Revolución de la riqueza IX: «El juego» (c)

22:24 Posted by Perro Senil.


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Incomodisimo.com Japón
Cuando el ministro japonés, Hayato Ikeda, visitó Francia en los años 60, Charles de Gaulle en un faux pas resonante por su sardonismo preguntó ¿Quién es ese vendedor de transistores? Pero en los años ochenta y comienzos de los noventa el yen amenazaba con desplazar el dólar y, se estaba haciendo con Hollywood, el Rockefeller Center y, Japón era comentado con temor como un «superestado» en los medios financieros (Toffler, 2007: 450).
Desembarazados de una población campesina, están sólo al frente de un sector industrial que disminuye y un sector del conocimiento en aumento. Lo que todos intentan explicar es por qué se estanca en la década de 1990. Entre 1990 y 2003 los precios inmobiliarios en Tokyo cayeron casi en un 80 por ciento. Los bancos ese mismo año tenían cuatrocientos mil millones de dólares en créditos morosos. El output industrial en 2003 era un 10 por ciento más bajo que el de 1991. Y sus exportaciones globales se habían reducido por primera vez en un siglo. Se había pinchado el «superestado» (íd. 450, 451).

La bomba, largo tiempo incubada, que dinamitó la economía de Japón fue, de hecho, el fracaso en el fundamento profundo del tiempo. Japón utilizó muy pronto la tecnología de la información, mejoró la calidad de sus exportaciones, llevó al mercado mundial productos enteramente nuevos, introdujo nuevas y potentes herramientas de gestión en sus empresas como las entregas puntuales, sigue siendo un líder en muchos campos científicos y tecnológicos, desarrolla pilas de combustible para la automoción y energías alternativas, robots industriales y humanoides, sangre artificial y glicobiología, electrónica digital, instrumentos de juego, invirtió más que toda Europa en investigación de nanotecnología. Pero, no es una economía avanzada porque su sector servicios padece de muchos rezagos y crea un grado de desincronización que afecta el fundamento del tiempo (íd. 452).

Los altos costes del transporte interior, así como los de la energía y telecomunicaciones. Los servicios profesionales, como abogados y contables, aferrados a la tradición. La asistencia sanitaria con índices de productividad vergonzosamente bajos en un país que envejece rápidamente, son algunos de los problemas que enfrentan a sus posibilidades de futuro. Japón carece de recursos internos en alimento y energía, depende de las importaciones, lo que crea un lastre para sus sectores  supereficientes al tener sus sectores internos superineficientes, transfiriendo como agravante el dinero de las exportaciones que se obtiene de aquel a las importaciones a que se ve obligado por su pobre producción de alimentos y energía (íd.  453).

El «milagro» Japonés obró cuando Corea del Sur, Taiwán, Malaisia y otras economías asiáticas representaban poca competencia en los mercados mundiales. China no contaba. Pero hoy día, los mercados exteriores están saturados (ídem).

Japón requiere además de una «economía exterior», construir una «economía interior». Una economía en aceleración, exige, flexibilidad organizativa, pero Japón padece de rígidas normativas industriales, residuos de la era industrial boyante que vivió en las décadas pasadas. Como fue una era exitosa, los esfuerzos por transformar las normativas e instituciones, que la sostuvieron, se encuentra hoy  una obcecada resistencia por parte de los directivos empresariales y los burócratas a abandonarlas y transformarlas. Hay una guerra de guerrillas contra el mañana, un conflicto de olas (íd. 454).

Las grandes empresas japonesas están frecuentemente vinculadas a una keiretsu, una familia de empresas interrelacionadas, por lo general, apoyadas en una gran empresa comercial y a un único banco. En esas keiretsu se exige adquirir en el seno de la familia, aunque en otras partes consiguiesen componentes mejores o más baratos. El keiretsu limita la flexibilidad (ídem). Otro  vestigio obsoleto es la idea de que lo más grandes lo mejor, idea que procede de la economía de escala y de la producción masiva. Los barcos pequeños pueden dar la vuelta más rápidamente que los acorazados, en un medio acelerado, son esenciales para la supervivencia (íd. 455). Las pequeñas empresas requieren condiciones amistosas. En Estados Unidos, una de cada diez personas desarrolla alguna actividad empresarial. En Japón la cifra es de una por cada cien (íd. 456).

Las empresas japonesas no carecen de ideas. Japón fue líder mundial de patentes entre 1992 y 1999, sin embargo en el sector de las tecnologías de la información y a pesar de los esfuerzos del país para dotar a ese sector de capital físico, fuerza de trabajo formada y reservas de tecnología, todo eso no se ha traducido en una cuota significativa sobre el mercado mundial o en muchos y valiosos productos nuevos (ídem). Sólo hasta el año 2004 Japón promulga leyes para estimular las iniciativas universitarias que tendrán por resultado la formación de nuevas empresas (íd. 457).

Las reglas sociales que contribuyen a la flexibilidad en la toma de decisiones causan graves problemas en Japón, por lo general invierten una gran cantidad de tiempo y energía para planificar una actividad,  y una vez tomadas las decisiones para ejecutar el plan si surge un elemento  que debe provocar un plan alterno más favorable es descartado para ajustarse a lo que ya tenían decidido. La rigidez estructural abarca el mundo de roles profesionales, los lugares de trabajo, la vida familiar y el  género. Todo  esto obstaculiza a esa nación en su avance hacia la riqueza revolucionaria. En la actual carrera mundial para crear economías basadas en el conocimiento, Japón sólo está utilizando la mitad del poder inteligente de que dispone. Y eso no es muy inteligente  (íd. 457/ 459).

Japón sufre en su desarrollo el «efecto Bonsai».

Japón está enfrentada a un colapso en sus programas de seguridad social, por la pesada carga de ancianos de una población que envejece cada vez más, y que en los venideros años aumentará por los avances médicos –aumento de la esperanza de vida lleva a edades más avanzadas- (íd. 460, 461). Tendrá que enfrentar también el conflicto entre el campo y la ciudad, donde el gobierno ha utilizado deuda pública para suprimir este conflicto interno, un gasto masivo para comprar el silencio de distintos sectores de la economía. Sin embargo este juego está llegando a su fin. Se enfrenta a un yen debilitado, precios energéticos más altos, una competencia más poderosa en Asia y Pacífico y, la presencia de China y la India en la misma región cada vez más impresionante. A esto se suma el fantasma del desempleo, rigideces estructurales, créditos morosos, retraso técnico y organizativo en su sector de servicios. La rigidez, sobre todo, es un desafío sin precedentes porque se puede convertir en rigor mortis. Japón se enfrenta a su propia explosión (íd. 463).

