Carson XI: Oxidación

7:00 Posted by Perro Senil.

Las amenazas que se ciernen sobre un gigantesco universo invisible.


Podemos asomarnos al universo a través de un finísimo rayo de luz, donde nuestro foco en vez de contemplar las estrellas se va a concentrar en su extremo opuesto, es decir, en un mundo invisible pero igualmente de gigantesco, donde primero se captará el universo infinito de las células, para después fijar nuestra atención sobre los minúsculos tejidos de cada una de esas maravillas y, por último, posaremos la imaginación del intelecto sobre las moléculas que arman esos tejidos celulares. Viaje a través de los confines de ese universo que se realizará para maravillarnos de las reacciones que se producen en esas diminutas realidades que se visibilizan con la ciencia. Con esta aventura el objetivo es contemplar con éxtasis el funcionamiento de las células para producir la energía que es la indispensable condición de la vida (Carson,  2001: 158).

Ese extraordinario mecanismo que produce la energía se conoce como la oxidación, mecanismo que puede ser bloqueado, entorpecido y deformado por los productos químicos usados contra insectos, roedores y malezas. Afectando ese hecho gravemente a la salud, puesto que el funcionamiento de las células sobrepasa en importancia a los órganos vitales (como el asombroso y benevolente hígado), las células alcanzan ese alto logro gracias a ese efectivo y suave funcionamiento  de la oxidación que es la base de todo lo viviente (ídem).

Con la oxidación la célula cumple su función «quemadora» con sólo el moderado calor de la temperatura normal del cuerpo. Si cesara de arder «no habría corazón que latiera, ni  sensación que recorriera un nervio, ni pensamiento que iluminara el cerebro humano», como señala un avezado investigador químico. La transformación de la materia en energía en la célula es una de las maravillas de la Naturaleza. Grano por grano, molécula por molécula, el combustible de carbohidrato que utiliza la célula en forma de glucosa mueve esa rueda productora de energía, milagro controlado por una enzima que echa a andar minúsculos cambios químicos. Esta fábrica consume y desecha dióxido de carbono y agua, y en cada ciclo de su movimiento crea una molécula que está dispuesta a combinarse con nuevas moléculas que entren en esta cadena sin fin para empezar un nuevo ciclo. En este universo todo es de tamaño infinitesimal, pero lo que ocasiona mayor perplejidad, reside en que la mayor parte del trabajo de oxidación se realiza en esa fábrica microscópica dentro de un pequeño departamento que son los mitocondrios. Los mitocondrios son gránulos formados por delgados manojos de enzimas de gran variedad, incluidas las necesarias para el ciclo oxidativo. Aquí es donde se completa la oxidación, es aquí donde se sueltan enormes cantidades de energía  que van a: mover los poderosos músculos, echar a andar el laboratorio del hígado, excitar los magníficos nervios o estimular las exquisitas neuronas (íd. 160, 161).
Mitocondria. Un pequeño departamento dentro de la célula que funciona como una eficaz planta de energía limpia.

Esa energía que elabora la célula y que pone en movimiento el cuerpo en todos sus intersticios es conocida por los químicos con el nombre de  trifosfato de adenosina (ATP) y es, por cierto, la corriente universal que se encuentra en todos los organismos vivos, desde el microbio hasta el hombre.

Los espermatozoides, los óvulos y el resultado de la unión de ambos que es la fertilización,  está dentro de los procesos que echa a andar el ATP, porque el trifosfato de adenosina es lo que permite ese estallido de actividad que se transformará en rana, en pájaro o en niño. Pero para que tan explosivo proceso reproductivo se convierta en esas especies es preciso que el trifosfato de adenosina se duplique, lo cual se obtiene con la oxidación, de no ocurrir esto la célula genera calor pero no se produce el movimiento, la respiración continúa pero no se produce energía, entonces, las consecuencias pueden ser desastrosas y con el tiempo puede sobrevenir la muerte (íd. 161, 162). Proceso nefasto que explica, entre otras cosas, por qué los pájaros en las áreas fumigadas ponen en sus nidos huevos infértiles o sus criaturas nacen pero mueren con precocidad, ya que sus espermatozoides y sus óvulos han tenido carencias del trifosfato de adenosina, debido a que los testículos y los ovarios de estas aves han sido dañados por los plaguicidas. (íd. 164, 165)

¿Cómo puede darse la falta de duplicación del trifosfato de adenosina? Una causa son los productos químicos como los insecticidas, los venenos para roedores y los matamalezas, el roce de nuestro cuerpo con estos tóxicos puede poner a nuestro organismo bajo el poder que tienen esas  sustancias de separar la oxidación de la producción de energía (íd. 162), poder semejante sólo similar al de la radioactividad liberada por las bombas nucleares, las centrales atómicas y el uranio  empobrecido -utilizado en la guerra contra Irak -el uso de este último es la forma más maligna del pensamiento de toda la historia de la humanidad-.

Ahora bien, el importantísimo proceso de la oxidación no sólo se detiene por falta de esa fundamental duplicación, basta que sólo una de esas enzimas que actúan dentro de los mitocondrios sea destruida o debilitada para que la fábrica entera sufra grandes problemas. ¿Qué puede destruir o debilitar una de las enzimas que trabaja dentro de los mitocondrios? de nuevo tenemos las labor de zapa de los indeseables plaguicidas actuando, porque cuando estos agentes logran penetrar en el interior de las células, atacan sin piedad a esa valiosísimas gemas que son las enzimas ¿Qué consecuencias provoca ese daño? al quedar las enzimas afectadas (consultar: 183, 184), los invasores privan de oxígeno a las células y las consecuencias son dramáticas, porque al retener el oxígeno, las células buscando sobrevivir desesperadamente desatan una multiplicación de sí mismas al tomar una vía alterna (ver fermentación: 181, 182) que desata desgraciadamente un proceso patológico cancerígeno. Lo que se consideraba normal, bajo los efectos de esa guerra invisible que se produce en el interior de nuestros cuerpos, entonces, se monstrifica y la enfermedad suplanta a la salud (íd. 162, 163).
El Trifosfato de adenosina (ATP) está presente en esa corriente universal que energiza todos los organismos vivos que habitan este planeta, en la mitocondria el ATP es el reactor molecular que labora incansablemente para dotar de vitalidad a todos los cuerpos, no obstante, a pesar de esta crucial importancia, ese fino mecanismo perfeccionado durante dos mil millones de años por la Naturaleza en un arduo proceso evolutivo, el hombre moderno ha creado compuestos artificiales que entorpecen su hermosa tarea, quienes se dedican a fabricarlos y vencerlos se ven favorecidos de continuar con esa debacle devastadora, porque esos daños ocurren dentro de un mundo invisible -el interior de nuestros cuerpos-.   

