valores, en la cual hayamos conseguido una comunidad.

El quid del asunto es que quizás seamos capaces de salir de este atolladero, pero ¿a qué precio para nosotros hoy y para las futuras generaciones mañana? Esta crisis debería ser una señal de alarma: los costos pueden ser altos, muy altos, más de los que el país más rico del mundo tal vez pueda permitirse.

(íd. 340/343).

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Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (c)

6:23 Posted by Perro Senil.

EXTENSIÓN DEL PRESENTE ARTÍCULO: 2 páginas
PRÓXIMO SABADO SE PUBLICARÁ: Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (d) (FIN)

Aprendiendo a medir se pudiese descubrir lo que podría ser un modo de vida exitoso
Cuando la burbuja estaba creciendo se inflaba el valor de las inversiones inmobiliarias así como los beneficios, las mediciones del PIB indicaban que todo iba de lo mejor, y se pensaba que el rendimiento de la economía era todo un éxito. Pero medir el PIB bajo esas condiciones no daba una imagen fidedigna de lo que estaba ocurriendo, la realidad era otra y no era de éxito sino de fracaso. La crisis pues demuestran lo muy distorsionados que pueden estar los precios del mercado, lo cual distorsiona la medición del rendimiento que se tiene en esa sociedad. Para medir el verdadero rendimiento se tienen que tomar otros aspectos en cuenta, porque aún sin la crisis, los precios de todos los bienes están distorsionados, ya que hemos tratado nuestra atmósfera y nuestra agua como si no tuviesen ningún valor, cuando de hecho son bienes escasos y en consecuencia alterarlos mediante las emisiones de carbono (contaminarlos) atenta contra su inapreciable valor. La distorsión del costo de cada mercancía concreta depende en consecuencia de la cantidad de «carbono» que implique su producción y no sólo de los componentes convencionales que se usan para producirla (Stiglitz, 2010: 329). La sociedad debe aprender a medir de la manera correcta su rendimiento para saber si está teniendo éxito o si está fracasando.

Un buen rendimiento es también un medio ambiente mejor. Nuestro crecimiento económico se ha basado demasiado en pedirle préstamos al futuro: hemos vivido por encima del potencial de nuestros medios, cuando la lógica nos indica que debemos actuar por debajo de ese potencial para no aniquilarlo. El resultado de ese error es el agotamiento de los recursos naturales y la degradación del medio ambiente, lo más odioso de esos préstamos a futuro es que son unas deudas que no se ven. Estamos empobreciendo a las futuras generaciones, pero nuestro indicador que es el PIB, no lo refleja (íd. 330).

El PIB como unidad de medida no mide el bienestar. EL PIB per cápita mide lo que gastamos en atención sanitaria, pero no su resultado, es decir, nuestro estado de salud, reflejado por ejemplo en la esperanza de vida. El PIB per cápita de Estados Unidos es aparentemente más alto que el de Francia o el del Reino Unido, pero nuestro sistema sanitario es menos eficiente. Gastamos mucho más para obtener resultados mucho peores (ídem).

El PIB puede incrementarse, pero a pesar de ese aumento a la mayoría le va peor, eso ocurre cuando las sociedades se vuelven menos igualitarias. Una tarta más grande no significa que todos obtengan un trozo mayor. En Estados Unidos en 2008 la renta promedio de las familias fue un 4 por ciento más baja que en el año 2000, aunque el PIB per cápita aumentó un 10 por ciento (ídem).

El objetivo de la producción social es aumentar el bienestar de los miembros de la sociedad. Nuestro sistema de medir no es bueno. Necesitamos indicadores que reflejen cómo le va al individuo medio, medir el promedio de ingresos es mejor que medir la renta per cápita. También hay que medir la sostenibilidad, es decir, tener en cuenta el agotamiento de recursos y el impacto sobre el medio ambiente, así como el endeudamiento (de los préstamos al futuro). O bien que reflejen la conectividad con los demás, como la educación y la salud, porque en esas mediciones los países escandinavos obtienen mejores resultados que los Estados Unidos, que bajo esos parámetros ocupa el decimotercer lugar. Hacer hincapié en esos valores –los que venimos comentando- ya es descubrir otra forma de plantearnos la orientación de nuestra economía y nuestra sociedad (íd. 330 y 331).