¿Es, entonces, Japón un mito moderno, en vez de un jugador clave en «El juego»? ¿China, India, «los tigres» del Asia y Pacífico, por lo contrario, están siendo los nuevos actores del tablero de ajedrez?

Alvin y Heidi Toffler. La Revolución de la riqueza. Editorial Random/Mondadori DEBATE, Caracas. Edición 2007. Páginas: 651. 

Adquirido en el Mesón de Ofertas de la Librería Europa, Maracaibo, Venezuela. Bs. 25.

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Revolución de la riqueza IX: «El juego» (b)

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Que Europa y Estados Unidos colaboren entre sí, para construir un superpaís que vigile a los bárbaros del resto  del mundo, es una propuesta que escandalizó el mundo unas décadas atrás. La propuesta planteaba un occidente ampliado, con las ventajas de cultura, cooperación militar, ensanchamiento de la base impositiva y con un presidente norteamericano. Su autor fue un polémico intelectual francés, Regis Debray, que tuvo por finalidad mordaz poner en evidencia una tendencia de la política internacional de este conjunto geopolítico nor-atlántico (Toffler, 2007: 466).

El filósofo Regis Debray fue, entre otras cosas, compañero de aventuras de Ernesto Che Guevara de la Serna.

La realidad es que Estados Unidos y Europa no están cada vez más juntas, sino cada vez más separadas.  A partir de 1985 cada una aumentaba su comercio con China y otros países emergentes, mientras el flujo de importaciones y exportaciones entre ambos ha ido declinando en su balanza comercial. La interdependencia económica trasatlántica, por lo contrario, ha ido acompañada de contenciosos comerciales cada vez mayores. La Unión Europea prohibió la importación de alimentos transgénicos y elevó los aranceles de los productos estadounidenses desde patines de ruedas hasta los reactores nucleares. La Unión Europea denegó una propuesta de fusión entre Honeywell y General Electric en 2001 y multó a Microsoft con una cifra significativa por delito contra la competencia y le ordenó separase su reproductor de música del software de Windows. Por su parte Estados Unidos impuso derechos de aduana o suspendió las importaciones de acero, fiambres, rodamientos y pasta procedentes de Europa. En 2004 las relaciones entre ambas se encuentra en su punto más bajo. La situación se tensó en 2005 por el plan europeo de levantar su embargo de armas a China (íd. 467).

La erosión de esas relaciones alcanza una nueva cota con las diferencias sobre la guerra de Irak. La data de esta fractura se remonta al día en que los europeos dejaron de temer un ataque de la Unión Soviética, puesto que ya no necesitaban a los Estados Unidos como aliado (íd. 468).

Con abundancia de científicos de talento y alto nivel, ingenieros de tecnologías de información, futurólogos y pensadores, Europa, pareció dispuesta a adoptar los nuevos potenciales tecnológicos. Pero estaba gobernada por líderes políticos y empresariales que miraban al pasado de la era industrial. Principios clave como la estandarización, la concentración, la maximización de escala y la centralización siguen dominando el pensamiento de la Unión Europea (íd. 468,469).

Las economías del conocimiento avanzadas exigen empresas y organizaciones gubernamentales cada vez más flexibles. Pero la Unión Europea impone controles inflexibles a la industria, y sobre los presupuestos y las decisiones económicas de sus estados miembros. En 2004, seis de los doce países miembros de la zona euro están incumpliendo el pacto. En 2005, los votantes franceses y holandeses rechazaron la propuesta de Constitución de la Unión Europea, obra maestra de la burocracia asfixiante. (íd. 469).

Europa occidental y Estados Unidos funcionan a distintas velocidades. Europa está muy por detrás en convenios sobre trabajo en casa que permitan ajustes de horario. Europa le falta el funcionamiento de 24 horas/7 días y otras novedades sobre la rutina industrial. Tiene más largas vacaciones, menos horas semanales trabajadas, un ritmo general de vida más lento, los franceses se vanaglorian  de su actitud frente a la comida rápida con un movimiento en pro de la «comida lenta», celebran con los italianos el buen comer. El «cittaslow» para conservar la lentitud y tranquilidad se defiende como un valor de la vida en las ciudades pequeñas. Se promocionan los productos locales y la sostenibilidad (íd. 470,471).

Las transacciones comerciales en Europa deben hacer frente a una impenetrable maraña de reglamentaciones. Se mueven más despacio, en Estados Unidos solo hacen falta seis horas para crear una empresa, en Europa mucho más tiempo. La forma en que las sociedades gestionan el tiempo tiene importantes implicaciones.  Una patente en Europa tarda cuatro años y a veces hasta diez. Todo tarda más en Europa, requieren muchos más pasos (íd. 471, 472).

De modo que, en todos estos ámbitos, desde el estilo de vida y la cultura hasta los asuntos militares y, sobre todo, las empresas y la economía, se está ensanchando la diferencia de velocidades entre Europa y los Estados Unidos. Ambos responden, con ritmos distintos al fundamento profundo  del tiempo, lo que hace difícil una acción conjunta (íd. 472).

La Unión Europea se amplía hacia el este, afirma que el futuro es más prometedor que el de Estados Unidos, la Unión Europea se está haciendo más grande, cuanto mayor, mejor. En 2000, los líderes europeos se reunieron en Lisboa, su audaz intención convertir a Europa en «la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo para 2010». El Politburó  comunista solía anunciar objetivos algo parecido. En 2001 el nivel de vida de Europa, en general, se estaba rezagando respecto a los Estados Unidos y en 2004 anunciaba uno de sus líderes que Europa no podría alcanzar la «poco realista»  meta de 2010. Europa en 2003 estaba a punto de «perder del tren» de la revolución biotecnológica. En el 2004 lo mismo se podía decir en cuanto a la nanotecnología. La innovación es la clave del éxito económico, pero es un sector en el que Europa va muy retrasada respecto a Estados Unidos (íd. 475).