En conclusión: Este gigantesco universo donde existen infinitos mundos invisibles y piezas infinitesimalmente muy pequeñas puede ser entorpecido, porque nuestra terquedad moderna del uso indiscriminado de plaguicidas no permite el normal funcionamiento de su complejísima estructura. Los plaguicidas cuando se esparcen en nuestro medio ambiente atacan con sus bombardeos indiscriminados estas fábricas de energía (células) y con ello provocan un caos en las ciudades (cuerpo de cualquier ser vivo), las principales estrategias bélicas de estos agentes invasivos son, primero, impedir la duplicación de los trifosfatos de adenosina y, segundo, atacar las enzimas que laboran dentro de los mitocondrios.

Guerra de las galaxias en universos diminutos.


Pero existe otro universo aún más importante que el que se acaba de recorrer mediante un finísimo rayo de luz (el interior del cuerpo). Para concebir la existencia de este otro universo, primero, se debe considerar la humanidad como un todo, segundo, aceptar que  es mucho más valiosa que la vida individual, porque en ella existe un valioso patrimonio que es la herencia genética, y la importancia de ésta se debe a que establece nuestra unión con el pasado o con el futuro. Ese precioso patrimonio es el otro universo, y sus dimensiones son superlativamente más diminutas que las mitocondriales.

Formados los humanos a través de largos eones de evolución, los genes no sólo nos hacen como  somos, sino que además sostienen lo que seremos en el futuro. No obstante, la importancia de ese portentosa realidad, los agentes fabricados por el hombre pueden causar el deterioro de ese invalorable reservorio genético, y con ello esa irrupción de agentes extraños amenaza no sólo a nuestra especie, sino que ese peligro es extensivo para todo lo viviente, el deterioro de los genes son considerados por las razones aludidas en «el último y más grande peligro para nuestra civilización» (íd. 165). (Ver Nota N°1 al final del texto).

Otra vez los productos químicos y la radiación están presentes para alterar la buena marcha del sistema vida, en este caso se trata de algo serio, es decir, cambiar el curso normal de la evolución, y derivar hacia las mutaciones que resultan malignas desde todo punto de vista. Lo primero, de lo que hay que tomar conciencia de la gravedad de los plaguicidas, es que los efectos perversos de la radiactividad sobre el organismo se hallan también incluidos en muchos productos químicos, razón por la cual se les ha denominado radio-miméticos. Muchos plaguicidas son radio-miméticos, y son temibles precisamente porque dañan el cromosoma, portador de los materiales hereditarios. La afectación de los cromosomas (romper el juego completo de cromosomas que preserva la integridad de cada raza y de cada especie) equivale en este otro más diminuto universo al daño de los juegos de enzimas en los mitocondrios que se explicó con anterioridad, lo único que en este caso el desastre es mayor, porque no sólo afecta a la presente generación, sino que se transmite vía genética a las sucesivas generaciones de los seres vivientes que son perjudicados por sus efectos invasivos (deriva apocalíptica del problema). El futuro se deforma en esta otra vertiente del desagradable y ya asqueante problema de los pretendidos «plaguicidas inocuos», los cuales usa la humanidad día a día en nuestro mundo sintético civilizado (íd. 165, 166).

Segundo. En este terrible caso -de esta otra guerra de las galaxias de universos diminutos- las células germinales son las que sufren este trágico drama contra la Naturaleza. El hombre, la amiba, la gigante sequoya, la simple célula de la fermentación  no puede seguir existiendo como son  si se perturba la mitosis para la cual está destinada la célula germinal. La división celular (mitosis), será alterada en detrimento  de la conformación del organismo y esta anormalidad será, además, transmitida a su descendencia. Por esta senda de horror la Tierra ya nunca sería la misma, puede llegar a ser habitada por extrañas criaturas que habrían sufrido  un sobrecogedor número de mutaciones, donde las deformaciones serían la principal característica de los sobrevivientes. Las tumoraciones y mongolismos serán en ese repelente futuro lo corriente, y los síndromes que afectan la estatura o producen severas deficiencias mentales se confundirán en criaturas donde el sexo no queda bien definido. Son estas anormalidades absurdas y deplorables sólo algunas de las nuevas realidades que reconfigurarán al planeta ya hoy en día bastante maltrecho, cosa que ineluctablemente ocurrirá sí seguimos impregnando el medioambiente con productos químicos radio-miméticos que afectan a los equipos de cromosomas que se construyeron en un proceso evolutivo de dos mil millones de años (eones: un eón equivale a mil millones de años o a un período paleontológico). ¿No resulta un precio demasiado alto por conseguir frutos sin gérmenes, habitaciones sin zancudos, moscas y chiripas, o cultivos donde las primaveras son silenciosas y el paisaje es un desierto verde? (Ver al final de texto el APENDICE).

Hay que obligar mediante las leyes a los fabricantes de sustancias químicas a financiar  experimentos, mediante los cuales se puedan conocer los efectos que sus productos pueden tener en los genes (íd. 164/171), pero para que este se materialice es preciso que la «conciencia» se convierta en una fuerza de redención indetenible. La «conciencia» como fuerza crucial de la historia es el atributo determinante del «hombre nuevo», quien tendrá por principio-guía  reconocer al universo como un mundo holístico (Holón).
Células germinales y cromosomas del ser humano, una infinitesimal parte de nuestro organismo sometido a un bombardeo bélico que ya lleva un siglo de declarado y sólo es noticia esa prolongada guerra devastadora para las revistas científicas o libros como "Primavera silenciosa".   

NOTA N°1:
El deterioro de los reservorios genéticos que se están llevando a cabo atacando a las células germinales y seleccionando como objetivos brutales a los cromosomas es un daño de proporciones descomunales a la economía del sistema vida, la crisis que se puede desatar es apocalíptica. La soberbia humana no tiene parangón y nos convierte en la peor plaga del planeta, en vez de ser la cúspide del proceso evolutivo nos transformamos en bichos al desarrollar históricamente un Modo de Vida que se guía por los intereses mercantilistas, sólo cambiando el curso histórico volveremos a ser una prodigiosa «Criatura amical» para este planeta que es un punto insignificante en el cosmos. La humildad es la realidad basal del paradigma correcto.

GLOSARIO
Amical: amistoso. Criatura amical es una criatura amistosa.
Basal: Es la base de una formación orgánica. La humildad es la base de que sostiene el ser de una criatura amical.