Derechos políticos pero también económicos
Los políticos, especialmente los de derechas, han prestado mucha atención a preocupaciones como garantizar los derechos de propiedad. Pero irónicamente muchos han declarado que la seguridad individual debería reducirse, recortando la Seguridad Social y la seguridad en el empleo para los ciudadanos de a pie, es irónico porque estaban perdiendo sus casas y empleos, cuando lo que debían eran conservar sus casas y sus trabajos. En esta recesión, 2.4 millones de personas han perdido su seguro de enfermedad porque han perdido su empleo. La mayor seguridad es lo que debiera implementarse, porque puede tener incluso un efecto positivo sobre el crecimiento. Los programas que ayudan a la gente a pasar de un empleo a otro contribuyen a que el talento humano se emplee mejor. Esto es lo que hay que hacer en vez de estar estableciendo una red de seguridad para las empresas ¿Por qué deberían los derechos de las empresas ser más importantes que los derechos económicos básicos de los individuos, como el derecho de acceso a la salud, a la vivienda, a la educación? ¿O el derecho a un mínimo nivel de seguridad? (íd 332 y 333).

Ésos son los temas básicos a los que todas las sociedades deben enfrentarse. Esos temas de derechos no nos vienen dados por Dios. Son construcciones sociales. Podemos pensar en ellos como parte del contrato social que rige nuestra convivencia. Entre los valores que deben ser sometidos a criterio de los ciudadanos están valores como el ocio, Estados Unidos no ha disfrutado de más ocio, lo que le correspondería si se toma en consideración lo que señalase Keynes hace setenta y cinco años cuando celebraba el hecho de que la humanidad, por primera vez en su historia, estaba a punto de liberarse del «problema económico», porque con los avances de la ciencia y la tecnología se lograrían cubrir las necesidades básicas con menos horas de trabajo a la semana. Lejos de esa predicción el número de horas trabajadas por familia de hecho se ha incrementado en un 26 por ciento durante los últimos treinta años, y esto ocurre porque el individuo requiere de mayores ingresos para tener dos coches en cada garaje, iPods en cada oreja, convertirse en obeso y ropa sin límites para darle salida a una producción orientada a crear una sociedad consumista, donde compramos y tiramos. Europa tomó un camino muy distinto. Lo normal son unas vacaciones de cinco semanas y a los europeos les horroriza pensar que nosotros, en general, sólo tenemos dos. La mayoría de los franceses no se cambiarían por la mayoría de los estadounidenses. La producción por hora de los franceses es superior a la de Estados Unidos, pero el francés medio trabaja menos horas al año y tiene menos ingresos, ellos no compran y tiran, ni tienen por ideal el superconsumismo, ellos valoran el derecho del ocio el cual puede ser particularmente muy importante para los millones de personas cuyo empleo les ofrece pocas satisfacciones inmediatas (íd. 333 y 334) por desempeñarse en trabajos tediosos que no estimulan la creatividad o al intelecto.

Deberíamos preguntarnos si éste es el camino que deberíamos escoger. Tal vez no seamos capaces de decir que estilo de vida es el mejor. Pero el estilo de vida americano no es sostenible. Hay otros que lo son más. Estados Unidos tendrá que cambiar, y deberá hacerlo de prisa (íd. 335).

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Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (b)

7:09 Posted by Perro Senil.

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Próximo miercoles se publicará: Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (c) 

Una sociedad responsable vela por las externalidades
Una nueva sociedad debe ser responsable, porque no es admisible que las compañías financieras u otras entidades digan que no son ellas las que deben decidir lo que está bien o lo que está mal. Un banco, sostienen, sólo tiene obligaciones con sus accionistas de prestar dinero si ello genera beneficios, no importa si a quien se le preste genera un producto adictivo que mata. Y prosiguen su descarga de responsabilidades al concluir que es el gobierno el que debe decidir lo que está bien o lo que está mal. Este razonamiento les permite salir del paso para no asumir responsabilidades, pero el asunto es más grave aún, mientras asumen esa actitud simultáneamente gastan grandes sumas tratando de conseguir que la legislación les permita dedicarse a esas prácticas donde pueden obtener más beneficios (Stiglitz, 2010: 326).

La economía sin querer, dio pie a esa falta de responsabilidad moral. Una lectura ingenua de Adam Smith pudo sugerir que eximía a los agentes del mercado de tener que plantearse cuestiones morales. Lejos estuvo Adam Smith de de sugerir tal monstruosidad. Con esa lectura torcida de este economista británico se pensó que no importaba si en persecución del interés propio se violara todo lo que es correcto, al fin y al cabo -piensan-, se conseguirá el bienestar de la sociedad gracias a la mano invisible del mercado. Pero es obvio que perseguir el propio interés con codicia no condujo a ese resultado, ni en este episodio de la crisis inmobiliaria ni en los escándalos anteriores que afectaron a Worldcom y a Enron (íd. 327).