Los intentos por alcanzar a Estados Unidos han sido «un gran fracaso» reconocen sus dirigentes. En años venideros sus puestos de trabajo en la industria de baja tecnología emigrarán a los países del este o a cualquier otra parte. Aumentará los niveles de desempleo, ya significativamente altos en los Estados Unidos y Japón. Aumentará las tensiones respecto a los inmigrantes. La numerosa clase baja musulmana de Europa se hará más combativa (íd. 476).

En Europa occidental existe una hostilidad profundamente arraigada hacia la tecnología. Sus sindicatos temen la pérdida de puestos de trabajo. Mientras que un Asia tecnófila se precipita a adoptar los últimos adelantos. Para invertir ese proceso, haría falta en Europa una nueva hoja de ruta, Si lo hace y lo logra, Europa se convertiría en un contrapeso mundial a lo  que muchos consideran un excesivo poder de Estados Unidos (íd. 477).

La República Checa, Eslovenia Hungría, ex miembros del bloque comunista, andan a la caza de nichos de alta tecnología y valor añadido. En 2001 Hungría  ya competía en exportaciones de alta tecnología con Dinamarca o España. No todo lo más grande es mejor, Singapur que no llega a los setecientos kilómetros cuadrados es prospera. Finlandia, Suecia, Irlanda han avanzado en  dirección la riqueza revolucionaria y son las más pequeñas naciones de Europa (íd. 477, 474). En todos estos países la estructura social, política, cultural y económica ofrece un modelo no convencional. Los países escandinavos, por ejemplo, están a la delantera a escala planetaria en el reconfortante «Indice de Gini» (IG) y, en el más importante aún, «Índice de Desarrollo Humano»  (IDH).

¿Entrará Europa en «El juego»? ¿Será en cambio el Asia, una ficha más importante en el tablero de ajedrez? ¿Los países ex comunistas participarán? ¿Entrarán de Europa occidental sólo «las pequeñas»? En fin, hay que mantener la lupa sobre el tablero de ajedrez, para ver las piezas que salen y las que entran. La certeza es que, del salto de una sociedad a la economía del conocimiento es que depende el futuro de las naciones y la transformación del curso de la historia.

0 corresponde a la perfecta igualdad y 1 a la perfecta desigualdad.
Verde oscuro: menos de 0.25 (Cerca del ideal).
Verde claro: entre 0.25 y 0.29
Amarillo: entre 0.30 y 0.34
Anaranjado o Venezuela y Argentina: entre 0.35 y 0.39
Rosado Cuba y países ex unión soviética: entre 0.40 y 0.44 (Lejos del ideal).
Los demás colores están dentro del espectro de la desigualdad (Rojo, marrón, negro).
La igualdad no está referida a un sistema político-ideológico, sino a unos específicos indicadores.
La igualdad a la que se refiere remite al Índice de Gini que se calcula con el Coeficiente de Gini.
Si se quiere consultar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y disponer de sus mapamundis, se recomienda la entrada de Wikipedia en internet. Igual para: Coeficiente de Gini Wikipedia.

Alvin y Heidi Toffler. La Revolución de la riqueza. Editorial Random/Mondadori DEBATE, Caracas. Edición 2007. Páginas: 651. 

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Revolución de la riqueza IX: «El juego» (a)

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En el tablero de ajedrez mundial se mueven piezas muy importantes que determinarán el futuro orden planetario.

Las naciones que hemos entrado en el Siglo XXI «cambiando de paso» debemos enfocar nuestra atención en cómo participar en «El juego».

En Estados Unidos lo que se observa son: empleos de «quita y pon», comercialismo, entretenimiento las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, televisión pasada de vueltas, escuelas desastrosas, velocidad, un sistema sanitario en quiebra, información por un tubo. Lo que se palpa es un estadounidense provinciano, malo para los idiomas y sin ningún interés por otras culturas. Lo que se siente es un ruidoso desorden. Lo que se aprecia: Allí se ensayan nuevos estilos de vida, a veces, hasta extremos estúpidos y crueles; Experimentos con pautas sexuales; Modas y modelos de empresas totalmente nuevos y, algo muy importante y muy especial, allí se ensaya con innumerables nuevas maneras de convertir en riqueza a los datos, la información y el conocimiento (Toffler, 2007: 478, 479).

Muchos estadounidenses anhelan una vuelta a la década de 1950, olvidando el agotador trabajo físico, el odio racial y la sumisión de la mujer, propios de la sociedad de aquellos días. Cuando surge un revolucionario sistema de creación de riqueza, una de las primeras cosas que hace surgir son contrarrevolucionarios, y las viejas élites no se rinden sin lucha, pretenden seguir controlando la sociedad (íd. 478, 479).  

El Estados Unidos industrial se construyó sobre la base de combustibles fósiles baratos y una inmensa infraestructura de distribución de energía por todo el país. Depende del gas y del petróleo importado y de una inmensa red de distribución de transmisión eléctrica y oleoductos que son pesados activos fijos, difíciles de alterar en respuesta de demandas de cambios rápidos. Es un gigantesco lastre que arrastra de la era industrial defendido políticamente por las mayores y más influyentes empresas del mundo, lo cual entorpece el cambio de sistema. Hay una guerra de la segunda ola contra la tercer ola al interior de los Estados Unidos (íd. 480).

Hay veintitrés millones de camiones comerciales, gestionados por más de medio millón de empresas que transportan tres cuartas partes de todos los bienes que se desplazan por el interior del país, junto con otros medios de transporte representan el 11 por ciento del PIB del país. Además también se transporta personas, sólo para ir al trabajo unos ciento diecinueve millones de estadounidenses gastan veinticuatro mil millones de horas yendo y viniendo a sus empresas, es una de las cosas más improductivas que hacen los estadounidenses (íd. 481).

El Departamento de Transporte examinó el sistema de transporte desde la alternativa de la tercera ola e hizo sus recomendaciones para un «transporte inteligente», para reducir el grave costo en accidentes, emplear más racionalmente las vías y lograr mejores promedios de velocidad para reducir la duración del viaje. Pero la presión de los lobbies partidarios del cemento, es decir, de construir más autopistas, pudo más que el sector de la tecnología de la información  y Clinton firmó una ley para asignar más recursos al sector de obras basadas en el recurso cemento y lo que destinó a sistemas inteligentes fue irrisorio, una décima parte del 1 por ciento (ídem).