 NOTA IMPORTANTE:
Incomodísimo.com modifica los textos de los libros que reseña, para llevarlos al estilo agridulce del blog, mediante el cual se deja entrever las verdades incómodas y subversivas que estas obras contienen, que alientan los artículos-reseñas de este Blog. En el caso de “Primavera silenciosa” nuestros textos dejaron fuera, el estudio de casos que con gran detalle Rachel L. Carson va describiendo y explicando, deja a sí mismo fuera, por lo general, a las interesantísimas soluciones alternativas que Rachel L. Carson  registra para resolver esos problemas que la civilización de la modernidad ha creado para tragedia de nuestra querida Gea o Pachamama. De allí que el libro en sí es insustituible y su adquisición es un imperativo, porque “Primavera silenciosa” es un libro fundamental para ser un medioambientalista por convicción bien fundamentada. Sin «ciencia» no hay «conciencia holística» o conciencia ecológica. Con aprecio de su Jefe de Redacción, Perro Senil.

Este libro fue adquirido en el Mesón de Ofertas, si mal no recuerdo, por Bs. 15 o Bs. 18 en la Librería Europa, Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela.

Rachel L. Carson. Primavera silenciosa. Editorial Crítica, Colección Drakontos. Barcelona, España, 2001. Páginas: 255.

 APÉNDICE
Así concebía el imaginario medieval europeo, en los inicios de la conquista, a los habitantes del continente prodigioso que denominaban como «las Indias». Utopía al revés que puede ser realizada en el siglo XXI sí somos lo suficientemente estúpidos como para dejar que el cerebro del mercado decida por nosotros qué hacer con este planeta.

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Carson X: Mundo invisible

5:47 Posted by Perro Senil.

La Era industrial ha crecido para inundar nuestro medio ambiente de serios problemas sanitarios. Otras clases de  peligros aparecieron con el moderno sistema de vida, la radioactividad, las sustancias químicas y los plaguicidas. Su presencia lanza una sombra siniestra y amenazadora. Contaminan el mantillo, el agua y los alimentos, tienen el poder de dejar yerma la tierra. Es algo trágico cómo se absorben en los organismos vivos pequeñas cantidades de veneno de un modo invisible, es el anuncio de futuros desastres. (Carson,2001: 151, 152).

Los peores enemigos de la salud, los químicos perjudiciales, penetran los cuerpos sin que estos puedan percibirlos. Ya no se trata de cómo contaminan los suelos, los ríos o el aire, ahora el asunto no es el mundo que nos rodea, sino se trata del mundo invisible que está dentro de nosotros, es decir, nuestros tejidos, nuestros órganos, el interior de nuestras células. Se trata de la ecología del universo que conforma nuestra totalidad como ser vivo atacada del mismo modo que lo hace sobre el mantillo (íd. 152).

Las grasas del cuerpo, el tejido adiposo, se constituye en el lugar donde se acumulan los insecticidas, cuando se adelgaza por alguna enfermedad, la misma se complica, porque esos venenos pasan al torrente sanguíneo. Lo primero que se afecta es el hígado, órgano que preside distintas actividades vitales, entre otras proporciona la bilis para la digestión de las grasas y, está profundamente implicado en el metabolismo de los principales elementos alimenticios, como el azúcar, las proteínas, el plasma sanguíneo. El hígado nivela el colesterol, las hormonas masculinas y femeninas, ayuda a almacenar las vitaminas. Sin un hígado funcionando bien el cuerpo queda indefenso ante los venenos, porque con sus funciones los convierte en inocuos. Pero al hígado dañado lo pueden dañar los plaguicidas -venenos muy peligrosos- y enferma de hepatitis o de cirrosis. Estos mismos químicos afectan también el sistema nervioso, atacando el cerebelo y el cortex, lo cual traerá cansancio, pesadez, dolor de los miembros, estado mental angustioso, extrema irritabilidad, temblores, aversión al trabajo y sensación de incapacidad intelectual (íd. 153/155).

La guerra contra los insectos se vuelca contra nosotros mismos cuando el control de las plagas reposa sobre los insecticidas químicos, uno de ellos es el dieldrín, éste puede traer pérdida de la memoria, insomnio, pesadillas y hasta la locura. Otro son los fosfatos orgánicos que tienen la capacidad de producir efectos perniciosos en el tejido nervioso y desordenes mentales. Y esto sin describir los síntomas terríficos de un envenenamiento por entrar en contacto las manos o los ojos o el aparato digestivo con estos productos tóxicos que rodean nuestras vidas en el lugar de trabajo o en los hogares. La destrucción temporal de los insectos mediante los plaguicidas trae un precio muy alto para nuestro íntimo y vulnerable mundo invisible -el interior de nuestro cuerpo- (íd. 157, 158).   
El control de plagas mediante insecticidas crea un entorno limpio de plagas, pero desgraciadamente un mundo invisible contaminado y envenenandose micrón a micrón durante toda la vida. El desarrollo de la ciencia del control de la naturaleza debe recibir un apoyo irrestricto, para conseguir con urgencia medios y métodos alternos ecológicamente sanos para limitar los bichos A ese plan se oponen los intereses de los fabricantes de plaguicidas que con sus aerosoles, espirales, plaquitas y líquidos obtienen fortunas considerables. Los movimientos medioambientalistas, en consecuencia, deben constituirse en una fuerza combativa que contrarreste con eficacia a quienes están creando las pandemias modernas. 
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Carson IX: Balumba

5:50 Posted by Perro Senil.

El ciudadano está rodeado de productos mortales y mantiene contacto con ellos a pequeña escala, día tras día, año tras año. Ese vínculo con peligrosos productos químicos, puede sernos desastroso. Cada uno de esos roces con esos tentáculos de contaminación contribuye al progresivo envenenamiento por acumulación (Carson, 2001: 141).
Se rocían las casas con insecticidas corrientes para uso doméstico, el uso de los venenos en la cocina se ha hecho, mediante una balumba de propaganda, en atractivo. Se nos dice que no es dañino ni huele a nada. La jardinería también suscita a los insecticidas a ingresar a nuestros hogares, en este caso, no son sólo muy peligrosos como los domésticos, son supervenenos (íd. 142).