Los banqueros persiguiendo sus intereses privados nos llevaron a desastrosas consecuencias sociales, y no generaron ningún bienestar social, ni siquiera el bienestar de los accionistas. Peor aún como el mundo está lleno de externalidades, entonces, la quiebra de un banco tiene potencialmente efectos desastrosos sobre otros; la quiebra del sistema bancario trae efectos devastadores sobre la economía, los contribuyentes, los trabajadores, los negocios y los propietarios de casas. La ejecución de una sola hipoteca hace bajar el valor de mercado de las casas vecinas, aumentando la probabilidad de que sus hipotecas también sean ejecutadas (ídem).

Las externalidades son pues de un enorme peso económico y éstas nos indican que la economía depende de la responsabilidad de todos. El modelo individualista del estadounidense rudo y aventurero, en el cual cada quien es responsable de sus propios éxitos o fracasos y, por el cual cada triunfador se embolsa el premio de sus esfuerzos es sólo un mito. «Un hombre no es una isla». Lo que hacemos tiene importantes efectos sobre los demás (son las externalidades de nuestras acciones); y si somos lo que somos es gracias, al menos en parte, a los esfuerzos de los demás (ídem). De la responsabilidad de todos es que depende de que los individuos alcancen retribuciones -premios- por sus esfuerzos.

«Yo sólo hacía mi trabajo» es un comportamiento irresponsable
A pesar de la devastadora crisis que se abalanzó sobre la sociedad estadounidense en los mercados financieros actuales, casi todo el mundo proclama su inocencia. Todos se limitaban a hacer su trabajo. Pero su trabajo consistía en explotar a otros o en vivir del resultado de esa explotación. A largo plazo la sociedad no puede funcionar bien si la gente no asume la responsabilidad de sus actos. «Yo sólo hacía mi trabajo» no puede ser un argumento para la defensa. La gente se ha venido apuntando los tantos de su éxitos, pero no se ha hecho responsable de sus fracasos, cuyos costos han tenido que pagar otros. En ese razonamiento los éxitos se deben a sus esfuerzos y los fracasos a fuerzas que no están bajo mi control, esta manera de pensar es de lo más irresponsable. En una sociedad capitalista el precio de un fracaso es la quiebra. En la sociedad japonesa, un consejero responsable de destruir a la empresa, poniendo a miles trabajadores en la calle, podría cometer haraquiri. En el Reino Unido, los consejeros dimitían cuando sus empresas quebraban. En Estados Unidos, los consejeros están luchando por mantener o aumentar sus primas lo cual es del todo escandaloso. Una sociedad de ese tipo -la estadounidense- no tiene justificación alguna (íd. 328).

Las empresas tienen que hacer algo más que simplemente maximizar su valor en el mercado. Y los individuos, dentro de las empresas, deben pensar más en lo que hacen y en las consecuencias que eso tiene para los demás. No pueden contentarse con decir que «simplemente» maximizan sus ingresos. Una sociedad responsable es inevitable para tener una nueva sociedad (íd. 329).

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Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (a)

6:01 Posted by Perro Senil.

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DÍA SÁBADO APARECERÁ: Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (b)

La quiebra de la confianza golpea a la sociedad estadounidense.
La crisis ha puesto al descubierto no solo los errores en el modelo económico, sino también los errores en nuestra sociedad. Fue demasiada gente la que se aprovechó de los demás, lo que revela que vamos en dirección contraria a una sociedad donde puede imperar la confianza. Hemos creado una sociedad en la que el interés materialista se impone al precepto moral, en la que no actuamos juntos como una comunidad para satisfacer las necesidades comunes, en donde un feroz individualismo ha llevado a la explotación de los individuos incautos y vulnerables por aquellos que tienen la oportunidad de hacerlo gracias a su talento. Y por esa vía hemos llegado al Gran fraude de comienzos del siglo XXI y con él a la Gran Recesión mundial de nuestros días. Se ha quebrado la confianza entre nosotros y sobre nosotros (Stiglitz, 2010: 321, 322).