Del sistema de transporte dependen todas las empresas, pero seguirá en punto muerto, porque una triada políticamente muy poderosa de compañías petroleras, fabricantes de automóviles y empresas constructoras de autopistas utilizan su poder corruptor para favorecer sus intereses por encima de los nacionales. A los estadounidenses se les niegan sistemas de transporte y energía más eficientes, seguros y limpios. Un campo de batalla entre intereses procedentes de la era industrial e innovadores se presenta en este conflicto de olas que atenta contra el futuro de esta nación (íd. 482).

Estados Unidos no seguirá siendo la punta de lanza de la revolución mundial de la riqueza, ni mantendrá su poder sobre el planeta, si no sustituye -y no se limita a reformar-  su sistema educativo. Su actual sistema educativo gasta cuatrocientos mil millones de dólares, más el coste de su fracaso para la sociedad y las empresas. Prepara a los niños para empleos que no existirán cuando tengan la edad para convertirse en fuerza de trabajo. A este fenómeno lo llamaremos «robar el futuro» para esos niños y para la posición de los Estados Unidos en el siglo XXI (íd. 482, 483).

Las escuelas americanas tuvieron una misión crucial para convertir a los Estados Unidos en una potencia industrial, impuso la «disciplina industrial», «americanizó al extranjero» inmigrante, sirvió como bandera de lucha de los sindicatos para mantener a millones de jóvenes fuera del trabajo mediante el arbitrio de la educación obligatoria que ampliaban para mantener los salarios sin descensos, y mantuvo alejados de las calles a muchos millones de adolescentes con altos niveles de testosterona, lo que mejoró el orden público. Esa educación que creó un modelo de escuela-fábrica creó también una coalición que la defiende, pero que se desajusta cada vez más de las nuevas realidades que exigen otros valores, para dejar atrás a la era industrial y crear un sistema educativo distinto, radicalmente nuevo  (íd. 484/486).

El modo anticuado de hacer las cosas está enquistado en los consejos de administración de las grandes empresas, pueblan los partidos políticos, están en los clubes de las facultades universitarias, se puede rastrear explícito o larvado en casi todas las instituciones de Estados Unidos, todo esto impide la implosión de la tercera ola como un universo libre. La transición no es una cuestión únicamente de tecnología, es una revolución que abarca todos los aspectos de la vida. La rebelión tiene lugar y se expresa por las vías menos convenientes o más inadecuadas, por estúpidas y crueles. Si los cambios institucionales siguen en este punto muerto, no manteniendo el ritmo de los avances tecnológicos, y la desincronización frena y detiene al laboratorio donde se deben efectuar los cambios en la economía y la sociedad, dejarán el mañana para… ¿China?, ¿Europa?, ¿el islam? (!!!) (íd. 487/489). En el tablero del ajedrez mundial se mueven piezas muy importantes que determinarán el futuro orden planetario. ¿Quiénes estarán en «El juego»?

Alvin y Heidi Toffler. La Revolución de la riqueza. Editorial Random/Mondadori DEBATE, Caracas. Edición 2007. Páginas: 651

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Revolución de la riqueza VIII: «Los otros» (c)

4:52 Posted by Perro Senil.


Incomodisimo.com China, India, Ecuador, Brasil, África Central

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Para quebrar el espinazo de la pobreza hay que realizar cambios a escala aldeana. Solo podemos evitar que la gente huya del campo cuando se elimine la diferencia de productividad. También hará falta mayor claridad de objetivos. El objetivo es hacer avanzar a todos, elevar las condiciones de vida, que los bebes estén alimentados, el agua sea potable y se logren los objetivos educativos. Se necesita una estrategia de transformación de las áreas rurales, con la aparición de centros de actividad empresarial avanzada que dependan del poder de la inteligencia (Toffler, 2007: 413, 414).

Hay que evitar la contaminación de las cosechas por los transgénicos, pero otros productos de la biotecnología sin riesgo para el medio ambiente deben ayudar a romper el núcleo de la pobreza. El estudio de la genética y otras variables pueden aumentar el contenido nutritivo de una cosecha. Pueden reducir la necesidad de fertilizantes, sistemas de irrigación y pesticidas. Pueden aumentar la producción por hectárea. Y pueden rebajar los costes e incrementar el valor del producto (íd. 414).

La India tiene su Departamento de Biotecnología, China está desarrollando la mayor capacidad biotecnológicas industrial fuera de los Estados Unidos. La India ha ampliado las investigaciones a las patatas, tomates, berza, mandioca y papaya, sólo los comercialmente más rentables habían sido sometidos a estos laboratorios –soja, colza, maíz y algodón-. Se busca alimentos con propiedades para combatir las enfermedades, alimentos portadores de vacunas, tomates que puedan proteger contra la diarrea, maíz que combata la fibrosis quística, frutas y verduras vitaminadas, alimentos con alto valor añadido para mejorar el rendimiento personal. El objetivo es formar «farmacultores» que podrán personalizar sus productos para atender mercados especializados, productos de alto valor añadido (íd. 416, 417).

La finalidad es que los terrenos agrícolas tengan el mismo significado que los campos petrolíferos (!!!). Una economía basada en la biología, en la que los genes sustituirán al petróleo como fuente principal de muchas materias primas y productos, además, de ser una fuente de energía. Toneladas de residuos de hojas, tallos y otras partes de las plantas no sean desperdiciadas. Esa biomasa se puede convertir en productos químicos, electricidad, lubricantes, plásticos, adhesivos y combustible (íd. 417).

El campo se puede salpicar de pequeñas «biorrefinerías», que convertirían la biomasa de residuos en alimentos, piensos, fibras, bioplásticos y otros productos. La materia prima básica serían genes, y estos, a diferencia del petróleo se encuentran en todo el mundo. De ahí, el pronóstico de un gran desplazamiento geopolítico del poder desde los desérticos países petroleros hacia las regiones tropicales, muy ricas en biodiversidad. Ecuador sería más importante que Arabia Saudí. Ecuador tiene mucha biodiversidad y, por ende, diversidad de genes de valor potencial para el mundo ¿Qué significa para Brasil o África central? (íd. 418).

Existen materiales compuestos que se producen a partir de plantas que son más fuertes que el acero y el Kevlar. Los países podrían  tener acceso a materiales avanzados creados a partir de sus propias plantas. Estas «biorrefinerías» significarían empleo no agrícola lo cual podría ayudar a detener la creciente urbanización (ídem)  e incluso revertir el proceso.