Al mercado ingresan un río incesante de nuevos preparados, para aplicarlos en la ropa o en la piel como repelentes, ceras garantizadas que matará a cualquier insecto que pase por encima, otros productos químicos venenosos están incorporados a pinturas o son un componente en los nuevos materiales sintéticos (íd. 142, 143).
En los alimentos que ingerimos en restaurantes están presentes esos productos -los análisis realizados a los alimentos han dado positivo- promovidos por la balumba de propaganda que  señala que es imprescindible su uso. Además, antes de recibir sus dosis de insecticidas en esos locales, esos  venenos ya vienen incorporados en las carnes  y en todos los productos derivados de la grasa animal, están en la mantequilla, quesos y productos lácteos, pues contienen fuertes residuos de esos químicos indeseables. El  Departamento de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos calificó este hecho de «muy descorazonador» (íd. 143/145).
Esos resultados positivos -sobre alimentos contaminados- alarman, porque los análisis realizados en las fuentes proveedoras de ingesta alimenticia señalan sobrecogedoras violaciones de las normas de seguridad en el empleo y uso de estos insecticidas, por ejemplo, los hortelanos aplicaban dosis superiores a las indicadas en las instrucciones de los productos y abusaban en el número de insecticidas aplicados, también ocurren contaminaciones por accidente que impregnan los alimentos ¿Pero nos protege el gobierno de semejantes cosas? No (íd. 146).

Las autoridades de sanidad permiten una pizca de veneno en nuestros alimentos -un poco de éste, un poco de aquel-, el nivel de tolerancia pasa por alto el amontonamiento de productos químicos de diferentes procedencias, por consiguiente no tiene significado hablar de «inocuidad». Se está autorizando la contaminación pública de la comida, al consumidor le dan el veneno sin miramientos (íd. 146/148).

La educación del público para que no acepte ninguna cantidad de residuos químicos, pasa por reglamentar la balumba de propaganda que hace atractivos a los insecticidas y como de uso imprescindible. El consumidor debe conocer la verdadera naturaleza de estos productos y su larga lista de víctimas. Estos productos que se ofrecen a la venta en las tiendas y supermercados son parte importante de un arsenal que cada día es más vasto de armas contra los comensales. Quienes lo compran tienen el derecho de saber el daño que causan al medio ambiente y esto se logra incorporando esa información en sus etiquetas y en los sketch publicitarios (íd. 148, 149). Estamos en el derecho de saber cuándo el alimento que adquirimos proviene de una localidad libre de venenos.  

GLOSARIO
Balumba: conjunto desordenado y excesivo de cosas.

Sketch: pieza breve, escena o historieta que se transmite por televisión.

Los insecticidas pasan por productos «caseros», «hogareños» y «familiares» en la balumba de propaganda con la cual somos bombardeados en la televisión y, no simplemente como lo que son: «Veneno» que no sólo causan víctimas entre las plagas, sino también sobre todos los seres vivos.

Carson VIII: Gran Negocio

7:10 Posted by Perro Senil.

En los Estados Unidos las pulverizaciones aéreas son una «pasmosa lluvia de muerte» que se lanza sin discernimiento desde el aire sobre bosques, plantíos y ciudades. Son millones de acres de terrenos sometidos a campañas masivas. Operaciones basadas en una enorme exageración de la necesidad de las mismas (Carson, 2001: 127).

Estos programas no alcanzan a realizar sus propósitos. Es el caso de la polilla egipcia, esta permanece en Estados Unidos desde hace cosa de un siglo. Pero es en el siglo XX que la guerra total del Departamento de Agricultura contra este insecto empezó a escala ambiciosa (íd. 128). Rociaron huertos y granjas, lagos y marjales, también los suburbios. El malestar causado trajo las quejas de los ciudadanos que llegaron incluso hasta los tribunales (íd. 129).

Las pérdidas por estas lluvias de muerte fue cuantiosa, pero los contratos concertados con una firma fuera del Estado, sin dirección y sin el requisito legal de registrarla libró a los empresarios encargados de la fumigación de las querellas judiciales por los daños infringidos a los ciudadanos y a la Naturaleza. Un testimonio del destrozo decía «Es una cosa verdaderamente angustiosa eso de pasar por un jardín en mayo y no oír un zumbido de abeja» (íd. 131).

 El balance del «gran negocio» es que sus promotores obtuvieron enormes ingresos, pero la polilla egipcia reapareció después de ser aplicado este desastroso programa, la dispendiosa operación le salió cara a los contribuyentes, en realidad no había servido de nada (ídem).

El Departamento después de este fracaso se olvidó de la polilla y se embarcó  en otro plan más ambicioso, esta vez prometían el «descaste» de la hormiga roja. Un insecto que no estaba en la lista de plagas, pero que los burócratas lo describían como un azote y un asesino de pájaros, ganado y hombres, emprendiendo una de las campañas publicitarias más notables de su historia. En la propaganda cinematográfica se montaron escenas horrorosas, la hormiga roja fue descrita como seria amenaza a la agricultura y vida silvestre. Además su picadura era inminentemente peligrosa para la salud humana- Nueve estados del sur debían ser pulverizados, para lo cual ganaron el apoyo en el Congreso (íd. 132, 133).

En edificios como este -Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica- se someten los programas que van a ser aplicados en la nación, es probable que estas campañas de fumigación contra la polilla egipcia y las hormigas rojas fueron aprobadas, porque se esperaba librar a los EE.UU. de unas serias amenazas insectiles, pero también porque por sus costos, escala e involucramiento de diferentes actores del mercado sería un estímulo para la economía norteamericana, es decir, ayudaría a registrar tasas de crecimiento del producto interno bruto. El asunto es que esas campañas las pagan los contribuyentes y estos al contrario de aquellos actores del mercado en vez de resultar beneficiados resultaron perjudicados, porque al contaminar el medio ambiente se desvaloriza el patrimonio público, lo cual es lo mismo que empobrecerse mientras aquellos se enriquecen. El problema del siglo XXI es que sí se traslada esa agricultura industrial y química con las transnacionales del alimento hacia Nuestra América, se llegue a ver  actuar en nuestros Congresos o Asambleas nacionales a quienes propongan a las cámaras deliberantes esas masivas fumigaciones contra las “plagas” insectiles, que enriquecen a unos pocos y depauperan a todo un colectivo.

Los datos estadísticos y científicos recabados de diferentes fuentes, incluidos los informes del mismo Departamento de Agricultura y de la Sociedad Entomológica, no respaldaban las aseveraciones alarmistas, por lo contrario  señalaban: «los daños en las plantas son raros en general», «no se ha recibido ningún informe de destrucción de ganado». Y en cuanto a la incidencia en la salud humana, se registraba que sólo se había producido una muerte de un individuo sensible a la picadura de insectos, en contraste, en sólo un año las picaduras de abejas y avispas habían provocado 353 decesos, sin que a nadie se le haya ocurrido la propuesta de «descastar» a estas especies (íd. 133).

