Revolución de la riqueza VIII: «Los otros» (a)

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La riqueza revolucionaria viene acompañada de la mejor oportunidad de acabar con la pobreza mundial. La pobreza tiene muchas causas, desde las políticas económicas y malas instituciones políticas  hasta los cambios climáticos, las epidemias y la guerra. En torno al tema de la reducción de la pobreza mundial, ha crecido una «industria» de la ayuda archimillonaria en dólares. Entre 1950 y 2000, más de un billón de dólares fluyó del Primer Mundo a los países pobres, en forma de «ayuda» o «ayuda al desarrollo». Sorprende el fracaso a la hora de erradicar la pobreza mundial tras medio siglo de esfuerzo internacional concertado. No obstante, para la especie humana, también maravilla, que más de seis mil millones de personas sobrevivan hoy en el planeta, incluidos los más de tres mil trescientos millones que viven con dos dólares (Toffler, 2007: 393, 394).

Antes de la revolución industrial la pobreza extrema incluía a Europa, donde los pobres abarrotaban las ciudades, mendigando y robando para sobrevivir. Con innumerables niños, mujeres, ancianos y enfermos abandonados. La dieta habitual en Francia a principios del siglo XVIII era tan bajo  como el de Ruanda en 1965, el país más desnutrido del planeta (íd. 394, 395).

El  sistema de riqueza industrial empezó a sustituir a la agricultura, creció la población y cifras significativas empezaron a salir de la pobreza absoluta (íd. 395), apareciendo nuevas formas de pobreza y de miseria. El resultado general del proceso a la larga en los países industrializados, sin embargo, fue consolador y los economistas y planificadores convirtieron en una receta lo que hoy se denomina «desarrollo» o «modernización». Esta estrategia de la segunda ola fue propagada, con infinitas variantes, por los Estados Unidos y la Unión Soviética, por las Naciones Unidas y otras organizaciones, el mensaje era que cada país tenía que repetir la revolución industrial (íd. 395).

No existía ningún modelo alternativo a esa propuesta. En la década de 1970 algunos críticos atacaron dicha estrategia y propusieron no concentrarse en las fábricas y la urbanización que las acompañaba, sino en tecnologías «adecuadas» o «alternativas», que fueran sostenibles y que enfatizaran los recursos locales. Ese movimiento alienta las microfinanzas, las pequeñas empresas y el empleo de la ciencia. Emana muchas innovaciones imaginativas y está concebido para poner ralentí a la industrialización desbocada y mantener a la población campesina sujeta a la tierra, idealizan la vida de aldea y predican que «lo pequeño es hermoso» (íd. 395, 396). La tecnología industrial avanzada para producir alimentos está profundamente cuestionada por estos movimientos (íd. 397).

Las tecnologías de la tercera ola ofrecen por primera vez potentes formas de combatir la pobreza de los más pobres. En la producción de bienes industriales países como Japón pasaron de la «típica porquería japonesa» con la que entraron a los mercados del mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial -concesión que le hizo Estados Unidos a partir de consideraciones de estrategia geopolítica para recibir sus exportaciones- a un país que desde ya hace unas décadas, por ejemplo, saca coches en sus fábricas de alta calidad que invaden el mercado estadounidense, y que asombran al mundo con productos nunca vistos y con marcas que ya son íconos de estos tiempos de grandes adelantos. Los japoneses  fueron los que desbordaron mayor entusiasmo por la robótica y la llevaron a sus cadenas de montaje con éxito, en cuanto a la tecnología digital esta fue incorporada en el proceso de fabricación en corto espacio de tiempo caracterizándolo por su computarización integral, convirtiéndose ese país en líder mundial de todos estos adelantos. El hambre de conocimientos y el énfasis en la formación en conocimiento avanzado es el secreto de este salto donde se combina «aprender, aprender, aprender» con aplicación y velocidad (íd. 397…).