Creando especuladores
Un mercado no regulado y un gobierno que tiene por política el asistencialismo corporativo han modelado nuestra economía, y al hacerlo, también nos han modelado a nosotros y a nuestra sociedad ¿Como nos han modelado es lo que queremos? ¿Qué tipo de sociedad queremos? (íd. 322). Porque cuando el tipo del impuesto que grava los beneficios de la especulaciones es más bajo que el que grava las rentas del trabajo, ¿no estamos con decisiones de ese tipo animando a los jóvenes a dedicarse a la especulación? Creemos que sí, porque -en efecto-se estaría valorando más la actividad especulativa que la productiva (íd. 323, 324). La economía pues modela a la sociedad y a los individuos y una nueva sociedad requiere, entonces, un Nuevo Capitalismo (íd. 322).

Los beneficios personales en correspondencia con el bienestar social
Nuestros mercados financieros asignaron mal el capital y esto creó la burbuja inmobiliaria, eso ya lo sabemos, pero este mercado no sólo asigna el capital a los sectores de la economía, también asigna el talento humano, y eso es muy importante porque es nuestro recurso más valioso, e interesa dónde esté asignado, es decir, importa si se asigna a aumentar la mejora de la economía y un mayor bienestar social o si se asigna a explotar a los más débiles y vulnerables como ocurrió en esta crisis. Interesa pues para crear una nueva sociedad responder ¿quiénes deben obtener los mayores ingresos?, los que trabajan para la innovación o los que trabajan para la especulación. Pero hay además cosas que son más importantes que los ingresos. Cuando era joven me pregunté qué quería ser de mayor. Mis padres me dijeron “El dinero no es importante. Nunca te dará felicidad. Usa el cerebro para ser útil a los demás. Eso es lo que te dará satisfacción”. Ese consejo me llevo a pensar como economista que los beneficios personales deben guardar proporción con los beneficios sociales que produzca tu actividad, en otras palabras, las retribuciones altas por el trabajo deben estar determinadas por la contribución que ese individuo hace para la mejora de la sociedad (íd. 322 y 323). Entonces se requiere de una sociedad que recompense con buenos ingresos a quienes más beneficio genere a la sociedad.

La equidad es la finalidad de la redistribución del ingreso
Dentro de la misma línea de razonamiento: Antes había un contrato social en lo tocante al reparto razonable de los gastos por sueldos y salarios. En las compañías, la paga del jefe solía ser cuarenta veces mayor que la del empleado medio -en Europa y Japón esa desigualdad no era tan grande como en los Estados Unidos- pero, cuando llegó la era de Margaret Tatcher y Ronald Reagan, esa equidad a lo americano fue remplazada por otro criterio: cuánto creían los propios ejecutivos que debían cobrar, y la desigualdad aumentó exponencialmente (íd. 323). Las retribuciones de los ejecutivos se han disparado, pasó de cuarenta veces a cientos o miles de veces más sin que se hayan vuelto ni más capacitados, ni más productivos, ni más escasos. Hay sencillamente a partir de una etapa de nuestra historia donde una mala redistribución del ingreso se hizo la norma y esto ocurrió a la par de la política de la desregulación y del asistencialismo corporativo que afectó dramáticamente a los trabajadores de los niveles inferiores -sus ingresos se estancaron o se degradaron- (íd. 292). Se han pervertido, pues, nuestros valores (íd. 323). En necesario recobrar la equidad y avanzar dentro de ella hacia las más grandes conquistas, para tener una sociedad donde el ideal de la igualdad permita mayor cohesión social.

Importan las decisiones que se tomen acerca de qué parte de los ingresos de la empresa irá a parar a los ejecutivos, a los accionistas, a los empleados y a los obreros, esa redistribución es significativa si es más equitativa o si es más injusta, porque de esto depende una sociedad más ferozmente individualista y más dividida, o bien una sociedad con mayor cohesión social, con un juego más limpio, donde todos juntos buscan resolver necesidades comunes, es decir, una sociedad nacional que se sienta y sea más como una comunidad (íd. 323).

La crisis moral no crea prosperidad económica
Recapitulando se puede decir que en Estados Unidos no sólo ocurrió, entonces, una crisis económica, existía aquí una crisis moral que marchó a la par de aquella. Y de esa búsqueda incansable de beneficios y la persecución del propio interés que se desató en esos años, hemos de considerar, que quizás no han creado la prosperidad que se esperaba, pero sí que ha contribuido a crear un déficit moral que nos precariza como sociedad. No es creíble que los creadores de hipotecas y los bancos de inversión no supieran que los productos que estaban emitiendo, adquiriendo y reempaquetando eran tóxicos y venenosos. En conclusión la nueva cultura financiera era la cultura del fraude (íd. 324). La ética debe caracterizar a la nueva sociedad.