Hay ayuda desde siete mil quinientos kilómetros en el espacio. Nos acercamos al momento en que un receptor de GPS en una aldea reciba información de satélites acerca de las necesidades  de cada parcela y cada planta en agua, abonos y otros requerimientos en su uso exacto, lo que impedirá el despilfarro. Puede reducir a la mitad el empleo de los recursos hídricos en la agricultura, puede ser muy bueno para el medio ambiente la «agricultura de precisión», puede cambiar de un modo drástico a la forma de producir, la estrategia de «talla única» de las empresas agrícolas puede ser superada, lo mismo las perjudiciales monocosechas y monocultivos de la agricultura tipo industrial. Asistimos a un movimiento en sentido opuesto. Al surgimiento de un mercado de alimentos personalizados y saludables. Al logro de cosechas más variadas donde se incorporen productos que no eran comercializados. En la actualidad estos mercados son caros, pero los costes caerán en picado (íd. 419, 420).

Con los ordenadores en las aldeas surge la red del agrónomo inteligente que dispone de millones de sitios específicos de agricultura según cultivo, región, clima, ecología, química, biología y otros temas. Serán cerebros puestos en contacto mutuo para abrir las aldeas al conocimiento del exterior. Internet y celulares serán una parte fundamental de la agricultura del mañana como lo fueron el azadón y la pala a lo largo de la historia (íd. 420/423).

La tecnología de sensores está emergiendo, estos pueden indicar cuándo regar el cultivo, pueden informar sobre la temperatura, humedad y otras variables. Además tenemos los nanoinstrumentos, el magnetismo, la tecnología inalámbrica, todas combinadas son una poderosa fuerza escrutadora de la actividad biológica a nivel celular. Lo que proponemos es un ataque frontal contra la pobreza rural, algo más complejo y de largo alcance. Hay que garantizar que en la intervención de este mundo la ciencia y la tecnología reciban la preeminencia que necesitan para tratar una gama de problemas globales cada vez más urgentes (íd. 423/426) por encima de aquellos intereses que hoy predominan.

La educación rural ha de responder a un concepto totalmente nuevo, hay que personalizar la educación, según las distintas culturas y necesidades de grupos pequeños e incluso de personas concretas. Los sistemas educativos estilo fábrica, estandarizadores, homogenizadores y uniformizadores utilizado para una educación de masas, diseñada para la era industrial no satisface la nueva sociedad del conocimiento (íd. 427).

La energía solar, la eólica, las pequeñas plantas hidroeléctricas, la obtención de energía de la biomasa, el traslado de la fuente de energía a los recursos renovables no sólo ayudan al medio rural a salir de la escases de la energía, sino que impide que se sume a la contaminación y cambio climático del planeta (íd. 428).

Existe la posibilidad del surgimiento de una «hiperagricultura», su aparición no sólo puede transformar la vida rural, sino reducir las peligrosa y creciente urbanización planetaria. Puede abrir la mente a nuevas posibilidades y cambios que sean un rayo de esperanza. La nueva revolución puede redistribuir la riqueza y el bienestar a escala global (íd. 429, 430).

Los otros -los del campo depauperado- deben atender el resplandor de este relámpago que estalla en su vacío cielo nocturno, este muestra el camino del mañana.
 

Alvin y Heidi Toffler. La Revolución de la riqueza. Editorial Random/Mondadori DEBATE, Caracas. Edición 2007. Páginas: 651. 
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Revolución de la riqueza VIII: «Los otros» (b)

6:17 Posted by Perro Senil.


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Incomodisimo China India Malasia Corea Singapur

Las principales empresas hoy sustituyen los pasos secuenciales en la toma de decisiones y en la producción, por nuevos sistemas basados en la simultaneidad. Y eso es precisamente lo que China y la India están haciendo. No se preocupan por completar la industrialización de la segunda ola antes de iniciar el desarrollo de la tercera. El resultado es una estrategia en paralelo. Y puede ser que logren saltarse unas etapas. En ambos países la población campesina constituye el tuétano de la pobreza mundial, lo que se presencia allí es el mayor experimento en la reducción de ese flagelo (Toffler, 2007: 403).

En la ciudad de Bangalore, India, se está aplicando una nueva estrategia para producir riqueza.

En 1983 Deng Xiaoping empezó a soltar a China del abrazo de hierro del anticapitalismo, se celebró en Beijing una conferencia de líderes políticos bajo el patrocinio del primer ministro Zhao Ziyang, pidió que se estudiase el concepto de la tercera ola desarrollado en nuestro libro del mismo nombre. Cierta gente temerosa de salirse de la teoría marxista fue a ver al secretario general del Partido Comunista Hu Yaobang. Hu respondió «Hay demasiadas personas en el partido que temen las ideas nuevas». Desde entonces, importantes líderes con significativo número de seguidores apoyan la idea de no centrarse solo en la industrialización, sino en intentar desarrollar una economía de conocimiento intensivo, evitando, en lo posible, las etapas tradicionales de la industrialización. China marcha ahora por la doble pista (íd. 403).

China trata de establecer sus estándares propios para sus equipos informáticos y digitales; en su Centro de Genética impresionó al mundo al descifrar el código genético del arroz en un tiempo record, y avanza en la investigación de las células madres. La ciudad de Dalian se está convirtiendo en un centro de conocimiento más que un enclave industrial. Las grandes empresas mundiales de software se han trasladado allí para realizar operaciones para compañías asiáticas (íd. 403, 404).

Desde la ciudad de Dalian salen hoy hacia el mundo entero productos de la China montada sobre la tercera ola y la segunda en paralelo.
¿Qué es lo que buscan los capitales internacionales en China? Para el conocimiento público, la mano de obra barata muy disciplinada, de alta laboralidad y extraña a las huelgas. La realidad, China licencia cada año cuatrocientos sesenta y cinco mil ingenieros y científicos y realiza esfuerzos concertados para que regresen  miles de científicos chinos que trabajan en Estados Unidos. Y por lo mismo cientos de multinacionales se han precipitado a establecer laboratorios de Investigación más Desarrollo (I+D) en China, adonde se estima existe una mayor concentración de poder de coeficiente de inteligencia (íd. 404).