El «gran negocio» de combatir a las hormigas rojas paradójicamente produjo los resultados nefastos que se le endilgaban al insecto, los venenos utilizados en esta campaña crearon verdaderas devastaciones en la vida silvestre y la muerte de aves de corral, así como infligieron pérdidas a la ganadería y problemas serios en otras bestezuelas domésticas como cerdos y cabras. Entre los pájaros las estadísticas negativas son sobrecogedoras. Esta situación sólo se produjo en terrenos tratados contra las hormigas rojas ¿qué hay del ganado de leche que pasta en esas tierras? ¿Acaso se tomaron o no precauciones para proteger a nuestros niños que toman leche de esas vaquerías? la respuesta es negativa (íd. 134/137).

Este programa del Departamento de Agricultura en la práctica era más caro, más perjudicial y menos eficaz que otros métodos de control alternos. No sólo no se destruyeron de un modo permanente las hormigas rojas, sino que al combatirlas se eliminaron colateralmente a las especies predadoras de insectos, lo cual provocó el resurgimiento impetuoso de insectos destructores de cultivos. Ahora hay más que nunca terrenos infestados que cuando se inició el programa (íd. 139). Irónicamente los métodos alternos tienen un gran defecto en una economía mercantilizada, no poseen la enorme ventaja de constituir una extraordinaria oportunidad de concretar un «gran negocio».

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Carson VII: Comensalía

12:22 Posted by Perro Senil.

Velar por la producción de alimentos ecológicamente sanos es lo único que permite el gozo absoluto de la celebración del sacramento de la comensalía, porque es absolutamente injusto asegurar la ingesta del ser humano empobreciendo al sistema vida que lo sustenta. Alimentarse emponzoñando el mantillo, el manto verde, los océanos, la biosfera entera, no tiene nada de sagrado y si todo de indigno. Sólo lo que propenda, entonces,  a mejorar el metabolismo de la Naturaleza justifica y hace  válido los métodos y mecanismos que se utilizan para intensificar la capacidad de crear riqueza alimentaria. Es imperiosamente necesario, en consecuencia, producir con métodos y mecanismos que pletoricen la existencia humana respetando los Derechos de la Naturaleza, porque no se puede producir, por ejemplo, papel, condenando a la inanición a la descendencia de los salmones, hermosos peces que llevan a cabo el ritual de la reproducción de su especie en las cabeceras de los ríos, para concluir así espectacularmente su fascinante ciclo vital en medio de un bosque de coníferas.

En el capítulo “Ríos de muerte” Rachel Carson narra la historia del salmón que muere de hambre, porque las pulverizaciones químicas han eliminado los insectos de los que se alimentaban estos hermosos peces. Dice: Los insectos del agua habían muerto, y no quedaba qué comer para el salmón (Carson, 2001: 110). Y agrega: Es necesario muchísimo tiempo, para que esos insectos vuelvan a constituir número suficiente para alimentar una población normal de salmones. Tiempo medido en años. Las especies más pequeñas, como moscas y mosquitos,  se rehacen con bastante prontitud. Esos son alimentos adecuado para los salmones más pequeños. Pero no se produce tan rápida repoblación en los insectos acuáticos mayores, de los que dependen los salmones de dos o tres años (íd. 111).

La invasión de plaguicidas que se emplean para proteger los bosques de los insectos amenaza tanto a la pesca recreativa como a la comercial (íd. 116). Y, lo dramático, es que las colonias de orugas que se combatían porque defoliaban a los pinos, árboles básicos para la producción de papel, se habían hecho resistentes y por tanto el plan fue del todo ineficaz (íd. 111). Lo mismo ocurrió con las rociadas de millones de acres para exterminar la hormiga roja, el pescado adulto, como las lubinas y ruedas, murió en los días que siguieron al tratamiento. Igual las matanzas de ranas y otros seres vivos de agua, incluidas especies que no existen en otras partes del mundo (íd. 117). Todo esto ocurrió porque hubo lluvias densas y frecuentes que arrastraron los productos químicos rociados en las granjas hacia los ríos que se transformaron en «ríos de muerte» (íd. 118).

Las marismas reciben, también, esas sustancias indeseables, y allí la vegetación del mar, el plancton,  puede perecer lo que puede causar devastación entre los moluscos como las ostras y las almejas. Desde las granjas, todos los días, los plaguicidas avanzan hacia los estuarios, marismas, bahías y otras aguas costeras que reciben la carga infectadas de las corrientes que fluyen hacia lagos y mares (íd. 121), y miríadas de peces y crustáceos que son cosechados en los océanos corre, en el peor de los casos,  el peligro de ser exterminados, o en el caso de sobrevivencia, entonces, quedan contaminados y esos tóxicos químicos pasan al hombre que los consume (íd. 122/124).

Una extraordinaria fuente de comensalía para la humanidad está seriamente amenazada, hay que apartar los venenos de nuestras corrientes de agua para salvar la vida de los océanos y para propender en el futuro a resolver los problemas de la comensalía para todos los seres humanos ¿Cuándo reclamará el público con furibunda indignación contra esta guerra no declarada a esos reservorios gigantescos de alimentos por parte de quienes creen en la eficacia de los plaguicidas? (íd. 125). Carson señala que debemos hacer amplio uso de métodos alternos ahora conocidos y entregar nuestro entusiasmo y nuestros recursos a desarrollar otros (íd. 115). Para incomodísimo.com la ciencia del control de la naturaleza debe ser intensificada mediante investigación y desarrollo y, como capítulo estelar, las transnacionales de los venenos deben ser detenidas con reclamos públicos furibundos 
El mar está destinado a ser el gran paliativo del hambre que asola a la inmensa mayoría de la humanidad, sembrar en sus océanos peces y moluscos y cosechar ese esfuerzo, en especial, para los comensales hambrientos está en la agenda de la liberación del hombre de la pobreza, sin embargo, este objetivo supremo pasa, primero, por arrebatar ese medio ambiente de las garras de las naciones mezquinas -las más ricas- que lo vacían sin sembrarlo y, segundo, librar a los océanos del terror de los envenenamientos originados en los predios de la agricultura química, la cual es uno de los más colosales problemas que se enfrentan en este incompleto y deforme mundo moderno. En la foto ejemplares de atún capturados por buques equipados con equipos industriales.

Carson VI: Descastar

5:26 Posted by Perro Senil.