Pero lo más difícil de perdonar en esta historia, es la depravación moral de explotar al sector de los estadounidenses pobres e incluso a los de la clase media, porque en esa carrera hacia el fondo lo que se observó es que se alcanzó la máxima depravación posible. Esa sociedad modelada por un mercado desregulado y un gobierno que practica el asistencialismo corporativo, es impensable que no deba ser cambiada por una nueva sociedad más equilibrada, por una sociedad no desquiciada por la avaricia y la codicia sin límites. Esa sociedad tiene que ser transformada porque lleva directo a la crisis en todos los órdenes. Los financieros sabían en esa sociedad inmoral que los altos beneficios a corto plazo (acompañados de elevadas comisiones) probablemente irían seguidos de grandes pérdidas, lo cual según sus contratos no afectaría sus bonos. Si ganar dinero era el principal objetivo en la vida, cualquier comportamiento para conseguirlo era aceptable. En todas los episodios de crisis la marca indeleble que se observa es una total falta de escrúpulos morales y, en esa historia, la lista de los financieros « faltos de ética» es larga (íd. 325). Se mire como se mire, nuestros bancos y nuestros banqueros, tanto antes como durante la crisis, no observaron las normas morales que hubiera cabido esperar, especialmente en lo tocante a la explotación de la gente corriente que les pedía créditos (íd. 326). La crisis moral llevó a grandes pérdidas económicas.

La falsa moral debe ser desterrada
La sociedad norteamericana vive la moral de las compañías tabaqueras. Según esa moral no hay nada malo en ellas porque no infringen la ley, cuando todo el mundo sabe que fabrican un producto adictivo que mata. Pero parece que la sociedad estadounidense está dispuesta a salir del paso y seguir adelante como si no supiese de esas cosas de fondo. Lo curioso de esto es que así como existe una jurisprudencia que legitima las actividades de las compañías tabaqueras, la verdad que hay detrás de esta legitimidad es que, la comunidad empresarial se gasta grandes sumas tratando de conseguir que la legislación les permita dedicarse a prácticas que en nada contribuyen al bienestar social ni al económico de la sociedad. La industria financiera trabajó mucho para frenar una legislación que evitase los créditos depredadores, se esforzaron para dinamitar leyes estatales de protección del consumidor y para asegurarse de que el gobierno federal no fuese eficaz a la hora de regular sus operaciones. Es esa vieja sociedad la que debe extinguirse, donde todo era correcto porque todo era legal y donde todo era aceptable porque se atenían a las normas light que fijaba el gobierno domesticado por las megaempresas dedicadas a defraudar a la gente corriente de esa sociedad (íd. 326).

La Gran Depravación versus la Gran Confianza
Un mercado que funcionó sin ningún escrúpulo moral, en consecuencia, no sólo provocó la abominable irrupción de un Gran fraude a nivel nacional y una aberrante crisis en la economía mundial, sino que trajo el enorme e incuantificable costo social de la pérdida total de confianza entre los elementos que hacen vida natural e institucional de este país, y en esas condiciones los límites entre la crisis moral y la crisis económica dejan de existir pues ambas se confunden en una gran depravación. Todo eso impone la necesidad de construir una Nueva Sociedad sobre la base de la confianza si se desea tener un futuro promisor, tal es el dilema actual en el que se debate el destino de los Estados Unidos de Norteamérica. Cambiar o declinar.

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Stiglitz VI: Explotando a los pobres (c)

6:38 Posted by Perro Senil.

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PRÓXIMO MIERCOLES: Stiglitz VII: Una Nueva Sociedad (a)

El costo de unos fallos: Un derroche sin paragón en la historia
Los fallos de las administraciones Bush y Obama figurarán entre los errores más costosos de un gobierno democrático moderno de todos los tiempos. En Estados Unidos, la magnitud de los avales y de los rescates se aproximó al 80 por ciento del PIB estadounidense, unos 12 billones de dólares. Pero además de las sumas anunciadas, se concedieron cientos de miles de millones de dólares en pagos encubiertos. Todo lo cual resultará muy costoso para los contribuyentes, además de exponerlos a un elevado riesgo. Es una donación enorme, pero queda oculto para los contribuyentes (íd. 150).