En Japón subió el valor del yen y empezaron a invertir en fábricas de Taiwan, Corea del Sur, Malaisia, Indonesia y Filipinas convirtiéndose Asia-Pacífico -que transitaba por la primera ola a ser transeúntes de la segunda ola- en escenario de «países de reciente industrialización». Allí los japoneses descargaron su producción de baja tecnología y valor -segunda ola-, y lo mismo hizo en esa parte del mundo los Estados Unidos y Europa. Luego Corea del Sur y Taiwan replicaran ese trasvase de segunda ola  en sus vecinos más pobres. En resumen, un cambio se produjo en todos estos países al sustituir trabajo campesino con trabajo fabril, lo cual se reflejó en la sociedad con un aumento en la esperanza de vida, declive de la mortalidad infantil, y crecimiento de la población. Quinientos millones de asiáticos salieron del umbral de la pobreza de dos dólares en veinte años (íd. 397/401).

En Asia, países como, Malasia  están desarrollando proyectos urbanísticos de primera línea, como este en Kuala Lumpur, el Precint 4, consistente en la aplicación de una arquitectura ecológica, con ésta se pretende un ecodiseño que guarde respeto con el medioambiente, el objetivo es alcanzar  50% menos de CO 2
Pero nada de lo que se ha examinado hasta aquí explica por completo el crecimiento a turbopropulsión de Asia. Hasta aquí hemos visto un cambio lineal. La primera ola y luego la segunda ola, reafirmando que el único camino para salir de la pobreza es secuencial (íd. 401). La cuestión es que se coloca el proceso de escaparse de las garras de la pobreza sobre una sola pista, por donde se transita de una ola a la siguiente, pero este modo de percibir el problema no es la solución. El problema de «los otros» está pendiente. Y son precisamente los “países pobres” los que están poniendo en práctica una nueva estrategia para burlar a la hidra de la pobreza.

Revolución de la riqueza VII: Metamorfosis (d)

5:59 Posted by Perro Senil.


Artículo de 3 páginas de extensión.

En la economía del futuro no existe el  dinero. Tampoco el capitalismo puede que tenga lugar. Estamos entrando en un nuevo y extraño mundo. Si los cambios en la naturaleza de la propiedad, el capital y los mercados no bastan para que liberen sus mentes del pasado, el futuro del dinero quizá les ayude a hacerlo. El dinero atraviesa la revolución más profunda y rápida, creará formas y maneras radicalmente nuevas de pagar y cobrar y cada vez más oportunidades de hacer negocios que no usarán dinero en absoluto (Toffler, 2007: 376).

La invención del dinero fue uno de los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad. Abrió progresos. Pero impone un alto coste a la sociedad. Este coste está incluido en el precio. El coste de la persona que entrega un bien o un servicio recae en el consumidor. Alguien tiene que registrar la transacción y esto implica un nuevo coste, lo mismo los sueldos de millones de contables y de economistas, son costes que se incluyen en el precio del artículo, o la entrada a un cine o un estadio. Los que imprimen, almacenan, transportan y protegen el dinero también cuestan. Son un «impuesto» oculto que pagamos por la ventaja de emplear el dinero. ¿Qué pasaría si pudiéramos reducir, o incluso eliminar, dicho «impuesto» oculto? ¿Necesitamos realmente el dinero para gestionar un sistema de riqueza basado en el conocimiento? (íd. 376, 377).

En el siglo XVIII la Bolsa de Londres se apoyaba en las comunicaciones y el sistema de almacenamiento de datos, en la década de 1950, eso aún significaba archivadores enormes, correos con estampillas, teléfonos con dial y cintas continúas de cotizaciones para gestionar el conocimiento. Hoy hay una estructura financiera totalmente nueva. La City de Londres y los servicios financieros de Zúrich, Frankfurt, Tokio, Hong Kong y Singapur se conectan con nuevos centros como Shanghái y Singapur y a otros nodos con ordenadores de alta potencia y redes de alta velocidad que agrupan y reparten el dinero de la era digital. Allí se escanean las variaciones más minúsculas de los precios de las acciones de las empresas y se «invierten» fondos en minutos y hasta segundos. El resultado ya no es inversión sino un póquer a alta velocidad. En la nueva civilización emergente estos cambios son tan profundos que desafían la definición misma del dinero (íd. 378, 379, 381).

El dólar fue una moneda impuesta en 1863 en los Estados Unidos, fue parte de la estandarización de los productos, llegó como parte del proceso de industrialización. El yen japonés se convirtió en moneda nacional en 1871, el marco alemán en 1873, la monetarización de la economía transitaba el camino de la modernidad industrial. En 1948 los comunistas se hicieron con el poder e introdujeron en China el renminbi yuan. Y Europa hace poco el euro (íd. 381, 382).