Sobre crecientes extensiones de Estados Unidos, llega ahora la primavera sin ser anunciada por el regreso de los pájaros, y los tempranos amaneceres están extrañamente silenciosos. Este repentino silencio, esta obliteración del color, de la belleza y del interés que los pájaros confieren a nuestro mundo, ha venido insidiosamente y sin ser notado avanzando sobre comunidades aún no afectadas por la carencia del canto de las aves. ¿Qué es lo que está haciendo el hombre de nuestro perfecto y bello mundo? (Carson, 2001: 89, 90)

La población volátil ha sufrido una increíble reducción, creando asombrosamente el fenómeno de «espacios vacíos», despoblados por completo de toda vida volátil. ¿Cómo empezó esta pesadilla? El olmo americano es un árbol que forma parte de la historia de millares de ciudades de los Estados Unidos, con este árbol se llenaron grandes espacios, sin saber que la carencia de variedad era abrir la puerta al desastre. Ciudades enteras alineaban exclusivamente olmos en sus calles, convirtiéndose este árbol  en emblema nacional. En el año de 1930 una enfermedad proveniente de Europa empezó a ser transmitida por el escarabajo del olmo, el mal se extiende del árbol enfermo al sano por este insecto y, para dominar el mal se dirigieron los esfuerzos a exterminar el insecto portador. Potentes pulverizaciones dirigieron un torrente de veneno para matar a los escarabajos del olmo, llevándose consigo también a la muerte segura a las abejas y arañas, pero también a las aves ligadas al olmo americano como el petirrojo (íd. 91, 92, 100).

Olmo americano

El torrente de veneno forma una película sobre las hojas y la corteza, y sobre los escarabajos. Las lluvias no lavan esa fina película de veneno. En otoño las hojas caen a tierra, se acumulan en lechos empapados y empieza a fundirse con el mantillo. En ese proceso ayudan las lombrices de tierra, se tragan el insecticida al alimentarse de las hojas descompuestas, algunas mueren, pero otras sobreviven para convertirse en «amplificadores biológicos» del veneno, lo acumulan en el aparato digestivo, en la sangre, en las venas, en los nervios y en las paredes del cuerpo. Cuando la primavera regresa llegan con ella los petirrojos, quienes consumen las lombrices, sólo 11 pueden transferir una dosis letal para esta ave. Los pájaros que no mueren pueden verse cernir sobre ellos la sombra de la esterilización. Los análisis demostraron las altas concentraciones tóxicas en sus testículos y ovarios que la ocasionaban (íd. 92, 93).

Los pájaros en general, han disminuido tanto como en un 90 por ciento en algunas de las ciudades pulverizadas. Han sido afectadas las especies que se alimentan en la tierra, en las ramas, en los troncos y las aves de presa. Estos pájaros envenenados provocan víctimas secundarias entre los animales que las cazan. Otra pérdida, es el resultado de la muerte de aves que libran a los árboles de plagas, ese importante papel de los pájaros en la limitación de los insectos se pierde y estos árboles sucumben a los ataques de insectos que los dañan. Lo que se traduce en inmensas pérdidas, las cuales se suman a los enormes gastos en pulverizaciones que no producen resultados duraderos, se está pues con esta opción al final peor que al comienzo del ciclo. Después de estar durante diez años fumigando a los olmos para librarlos del escarabajo, vino un año húmedo que trajo condiciones especialmente favorables para el escarabajo y la mortalidad de los olmos creció en un 1.000 por ciento (íd. 96/98).

Esta historia del olmo y el escarabajo se repite donde hay mucha agricultura, en todas esas áreas parecían haberse producido las mayores pérdidas, después de haberse ejecutado multitud de programas para resolver problemas con los insectos (104, 94). El intento de «descastar» al escarabajo del olmo o a cualquier otra criatura que pueda molestarnos mediante los productos químicos como el aldrín, dieldrín, paratión, percloruros o similares han resultado inconvenientes para la vida silvestre, el ser humano y la economía. ¿Quién tiene el derecho a pretender crear un mundo sin insectos –o sin aves que se alimenten con mazorcas de maíz-, quién tiene el derecho a decidir a crear un mundo estéril? Esa decisión autoritaria de alguien revestido de poder temporalmente afecta a millones de individuos, para quienes la belleza y el orden de la naturaleza en el planeta tienen un significado profundo e imperativo. Nadie puede arrogarse el derecho a «descastar» las criaturas que pululan en este planeta (íd. 104/107).   

La agricultura de fumigaciones masivas se va a trasladar en el siglo XXI desde los países avanzados hacia América Latina, trayendo consigo todos esos males que Rachel L. Carson señala ocurrieron en el siglo XX en los Estados Unidos de Norteamérica. La biodiversidad de nuestro continente atraerá irresistiblemente a la Unión Europea a penetrar el campo de este continente, lo cual es un camino para salir de la crisis económica en la cual están sumidas esas potencias, repitiéndose los eventos infames del siglo XVI en el siglo XXI. Las fuerzas históricas que se están poniendo en movimiento, con estos planes, no están siendo analizadas del modo debido por quienes se dedican al estudio político y a la acción crítica en Nuestra América. Escenas como la de esta fotografía son las que amenazan al descomunal sistema ecológico de este continente que respira con su pulmón amazónico para mantener la dinámica vigorosa de este cuerpo astral, pero que en el futuro próximo puede estar inhalando los productos venenosos del Gran Negocio -asociado a la corrupción de funcionarios gubernamentales y autoridades de los Estados-.

Carson V: Pesadilla de excesos

8:46 Posted by Perro Senil.

La destrucción de los insectos no sólo es innecesaria, sino que es una pesadilla de excesos. Los insecticidas son venenos mortales y, por consiguiente, emponzoñan toda la vida. La muerte es una cosa horrible cuando es causada por una intoxicación, la alondra que surca el firmamento hace más grata la vida humana, y sin embargo su recompensa,  es que antes de expirar debido a esas sustancias letales pierde la coordinación muscular y no puede volar ni sostenerse, continua batiendo las alas y contrayendo las garras mientras está tendida de lado. Tiene el pico abierto y la respiración es difícil. De tal modo que este asunto de las fumigaciones para eliminar a los insectos es una cuestión que no sólo es científica sino moral. Al asentir a un acto que causa semejantes sufrimientos a una criatura viviente ¿quién entre nosotros no queda disminuido como ser humano? (Carson, 2001: 77, 87 y 88).