La intervención masiva de la administración de Bush y Obama con los rescates no se puede confundir con socialismo, porque según los chinos se supone que el socialismo se preocupa por la gente. El socialismo estilo norteamericano no hizo eso. Sólo fue una versión ampliada del asistencialismo corporativo americano. Todo el riesgo se trasladó al gobierno; la red de seguridad se amplió a las sociedades anónimas. Wall Street ha utilizado su poder y su dinero para comprar la desregulación, seguida rápidamente del rescate más generoso de la historia de la humanidad. Los contribuyentes corrientes tuvieron que soportar el grueso del costo del desplome del sector financiero, pero lo trágico de esta historia es que la estructura del sistema financiero ha empeorado (íd. 188 y 189).

Más desigualdad y mayor poder para Wall Street no lleva a ser más respetados
En Estados Unidos, ha habido demasiadas reglas dictadas por el sector financiero, y los árbitros han sido parciales. Que los resultados no hayan sido equitativos no debería sorprendernos. Había respuestas alternativas donde correrían menos riesgos los contribuyentes; bastaba que el gobierno a la mitad del partido no hubiese optado por una estrategia que implicaba donaciones sin precedentes al sector financiero (íd. 253). Al final, la única forma de controlar estos abusos de los políticos en cargos de gobierno o de estado son los procesos democráticos, pero la verdad sigue siendo que: el que paga manda. El sector financiero ha pagado a los dos partidos -el demócrata y el republicano- y se ha hecho con el mando. ¿Podemos esperar nosotros los ciudadanos de a pie que se aprueben unas regulaciones que acaben con los bancos más grandes y que eviten que los bancos sigan teniendo comportamientos excesivamente arriesgados? El reto es crear un Nuevo Capitalismo donde no se de la caída de los sueldos y el aumento del desempleo al tiempo que los bonos de los banqueros se incrementaban y se reforzaba la riqueza de las empresas extendiendo la red de seguridad para las compañías y reduciendo la de los ciudadanos corrientes. Un ambiente de amargura e indignación, de miedo y desconfianza, no es el mejor para emprender la larga y dura tarea de reconstrucción. Necesitamos una nueva serie de contratos sociales basados en la confianza entre todos los elementos de nuestra sociedad, entre los ciudadanos y el gobierno, y entre esta generación y las generaciones futuras (íd. 253 y 254).

La hegemonía económica estadounidense ya no será nunca más lo que era. Si Estados Unidos deseas tener el respeto de los demás, tendrá que ganárselo no sólo con palabras sino con hechos, tanto con su forma de actuar dentro de casa, incluido el trato que da a los más desfavorecidos, como por su forma de actuar en el exterior. La globalización ha significado una prosperidad sin precedentes para muchos, pero en lo que fue el año 2008 ayudó a transmitir la recesión estadounidense a otros países en todo el mundo, a aquellos que habían gestionado bien sus sistemas financieros y a aquellos que no lo habían hecho, los países que estaban más abiertos, más globalizados, fueron los más afectados. La ideología del libre mercado tuvo que ver con la rápida extensión de la crisis por todo el mundo. La crisis probablemente cambiará el orden económico mundial, incluido el equilibrio global del poder. Que se logre restituir la estabilidad y la prosperidad mundial depende de que se entienda mejor la economía. Y eso exige reformar no sólo la economía, sino las ciencias económicas (íd. 281 y 282). La depravación moral por la que los Estados Unidos están transitando conlleva, por parte del sector financiero, la explotación de los estadounidenses pobres, porque estas instituciones descubrieron que había dinero en la base de la pirámide e hicieron cuanto pudieron dentro de la ley ( y algunos incluso fuera de ella) para llevarse ese dinero a la cúspide (íd. 325). Pero, para Incomodísimo.com quien explota a sus pobres ha alcanzado ya los límites de su crecimiento, y lo que hace, lo ejecuta en medio de su panorama sin horizontes.