En 2003 China superó a Japón y Europa en exportaciones de equipos digitales, y luego a Estados Unidos en 2004. Construye a toda prisa su sector de conocimiento. China ha sacado a doscientos setenta millones de personas de la extrema pobreza desde 1979 (íd. 405).

Abdul Kalam es un musulmán que ha dirigido como ingeniero y científico los programas nuclear, de satélites y de misiles de la India, también es el presidente de ese país. Kalam es autor del libro India 2020: A Vision for the New Millenium. El proyecto prioritario de Kalam es la conectividad entre aldeas; aldeas pequeñas, remotamente alejadas entre sí. Ha desarrollado un programa para disminuir el ritmo de la urbanización agrupando aldeas, conectándolas física, electrónica y económicamente, y en términos de conocimiento (íd. 406).

Abdul Kalam.
Kalam ha ayudado a sacar de la pobreza a más de cien millones de indios. La principal ventaja de la India es su sociedad, menos autoritaria y más abierta, proclive a promover la innovación (ídem).

Bangalore, Hyderabad, Pune, Gurgaon y Jaipur se han dado a conocer en el mundo por los empleos en el campo de la tecnología de la información creados en esas ciudades. Allí ingresan miles de millones de dólares para gestionar desde esas ciudades centros actividades globales de operadores telefónicos, tareas administrativas y contables, análisis financiero  para empresas internacionales, además de crear software (íd. 406).

El desarrollo convencional, como un asunto de fábricas y chimeneas ya no lo comparten en la India ni los comunistas, teóricamente situados a la izquierda del Partido del Congreso, están convencidos de la necesidad de la transición a un sistema de riqueza basado en el conocimiento (íd. 407).

El estado de Karnakata es considerado un modelo en la nación, allí se ha instalado en los quioscos un servicio  de internet en cinco mil aldeas, a fin de posibilitar a la población rural el acceso a los servicios bancarios y educativos del gobierno, pueden ahora obtener copias del registro de las tierras que ocupan para impedir que se las arrebaten. Hay allí una auténtica guerra a la pobreza (íd. 407, 408).

El presidente Kalam  lleva a cabo un programa espacial, con capacidad para diseñar, desarrollar, fabricar y lanzar sus propios satélites de comunicaciones y de sensorización remota. Desarrolla un sistema de prevención de desastres climáticos, tiene en ejecución un programa para tratamientos y revisiones de pacientes a distancia del Centro Oncológico de Trivandrum, conecta  centros periféricos con el hospital central  para realizar teleclínicas a través de internet. La India podrá generar cinco mil millones de dólares en biotecnología y hasta un millón de nuevos puestos de trabajo en los próximos cinco años. La India sabe que no puede realizar un asalto de la pobreza sólo con chimeneas, coloca en su lugar las piezas del sistema de riqueza basada en el conocimiento (íd. 409).

El fundador del Singapur independiente, Lee Kwan Yew, impulsó el puerto hasta convertirlo en líder mundial de tecnología y servicios; Singapur en 2002 ya era el principal inversor en biotecnología de Asia. Mahathir Muhammad  ex primer ministro de Malaisia estableció objetivos de alta tecnología para esa nación hacia el 2020, captando inversiones de empresas de punta en sistemas operativos norteamericanos, japoneses y británicos. Malaisia obtuvo su independencia el año de 1957, en ese entonces, exportaba caucho y estaño, hoy es uno de los principales exportadores de semiconductores y productos eléctricos (íd. 409, 410).

Kim Dae Jung, Corea del Sur, aprobó financiar la investigación en nanotecnología y, llevó a su país a convertirse en un líder mundial en la aplicación de las tecnologías de la información y comunicaciones en banda ancha. En el mundo árabe se aprecian los primeros indicios del despertar, para dar los primeros pasos hacia ese drástico salto hacia una sociedad del conocimiento; tanto en el golfo pérsico como en Jordania donde su rey Abdallah es un entendido en ordenadores (íd. 410).

Es ingenuo creer que se puede erradicar la pobreza con tecnología, la revolución de la riqueza es mucho más que ordenadores y software; más que economía a secas, conlleva una revolución social, institucional, cultural y política. No es menos cierto, que para erradicar la pobreza rural será necesario incrementar de forma drástica su productividad agrícola. Tampoco se puede olvidar que es urgente evitar los efectos de la desnutrición en los cerebros de los niños que viven en ese medio, sobre su capacidad de desarrollar conocimiento descansa la responsabilidad de quebrar el espinazo de la pobreza rural. Lo mismo cabe decir sobre problemas como el sida y la desigualdad y discriminación de las mujeres, la corrupción. Es posible realizar la mayor transformación de la vida rural desde que nuestros antepasados empezaron a cultivar la tierra (íd. 411).
Los otros tienen sus líderes -Kalam, Kwan, Dae Jung, Mahatir Muhammmad y otros- y avanzan hacia un Nuevo Mundo, el de las sociedades del conocimiento, y bajo esa vía la pobreza es sacudida en sus cimientos.


Alvin y Heidi Toffler. La Revolución de la riqueza. Editorial Random/Mondadori DEBATE, Caracas. Edición 2007. Páginas: 651. 
Adquirido en el Mesón de Ofertas de la Librería Europa, Maracaibo, Venezuela. Bs. 25.

Revolución de la riqueza VIII: «Los otros» (a)

5:18 Posted by Perro Senil.


La riqueza revolucionaria viene acompañada de la mejor oportunidad de acabar con la pobreza mundial. La pobreza tiene muchas causas, desde las políticas económicas y malas instituciones políticas  hasta los cambios climáticos, las epidemias y la guerra. En torno al tema de la reducción de la pobreza mundial, ha crecido una «industria» de la ayuda archimillonaria en dólares. Entre 1950 y 2000, más de un billón de dólares fluyó del Primer Mundo a los países pobres, en forma de «ayuda» o «ayuda al desarrollo». Sorprende el fracaso a la hora de erradicar la pobreza mundial tras medio siglo de esfuerzo internacional concertado. No obstante, para la especie humana, también maravilla, que más de seis mil millones de personas sobrevivan hoy en el planeta, incluidos los más de tres mil trescientos millones que viven con dos dólares (Toffler, 2007: 393, 394).