Millones de kilómetros han sido rociados en Norteamérica para librar los cultivos de los odiados insectos, trampa letal en la que también sucumbe la vida silvestre, el resultado ha sido la destrucción sobrecogedora de todos los animales y exponer al peligro a los seres humanos, expuestos a un innegable daño. Los ataques a gran escala desde el aire han escogido el aldrín, una de las sustancias más peligrosas, por el deseo de ahorrar dinero -el aldrín era el más barato- haciendo caso omiso de la naturaleza extremadamente venenosa de ese compuesto. El plan de uno de esos ataques a gran escala era el de acabar con el escarabajo que ataca la raíz del maíz (íd. 78/80).

Este escarabajo en su estado larvario ataca la raíz del maíz.

Como el producto penetra en el terreno, los escarabajos envenenados salen a la superficie, atrayendo mientras mueren a los pájaros insectívoros, los  cuales fueron virtualmente exterminados. Con posterioridad lombrices de tierra fueron halladas muertas en gran cantidad después de una abundante lluvia. Las aves que se bañaban  y bebían en los charcos fueron inevitablemente condenadas a muerte. Los pájaros que sobrevivieron probablemente quedaron estériles, en los nidos sus huevos no contenían ninguna cría. Las ardillas fueron virtualmente aniquiladas, las ratas almizcleras, conejos y zorras desaparecieron. En las granjas el noventa por ciento de los gatos cayeron víctimas, los gatos son extremadamente sensibles a los insecticidas de cualquier clase (íd. 82 y 83).

El aldrín es de 100 a 300 veces más tóxico que el DDT, no obstante, el escarabajo continúa su movimiento expansivo debido a esta ineficaz guerra química. Los estados donde este insecto tuvo su aparición (el escarabajo es un insecto importado) en los tiempos anteriores al invento de los insecticidas sintéticos, no sólo han superado la plaga, sino que han mantenido al insecto bajo limitación por medios que no han representado ninguna clase de amenaza a otras especies vivientes, en estos territorios pusieron en juego fuerzas naturales de contención que fueron efectivas (íd. 85).

Pero los que desean resultados inmediatos, cuesten lo que cuesten, seguirán usando los productos químicos contra este coleóptero, el cual no es tan amenazador como lo hace figurar la propaganda de los grupos de interés. El control químico necesita frecuentes y costosas repeticiones, con el expediente de que con la ejecución del plan (bajo el impulso de los empresarios y las autoridades) pudo observarse de que se habían producido enormes pérdidas de animales salvajes. Además, en estas áreas sometidas a esa ofensiva química o pesadilla de excesos, ya no surcan los pájaros los cielos ni se escucha su canto, hay silencio en vez del sonido de la vida. La cuestión es si alguna civilización puede desencadenar una guerra implacable contra los insectos sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho de llamarse civilización (íd. 82, 87).

 NOTA DE ACTUALIDAD TOMADA DE NATIONAL GEOGRAPHIC: La planta del maíz es capaz de solicitar auxilio de los nematodos benéficos cuando es atacada por las larvas del escarabajo, lo hace emitiendo en sus raíces un gas que atrae a los nematodos devoradores de larvas. Lo curioso de este descubrimiento es el terrible hallazgo de que, en aquellos plantíos donde se ha protegido durante años el cultivo mediante pulverizaciones químicas, estas plantas pierden esa maravillosa capacidad natural de hacerse «escuchar» por otro ser vivo para que acudan en su auxilio. Los científicos están intentando restituir esa defensa natural que en esos cultivos se ha perdido, es decir, están intentando que la planta vuelva a tener la facultad de llamar a los insectos que la pueden salvar de ese ataque, lo que es tanto como decir de que tengan de nuevo «su voz», la cual también enmudecieron los tratamientos químicos. La pesadilla de excesos silenció a los pájaros y a las plantas ¿silenciará a los defensores del planeta?
Rachel L. Carson. Primavera silenciosa. Editorial Crítica, Colección Drakontos, Barcelona. 2001 Páginas: 245

Carson IV: Riqueza / Pobreza

12:02 Posted by Perro Senil.

La riqueza del planeta depende de la trama vital que se teje con las relaciones íntimas entre unas y otras plantas, entre plantas y animales y entre el manto verde de la tierra con el mantillo, ese complejo metabolismo está amenazado por «gran negocio» de nuestros días, la producción de «matamalezas» (Carson, 2001: 61).

La maleza y la perdiz parecen hechas la una para la otra, cuando se reduce la maleza, empiezan a disminuir las perdices, esos matojos lo son todo para estas aves. Lo mismo sucede, por ejemplo, con el antílope y el venado, para estos los jarales son su forraje de alto valor alimenticio en tiempos de sequía, temporada en la que los pastos desaparecen, además, los jarales se caracterizan porque durante los incendios sus semillas pirófilas quedan listas para restablecer la vegetación de matorral sobre el terreno asolado -la semilla de estas especies germina ayudada por el fuego-, lo que impide la degradación del  suelo y de la vida que allí se sostiene. Animales y plantas constituyen, pues, un sistema natural en perfecto equilibrio (íd. 63).

En nombre del progreso se están organizando las cosas para satisfacer las insaciables demandas de los ganaderos que desean más terrenos para pastos. Así, en un territorio donde coexistían los herbazales y los matorrales, son sometidos a las pulverizaciones de los matamalezas, bajo el amparo de las oficinas gubernamentales y el entusiasmo de la industria, la cual promueve y alienta el extenso mercado que va desde esos productos químicos hasta la fabricación de una serie de máquinas para la actividad agrícola ¿Cuáles son los resultados? (íd. 62 y 63).

La relación entre los matorrales y los prados tiene que ver con la retención de la humedad, y la vida silvestre es rica bajo esa relación durante todo el ciclo anual, lo que quiere decir, que si uno de los términos de esa ecuación es eliminado la tierra se empobrecerá para enriquecer monetariamente a quienes intervienen irracionalmente en estos ecosistemas con su mundo empresarial edificando una esfera artificial que suplanta a la natural (íd. 63).

El empobrecimiento es intenso, puesto que las pulverizaciones químicas no sólo eliminan las malezas, sino también a una gran variedad de plantas, de allí que su destrucción ecológica es más grave de lo que se pretendía en un principio. Puesto que de esas plantas dependen verdaderos edificios de vida que,  involucran especies de animales que crean verdaderos nichos ecológicos que incluyen mamíferos, aves y peces, y que crean lugares atractivos y amenos de interés para la caza y la pesca. Un paisaje antes rico en vida es ahora, entonces, un escenario marchito y moribundo como resultado de la intervención inadecuada de una actividad económica humana en esos parajes del todo inapropiada para el metabolismo, por ejemplo, de la selva, el bosque o la estepa (íd. 64).