Hoy en día merece más respeto en el campo internacional Bostwna que los Estados Unidos, porque mientras que el sistema financiero estadounidense fue muy astuto a la hora de inventar la forma de explotar a los ciudadanos pobres, pero no fue capaz de inventar la forma de servirlos bien, en África un país exitoso como Botswana ha logrado que los bancos lleguen hasta los pueblos más pobres. En la parte más pobre de los Estados Unidos la gente pobre que recurre a las agencias financieras del barrio son en cambio explotadas a tasas de usura o, también se da el vergonzoso caso de que los estudiantes que reciben créditos, los reciben en condiciones que no pueden ser calificadas con otros términos que no sea el de corrupción (íd. 222 y 223). El sistema financiero pues actúa impunemente en los Estados Unidos de la manera más perversa, y leyes aprobadas les otorgan más poderes para sacar, por una parte, dinero sin medida de los prestatarios, y por la otra, les da más influencia para impedir el indulto de los pobres, en pocas palabras, muchas familias contrajeron deudas en servidumbre sangrante. La no justificación es creciente en este país especulativo, en este país las ganancias del capital están menos gravadas que los salarios (íd. 224 y 225) el resultado es que los Estados Unidos es una sociedad cada vez más desigual -más tercermundizada- como consecuencia de lo que viene sucediendo durante los últimos veinticinco años, donde de hecho el sistema económico no funciona demasiado bien para la mayoría de los estadounidenses o a algunos les iba bien, pero no al estadounidense medio (íd) 14). Y en los prolegómenos del 15 de septiembre de 1818 (15-S de 2008) la codicia asaltó a las peores conciencias de esa gran nación -el sector financiero- de proceder a asaltar el dinero que estaba en manos de los pobres (íd. 19). Los Estados Unidos han perdido el respeto del mundo por esa inescrupulosa y baja acción propia de bellacos.

Los Estados Unidos en manos de bellacos han traido por resultado la imagen de un país tercermundizado.

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Stiglitz VI: Explotando a los pobres (b)

6:52 Posted by Perro Senil.

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Redistribución de la riqueza con goteo hacia abajo
Para que se restablezca el consumo estadounidense total sobre una base sostenible, tendría que haber una gran redistribución de ingresos, desde las clases altas que pueden permitirse ahorrar hacia las clases bajas que gastan hasta el último centavo que reciben, en los segundos emergería cada dólar como consumo, lo cual estimularía la economía desde abajo, en los primeros la economía no recibiría el estimulo esperado. Entonces lo que se impone es gravar más a las clases altas y reducir los impuestos a las clases bajas para empezar a enderezar la dinámica económica. Además con esos impuestos -a los estadounidenses de elevados ingresos-, se podría financiar una expansión del gasto público, sobre todo en inversión, y la economía se expandiría (íd 111). Otra medida positiva hubiese sido, y es aún factible, que las familias permaneciesen en sus hogares en vez de abandonarlos como está ocurriendo, la clave para hacerlo sería reducir sus cuotas de pago, es decir, prolongar el período de la cuenta, proporcionarles ayuda con esos compromisos y bajarles los tipos de interés (íd. 137). En otras palabras hay que acabar con la ficción de que se les devolverá a los bancos toda la suma prestada a los compradores de viviendas. Desde el punto de vista social esto tiene sentido. Las ejecuciones de hipotecas son costosas para todo el mundo: para los bancos por los costos jurídicos y de otro tipo, para las familias y para la comunidad. Además, porque quienes vacían sus casas y pierden sus hogares habitualmente están furiosos. Por otra parte, las casas vacías se deterioran y degradan el vecindario al ser ocupadas ilegalmente (íd. 138).

En vez de redistribuir la riqueza el gobierno lo que hizo fue convertirse en un asegurador implícito de grandes pérdidas. Eso significa que los contribuyentes se hacen cargo de las pérdidas -depauperándose-, mientras que los bancos cosechan todas las ganancias, perdiendo todos al tener una sociedad más desigual y más vulnerable (íd. 139). Nadie, pues, sale ganando cuando se obliga a una familia propietaria de una vivienda a abandonarla -perder su hogar- (íd. 140). Pero el gobierno no quiso ver estas opciones, por lo contrario, Bush aprobó una Ley de Prevención del Abuso, esta consistía en poder embargar una cuarta parte de los salarios a las víctimas de la actividad predatoria de los bancos, Obama quería revocar esa dura ley que convertía a los de bajos sueldos en pobres si se les aplicaba ese instrumento jurídico, pero los bancos se opusieron tenazmente a esa pretensión del nuevo presidente y tuvieron éxito, era pues legítimo -en opinión de los banqueros tramposos y mentirosos que actuaron con engaños- rescatar a los bancos, pero no a los deudores porque se reduciría su moral al permitirles el impago (ídem). Lo ético para los banqueros es que estos deudores acaben pagando a los bancos por sus hipotecas trampas un 40 o 50 por ciento de sus ingresos (sin incluir los intereses por sus tarjetas de crédito, parte importante y significativa del Gran fraude), sacrificando todas las demás necesidades fundamentales y, corriendo el terrible riesgo que por una avería del coche o una enfermedad en la familia queden al borde del abismo (íd. 141). Mientras tanto el gobierno presta dinero a los bancos a unos tipos de interés muy bajos ¿Por qué no prestarlo a los propietarios de viviendas en dificultades? evitando así la perjudicial ejecución de la hipoteca y la desocupación de la vivienda. Si se hubiese prestado dinero a los propietarios de viviendas en vez de a los bancos se habrían recuperado los precios de los inmuebles y se hubiese mejorado las condiciones económicas del vecindario. Tal solución trae ventajas para todas las partes, salvo para los bancos que no reciben esos regalos de la administración pública (íd. 142). No queda duda de que la idea económica imperante es que la ayuda se le debe prestar a las empresas (goteo hacia abajo) porque estas son la parte más relevante de la economía ¿pero no son los compradores, las comunidades, los vecindarios, los contribuyentes, los ciudadanos corrientes quienes las sostienen?