En 1958 Estados Unidos lanzó la primera tarjeta de crédito, se aleja del dinero convencional hacia una selva de «paradineros» que guardan semejanza con las monedas oficiales pero no son tales. Desde entonces se inventan más sustitutos del dinero. Pero esto es sólo una parte de un cambio mayor, la llegada de la «fungibilidad flexible», en forma de dinero programable. Un banco de Kuala Lumpur ha ofrecido a sus clientes musulmanes una tarjeta que rechaza su utilización en burdeles y clubes nocturnos. Los movimientos activistas, pronto podrán emitir «tarjetas boicot», no podrán usarse para comprar productos de empresas que estén en su lista negra. O los padres podrán dar a sus hijos tarjetas anti obesidad o anti vicios. Se ensayan otros artilugios para autorizar a una tienda el retiro del pago de una cuenta bancaria. Dichas tecnologías amenazan de muerte al dinero efectivo y a las viejas tarjetas (íd. 383, 384).

Las tarjetas de crédito no son más que una variante física de la identidad del portador, la identificación de la persona puede, entonces, convertirse en un medio de pago.  Los métodos de pago se alejan de la sociedad de masas uniformada del pasado. Con el nuevo sistema de riqueza emergente pueden abrirse paso cambios en la forma que se pague nuestro trabajo. A los trabajadores se les paga por semanas o meses, lo que significa que los patrones disponen de días para un uso gratuito del dinero que en realidad es de sus trabajadores. Esos fondos son el equivalente a un préstamo sin intereses que los trabajadores hacen a sus patronos. Ese método quizá tenga las horas contadas. Podríamos ver a grupos de trabajadores que exigieran ser pagados electrónicamente «minuto  a minuto» por el trabajo que desempeñan. Esta paga instantánea es el  equivalente natural del paso a una economía avanzada basada en el conocimiento. Estas innovaciones suscitan pronósticos que vaticinan la «muerte del dinero» (íd. 386, 387).

En economías donde el dinero pierde su valor, está cobrando vida el trueque. Un abogado redacta un testamento para un amigo que, a cambio le da una clase de tenis. Pasan por «favores», son en realidad trueque. Empresas como Forbes, General Electric, Marriot y Carnival Cruise Lines truecan bienes y servicios. Dos tercios de las principales empresas mundiales utilizan regularmente el trueque y han establecido departamentos específicos para ello. En Argentina, en 2002, Toyota y Ford convinieron a aceptar trigo como pago por coches. Los gobiernos han intercambiado todo tipo de productos mediante el sistema de trueque. El conocido como «contracomercio» tiene un volumen en la actualidad de 1.2 billones de dólares anuales y se está acelerando (íd. 387, 388).

Lo que una persona desea vender para adquirir otra cosa se presta a un cambio o «coincidencia de necesidades». Internet hace posible localizar casi instantáneamente a los potenciales socios del cambio y amplía la diversidad de bienes susceptibles al trueque. Se multiplican los participantes del «contracomercio» en un trueque cada vez más complejo y en una economía de trueque de masas. Con el paradinero, el trueque, la intangibilidad, las redes, las tecnologías nuevas, el apalancamiento de la economía y los cambios geopolíticos, puede que el dinero convencional se convierta en un objeto de coleccionista (íd. 388, 389).

También presenciamos experimentos a pequeña escala con monedas alternativas, sobre todo a escala comunitaria. En Ithaca -Nueva York- la comunidad permite a los consumidores y comerciantes usar vales para intercambiar bienes y servicios, desde alquileres hasta entradas al teatro. Otro sistema permite acumular créditos en servicios como, por ejemplo, llevar de compras a un anciano, que luego permite a la persona recibir un servicio de otro voluntario como que le cuiden los hijos mientras hace un turno nocturno. Todas estas iniciativas dan un valor a muchas aportaciones realizadas por los prosumidores que se podrían ampliar y desarrollar hasta constituir monedas alternativas a gran escala. El Proyecto Tierra busca una moneda supranacional para intercambiar bienes y servicios a escala internacional. Son cuestiones que no sólo afectan el destino del dinero, sino también la propiedad, el capital y los mercados, se hallan entre los fundamentos más profundos de la riqueza (íd. 389, 390).