Antes de la revolución industrial la pobreza extrema incluía a Europa, donde los pobres abarrotaban las ciudades, mendigando y robando para sobrevivir. Con innumerables niños, mujeres, ancianos y enfermos abandonados. La dieta habitual en Francia a principios del siglo XVIII era tan bajo  como el de Ruanda en 1965, el país más desnutrido del planeta (íd. 394, 395).

El  sistema de riqueza industrial empezó a sustituir a la agricultura, creció la población y cifras significativas empezaron a salir de la pobreza absoluta (íd. 395), apareciendo nuevas formas de pobreza y de miseria. El resultado general del proceso a la larga en los países industrializados, sin embargo, fue consolador y los economistas y planificadores convirtieron en una receta lo que hoy se denomina «desarrollo» o «modernización». Esta estrategia de la segunda ola fue propagada, con infinitas variantes, por los Estados Unidos y la Unión Soviética, por las Naciones Unidas y otras organizaciones, el mensaje era que cada país tenía que repetir la revolución industrial (íd. 395).

No existía ningún modelo alternativo a esa propuesta. En la década de 1970 algunos críticos atacaron dicha estrategia y propusieron no concentrarse en las fábricas y la urbanización que las acompañaba, sino en tecnologías «adecuadas» o «alternativas», que fueran sostenibles y que enfatizaran los recursos locales. Ese movimiento alienta las microfinanzas, las pequeñas empresas y el empleo de la ciencia. Emana muchas innovaciones imaginativas y está concebido para poner ralentí a la industrialización desbocada y mantener a la población campesina sujeta a la tierra, idealizan la vida de aldea y predican que «lo pequeño es hermoso» (íd. 395, 396). La tecnología industrial avanzada para producir alimentos está profundamente cuestionada por estos movimientos (íd. 397).

Las tecnologías de la tercera ola ofrecen por primera vez potentes formas de combatir la pobreza de los más pobres. En la producción de bienes industriales países como Japón pasaron de la «típica porquería japonesa» con la que entraron a los mercados del mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial -concesión que le hizo Estados Unidos a partir de consideraciones de estrategia geopolítica para recibir sus exportaciones- a un país que desde ya hace unas décadas, por ejemplo, saca coches en sus fábricas de alta calidad que invaden el mercado estadounidense, y que asombran al mundo con productos nunca vistos y con marcas que ya son íconos de estos tiempos de grandes adelantos. Los japoneses  fueron los que desbordaron mayor entusiasmo por la robótica y la llevaron a sus cadenas de montaje con éxito, en cuanto a la tecnología digital esta fue incorporada en el proceso de fabricación en corto espacio de tiempo caracterizándolo por su computarización integral, convirtiéndose ese país en líder mundial de todos estos adelantos. El hambre de conocimientos y el énfasis en la formación en conocimiento avanzado es el secreto de este salto donde se combina «aprender, aprender, aprender» con aplicación y velocidad (íd. 397…).

En Japón subió el valor del yen y empezaron a invertir en fábricas de Taiwan, Corea del Sur, Malaisia, Indonesia y Filipinas convirtiéndose Asia-Pacífico -que transitaba por la primera ola a ser transeúntes de la segunda ola- en escenario de «países de reciente industrialización». Allí los japoneses descargaron su producción de baja tecnología y valor -segunda ola-, y lo mismo hizo en esa parte del mundo los Estados Unidos y Europa. Luego Corea del Sur y Taiwan replicaran ese trasvase de segunda ola  en sus vecinos más pobres. En resumen, un cambio se produjo en todos estos países al sustituir trabajo campesino con trabajo fabril, lo cual se reflejó en la sociedad con un aumento en la esperanza de vida, declive de la mortalidad infantil, y crecimiento de la población. Quinientos millones de asiáticos salieron del umbral de la pobreza de dos dólares en veinte años (íd. 397/401).

En Asia, países como, Malasia  están desarrollando proyectos urbanísticos de primera línea, como este en Kuala Lumpur, el Precint 4, consistente en la aplicación de una arquitectura ecológica, con ésta se pretende un ecodiseño que guarde respeto con el medioambiente, el objetivo es alcanzar  50% menos de CO 2
Pero nada de lo que se ha examinado hasta aquí explica por completo el crecimiento a turbopropulsión de Asia. Hasta aquí hemos visto un cambio lineal. La primera ola y luego la segunda ola, reafirmando que el único camino para salir de la pobreza es secuencial (íd. 401). La cuestión es que se coloca el proceso de escaparse de las garras de la pobreza sobre una sola pista, por donde se transita de una ola a la siguiente, pero este modo de percibir el problema no es la solución. El problema de «los otros» está pendiente. Y son precisamente los “países pobres” los que están poniendo en práctica una nueva estrategia para burlar a la hidra de la pobreza.

Revolución de la riqueza VII: Metamorfosis (d)

5:59 Posted by Perro Senil.


Artículo de 3 páginas de extensión.

En la economía del futuro no existe el  dinero. Tampoco el capitalismo puede que tenga lugar. Estamos entrando en un nuevo y extraño mundo. Si los cambios en la naturaleza de la propiedad, el capital y los mercados no bastan para que liberen sus mentes del pasado, el futuro del dinero quizá les ayude a hacerlo. El dinero atraviesa la revolución más profunda y rápida, creará formas y maneras radicalmente nuevas de pagar y cobrar y cada vez más oportunidades de hacer negocios que no usarán dinero en absoluto (Toffler, 2007: 376).

La invención del dinero fue uno de los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad. Abrió progresos. Pero impone un alto coste a la sociedad. Este coste está incluido en el precio. El coste de la persona que entrega un bien o un servicio recae en el consumidor. Alguien tiene que registrar la transacción y esto implica un nuevo coste, lo mismo los sueldos de millones de contables y de economistas, son costes que se incluyen en el precio del artículo, o la entrada a un cine o un estadio. Los que imprimen, almacenan, transportan y protegen el dinero también cuestan. Son un «impuesto» oculto que pagamos por la ventaja de emplear el dinero. ¿Qué pasaría si pudiéramos reducir, o incluso eliminar, dicho «impuesto» oculto? ¿Necesitamos realmente el dinero para gestionar un sistema de riqueza basado en el conocimiento? (íd. 376, 377).