El goteo hacia arriba es la solución y lo justo en una democracia
Los bancos han puesto en peligro toda la economía y se resisten ahora que el gobierno preste atención a sus víctimas (la lógica del goteo hacia arriba, es decir, ayudando a los de abajo se recupera la economía de los de arriba). El razonamiento, entonces, es que hay que reivindicar las idea de que hay que impedir que los bancos ganen dinero «fácil» a base de explotar a los estadounidenses pobres, la idea es que los bancos podrían y deberían volver a dedicarse a los negocios difíciles, que es lo que supuestamente deberían haber estado haciendo todo el tiempo, es decir, prestar dinero para ayudar a crear nuevas empresas y a expandir las existentes, y no explotar a los pobres (íd. 143). En vez de esto los bancos se dedicaron en crear ilusiones a los sectores de la población más precaria, la idea temeraria era que se convirtieran en propietarios de viviendas que estaban por encima de sus posibilidades, puesto que la banca tenía la solución con unas hipotecas innovadoras que harían posible se hiciesen de hermosos inmuebles -en muchos casos por primera vez-, efectivamente, se convirtieron en propietarios, pero por un período muy breve y con un costo muy alto. Un espejismo (íd. 143).

En vez del gobierno ayudar a este tipo de estadounidenses pobres a adquirir su vivienda, el gobierno en algunas localidades ayuda por lo contrario a los contribuyentes de rentas más altas a adquirir imponentes mansiones, dizque para estimular la industria de la construcción (ídem). Lo que se impone es la reducción de la subvención a los estadounidenses de rentas altas, y subvencionar a los estadounidenses más pobres, lo cual aumentaría la accesibilidad a la vivienda a muchos estadounidenses. Pero el sistema actual no es justo ni eficiente. Lo que significa que el precio efectivo de la vivienda es en realidad más alto para la gente pobre que para los ricos (íd. 144).

Hay medidas económicas de goteo hacia arriba que se justifican ampliamente -porque ayudar a los ciudadanos corrientes ayuda a los bancos-, en vez de medidas económicas de goteo hacia abajo, donde la esperanza se cifra de que ayudando suficientemente a los bancos, los propietarios de viviendas y el resto de la economías pueda conseguir cierto alivio. Obama ha mantenido el rumbo de la administración Bush y ha dirigido sus mayores esfuerzos a inundar con dinero a los bancos, y los resultados han sido que los problemas de los mercados hipotecarios han aumentado en vez de mitigarse, lo cual pronostica problemas graves en los próximos meses o años, y un país con una deuda nacional mucho mayor (íd. 146 y 147). Explotar a los pobres es la peor opción, el goteo hacia arriba es una alternativa justificada con amplitud en los Estados Unidos y en cualquier país de la tierra, por supuesto si lo que se propugna es la democracia y lo que se rechaza es la plutocracia.

Una vivienda espléndida es el sueño de las familias que viven en una democracia. En los Estados Unidos ese patrimonio lo han perdido y lo están perdiendo, es decir, la redistribución de los ingresos nacionales se han tornado en contra de su pueblo.

GLOSARIO

Plutocracia: Predominio de los ricos en un país, régimen político que favorece a los ricos en desmedro de las mayorías y, en especial, de los pobres.

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