Tremendas extensiones son incorporadas para beneficio de estos «grandes negocios» que conscientemente ignoran los verdaderos costos de esas actividades, los costos, no sólo en dólares, sino en otras muchas cosas de inapreciable valor como antílopes, venados, truchas, pájaros, plantas silvestres que constituían nichos ecológicos de la gran trama vital que se teje en torno al planeta, los costos son en consecuencia realmente intolerantes, son demasiados caros, porque lo que antaño era bello y hermosamente adornado hoy es una enorme extensión intensamente depauperada (íd. 65).

Venado caramerudo en una estampilla de Venezuela del año 1963.

La riqueza como sinónimo de belleza está siendo sustituida por una fealdad depauperizadora disfrazada de progreso. Es el mundo estéril y repugnante que estamos permitiendo que nos fabriquen los técnicos. Los valores estéticos de la naturaleza salvaje son una herencia que hemos de proteger de la voracidad de los ganaderos inescrupulosos, es decir, de aquellos que colocan las ganancias de su sector, por encima del interés de preservar a todo costo el metabolismo de la Naturaleza. Estos negociantes enamorados del dinero al arrasar los habitáculos y la comida de las criaturas salvajes hacen algo que es quizá peor, a la larga, que asesinar las criaturas salvajes directamente (íd. 67/69).

Narra Rachel Carson cómo en una reunión oficial de agricultores que discutían las protestas presentadas por los ciudadanos contra los planes de fumigación de malezas, presenció la hilaridad que causó que una vieja señora de la comunidad se opusiera, porque las flores silvestres iban a ser destruidas con esas fumigaciones (íd. 67). Las flores silvestres son miembros prominentes del habitáculo del cual dependen las abejas y las avispas, quienes  son los insectos fecundantes por excelencia, muchas de las hierbas, arbustos y árboles dependen de ellas para su reproducción (íd. 68).

Existen otros medios [los cuales Rachel Carson expone y explica magistralmente en estas páginas] para llevar adelante la ganadería, recursos que garantizan un éxito permanente, además, inmensamente más baratos y, en especial, medios milagrosos que enriquecen el metabolismo de la Naturaleza, pero esa vía condena a los representantes del progreso en la actualidad vigente  y además hegemónico a una vida económica más modesta, en otras palabras, el precio que se ha de pagar para enriquecer el sistema vida demanda la extinción de los «grandes negocios» de la industria vinculada con las actividades agropecuarias (íd. 69/76).

Para Perro Senil los «grandes negocios» convierten a los miles de millones de agricultores que viven de la vida campesina en «los desechables» de nuestra época, al igual que toda la vida salvaje y silvestre de la cual también se puede prescindir para maximizar las ganancias. Absolutamente todo lo que se puede observar en esta foto tiene -como dice Rachel Carson- un específico valor en dólares en este mundo artificial que la Era de los Venenos está expandiendo a todos los continentes. Es una verdad incómoda que a nombre de ese progreso degradador del sistema vida se asperjan los cultivos modernos, para cuidar la inversión de capitales como la única premisa válida. La vida moderna ha reducido nuestra percepción de la realidad, mediante esa falsa premisa empresarial, condenándonos a una ceguera colectiva la cual persistirá hasta el día en que se cuestionen esas ideas prevalecientes acerca de lo que es la riqueza y la pobreza.
El nuevo paradigma -para incomodisimo.com- se tiene que construir con una nueva economía, la cual demanda un concepto más amplio y más crítico acerca de la crucial oposición antagónica Riqueza/Pobreza.
Rachel L. Carson. Primavera silenciosa. Editorial Crítica, Colección Drakontos, Barcelona. 2001. Páginas: 245. 

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Carson III: Mundo Mantillo

6:47 Posted by Perro Senil.

De una fina película extendida alrededor de la tierra depende la vida de la vegetación, esta cobertura es el mantillo. El mantillo  es un mundo sorprendente. El mantillo es una creación de la vida, fue elaborado por los seres vivos primordiales, criaturas que poco a poco convirtieron a los minerales y materiales inertes en mantillo. En el mantillo viven miríadas de organismos capaces de sostener el gran manto verde de la tierra, y están íntimamente relacionados con los animales vivos (Carson, 2000: 54).
La diferencia entre un desierto y un bosque depende del mantillo.
En su mundo pululan bacterias y hongos, sus más importantes habitantes, éstos reducen los residuos de plantas y plantas a sus componentes minerales. Las bacterias fijan el nitrógeno lo cual es la clave de la fertilidad de esta delgada capa. Los hongos permiten a las raíces de las plantas absorber esos minerales que las nutren. Otros microorganismos del mantillo producen oxidaciones y reducciones mediante las cuales el hierro, el manganeso y el sulfuro se transforman y se hacen útiles para las plantas. (íd. 54).

Un buen mantillo asegura una capa de humus que caracteriza a un suelo fértil.

En el mantillo hay también un número prodigioso de insectos microscópicos y rudimentarios que colaboran con la lenta transformación de la piedra en mantillo, así mismo maceran y digieren las hojas las cuales mezclan con aquellas materias en descomposición. En ese interesante mundo también viven pequeños mamíferos y tienen allí sus habitáculos, airean el mantillo y aumentan su drenaje. Pero ninguno de esos seres es tan importante como la lombriz de tierra, la cual es un gran fabricante de humus (íd. 54, 55).

¿Qué les sucede a estos habitantes cuando los productos químicos venenosos son vertidos en su mundo mantillo? Las plantas y los animales que viven en este planeta dependen de la actividad que desempeña esa comunidad subterránea. La ecología del mantillo está amenazada por los fungicidas, herbicidas e insecticidas, estos venenos pueden alterar la actividad metabólica del mantillo y afectar su productividad (íd. 56).

Los plaguicidas tienen una larga permanencia en el mantillo y causa un envenenamiento acumulativo, los residuos de estos venenos en ese medio pueden ser virtualmente indestructibles, es casi seguro que nos estamos encaminando a grandes tribulaciones al lanzar ese atentado terrorista contra los habitantes de ese Mundo Mantillo. Unos cuantos pasos en falso por parte del hombre pueden conducirnos a la destrucción de la productividad de la tierra que depende de esa horda de infatigables trabajadores (id, 56, 57, 59). Es una incomodísima verdad que, el Apocalipsis hoy en día está escrito con otras líneas en su fatídico guión. La destrucción del Mundo Mantillo transformaría a la tierra en un enorme desierto.

Rachel L. Carson. Primavera silenciosa. Editorial Crítica, Colección Drakontos. Barcelona, 2001. Páginas: 255.

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