En el siglo XVIII la Bolsa de Londres se apoyaba en las comunicaciones y el sistema de almacenamiento de datos, en la década de 1950, eso aún significaba archivadores enormes, correos con estampillas, teléfonos con dial y cintas continúas de cotizaciones para gestionar el conocimiento. Hoy hay una estructura financiera totalmente nueva. La City de Londres y los servicios financieros de Zúrich, Frankfurt, Tokio, Hong Kong y Singapur se conectan con nuevos centros como Shanghái y Singapur y a otros nodos con ordenadores de alta potencia y redes de alta velocidad que agrupan y reparten el dinero de la era digital. Allí se escanean las variaciones más minúsculas de los precios de las acciones de las empresas y se «invierten» fondos en minutos y hasta segundos. El resultado ya no es inversión sino un póquer a alta velocidad. En la nueva civilización emergente estos cambios son tan profundos que desafían la definición misma del dinero (íd. 378, 379, 381).

El dólar fue una moneda impuesta en 1863 en los Estados Unidos, fue parte de la estandarización de los productos, llegó como parte del proceso de industrialización. El yen japonés se convirtió en moneda nacional en 1871, el marco alemán en 1873, la monetarización de la economía transitaba el camino de la modernidad industrial. En 1948 los comunistas se hicieron con el poder e introdujeron en China el renminbi yuan. Y Europa hace poco el euro (íd. 381, 382).

En 1958 Estados Unidos lanzó la primera tarjeta de crédito, se aleja del dinero convencional hacia una selva de «paradineros» que guardan semejanza con las monedas oficiales pero no son tales. Desde entonces se inventan más sustitutos del dinero. Pero esto es sólo una parte de un cambio mayor, la llegada de la «fungibilidad flexible», en forma de dinero programable. Un banco de Kuala Lumpur ha ofrecido a sus clientes musulmanes una tarjeta que rechaza su utilización en burdeles y clubes nocturnos. Los movimientos activistas, pronto podrán emitir «tarjetas boicot», no podrán usarse para comprar productos de empresas que estén en su lista negra. O los padres podrán dar a sus hijos tarjetas anti obesidad o anti vicios. Se ensayan otros artilugios para autorizar a una tienda el retiro del pago de una cuenta bancaria. Dichas tecnologías amenazan de muerte al dinero efectivo y a las viejas tarjetas (íd. 383, 384).

Las tarjetas de crédito no son más que una variante física de la identidad del portador, la identificación de la persona puede, entonces, convertirse en un medio de pago.  Los métodos de pago se alejan de la sociedad de masas uniformada del pasado. Con el nuevo sistema de riqueza emergente pueden abrirse paso cambios en la forma que se pague nuestro trabajo. A los trabajadores se les paga por semanas o meses, lo que significa que los patrones disponen de días para un uso gratuito del dinero que en realidad es de sus trabajadores. Esos fondos son el equivalente a un préstamo sin intereses que los trabajadores hacen a sus patronos. Ese método quizá tenga las horas contadas. Podríamos ver a grupos de trabajadores que exigieran ser pagados electrónicamente «minuto  a minuto» por el trabajo que desempeñan. Esta paga instantánea es el  equivalente natural del paso a una economía avanzada basada en el conocimiento. Estas innovaciones suscitan pronósticos que vaticinan la «muerte del dinero» (íd. 386, 387).

En economías donde el dinero pierde su valor, está cobrando vida el trueque. Un abogado redacta un testamento para un amigo que, a cambio le da una clase de tenis. Pasan por «favores», son en realidad trueque. Empresas como Forbes, General Electric, Marriot y Carnival Cruise Lines truecan bienes y servicios. Dos tercios de las principales empresas mundiales utilizan regularmente el trueque y han establecido departamentos específicos para ello. En Argentina, en 2002, Toyota y Ford convinieron a aceptar trigo como pago por coches. Los gobiernos han intercambiado todo tipo de productos mediante el sistema de trueque. El conocido como «contracomercio» tiene un volumen en la actualidad de 1.2 billones de dólares anuales y se está acelerando (íd. 387, 388).

Lo que una persona desea vender para adquirir otra cosa se presta a un cambio o «coincidencia de necesidades». Internet hace posible localizar casi instantáneamente a los potenciales socios del cambio y amplía la diversidad de bienes susceptibles al trueque. Se multiplican los participantes del «contracomercio» en un trueque cada vez más complejo y en una economía de trueque de masas. Con el paradinero, el trueque, la intangibilidad, las redes, las tecnologías nuevas, el apalancamiento de la economía y los cambios geopolíticos, puede que el dinero convencional se convierta en un objeto de coleccionista (íd. 388, 389).

También presenciamos experimentos a pequeña escala con monedas alternativas, sobre todo a escala comunitaria. En Ithaca -Nueva York- la comunidad permite a los consumidores y comerciantes usar vales para intercambiar bienes y servicios, desde alquileres hasta entradas al teatro. Otro sistema permite acumular créditos en servicios como, por ejemplo, llevar de compras a un anciano, que luego permite a la persona recibir un servicio de otro voluntario como que le cuiden los hijos mientras hace un turno nocturno. Todas estas iniciativas dan un valor a muchas aportaciones realizadas por los prosumidores que se podrían ampliar y desarrollar hasta constituir monedas alternativas a gran escala. El Proyecto Tierra busca una moneda supranacional para intercambiar bienes y servicios a escala internacional. Son cuestiones que no sólo afectan el destino del dinero, sino también la propiedad, el capital y los mercados, se hallan entre los fundamentos más profundos de la riqueza (íd. 389, 390).

Los vínculos crecientes del prosumidor afectarán al capitalismo, su input llegará a ser abundante, ilimitado y no rival. El input intangible crece en una proporción cada vez más alto en la propiedad  y avanza a participar por partida doble. El capitalismo se enfrenta a una crisis de redefinición ¿será aún capitalismo lo que quede de todo ello? (íd. 390).

La aparición de las tarjetas inteligentes se inician en 1995 con las compañías Europay, Master Card y Visa y se conoció como la EMV. Almacena información de firmas digitales, características biométricas de la huella de los dedos o del iris, encripta datos, se puede emplear en el transporte público, acceso a la universidad y empresas, sirve de medio de pago de la seguridad social, sirve como tarjeta de crédito y tarjeta de débito.  La aparición de medios como la EMV con su alto espectro de funciones nos indica que el dinero también está empezando a transitar el camino de la metamorfosis, al igual que por esa misma vía ya circula la propiedad, el capital y los mercados.