Los vínculos crecientes del prosumidor afectarán al capitalismo, su input llegará a ser abundante, ilimitado y no rival. El input intangible crece en una proporción cada vez más alto en la propiedad  y avanza a participar por partida doble. El capitalismo se enfrenta a una crisis de redefinición ¿será aún capitalismo lo que quede de todo ello? (íd. 390).

La aparición de las tarjetas inteligentes se inician en 1995 con las compañías Europay, Master Card y Visa y se conoció como la EMV. Almacena información de firmas digitales, características biométricas de la huella de los dedos o del iris, encripta datos, se puede emplear en el transporte público, acceso a la universidad y empresas, sirve de medio de pago de la seguridad social, sirve como tarjeta de crédito y tarjeta de débito.  La aparición de medios como la EMV con su alto espectro de funciones nos indica que el dinero también está empezando a transitar el camino de la metamorfosis, al igual que por esa misma vía ya circula la propiedad, el capital y los mercados.

Revolución de la riqueza VII: Metamorfosis (c)

6:49 Posted by Perro Senil.


La propiedad y el capital sufren una metamorfosis, pero hay otros cambios de gran alcance que están redefiniendo otros aspectos cruciales del capitalismo: los mercados y el dinero (Toffler, 2007: 363).

Hasta hace pocos siglos se vivía en un mundo premercantil. Existían bolsas de intercambio pero la mayoría nunca compraron o vendieron nada en ellas. La tierra era propiedad del Estado y sólo se concedía a familias nobles y pasaba de padres a hijos. Las transacciones financieras solo tuvieron lugar entre las élites (íd. 365). La revolución industrial trajo la segunda gran ola de riqueza y transformó a millones de campesinos en productores y consumidores, haciéndoles depender del mercado. La fuerza de trabajo cobró dinero. La producción en masa desarrollo los mercados estimulados por la urbanización, la población de las ciudades se multiplicaba. Y se habrían de expandir los ferrocarriles que hicieron posible el gran salto de los mercados locales a los nacionales. La producción en serie apoyada por los medios de comunicación de masas, a través de sus anuncios ayudó a colocar los innumerables artículos.  En el centro de las ciudades, el paisaje fue el de los grandes almacenes. Y con el tiempo las catedrales del consumismo, los centros comerciales se difundieron por el mundo (íd. 366, 367).

Transformando de nuevo los mercados podremos vislumbrar el futuro. En los mercados globales, se asiste no únicamente a la competencia en productos, sino también a ritmos de innovación. Los consumidores provistos cada vez más con su propio arsenal de datos, exigirán el derecho de participar en el diseño de los propios productos, el resultado de esto será la personalización de los artículos y, como en la nueva mercancía se aportan datos, información y conocimiento, esa parte  del valor le da derechos sobre ella al prosumidor que participó en su creación (íd. 367, 368). Los consumidores sustraen una fracción del poder que estaba en manos del empresario productor.

La personalización de los productos y la miniaturización de los medios de producción abren paso a una desmasificación. Se empiezan a identificar micromercados cada vez más pequeños. Este proceso empezó en 1961 y se ha venido difundiendo es «el final del mercado de masas». La transición al nuevo mercado de «fragmentación» crea un nuevo ambiente, donde se celebra las opciones que se ofrecen a los clientes progresivamente autopersonalizados –ajuste del producto a las necesidades particulares-. La estandarización de los artículos tiene que apartarse de la producción. Sectores enteros del mercado desaparecerán. El metabolismo del capitalismo –en esta etapa de transición- va a la carrera, lo que suscita la pregunta de qué ocurrirá cuando atraviese sus límites normales. Los ritmos de comercialización pueden ser desmontados para abrir paso a los ritmos de descomercialización (íd. 370), donde los artículos se personalizan con los valores que el prosumidor incorpora al producto y, la mercancía ya no tiene sentido, pues el artículo ahora pertenece a la nueva dinámica productiva que se ha socializado.

Hoy se asiste a un crecimiento espectacular de la cantidad, variedad y complejidad del conocimiento necesario para proyectar, producir y llevar valor a cada mercado. Como resultado, el mercado de datos, información y conocimiento está creciendo exponencialmente. Los consumidores devoran información acerca de cualquier tema. Los científicos y los investigadores recogen inventos y fórmulas de todo el mundo.  Las dimensiones del sector de conocimiento es impresionante, ese conocimiento cambia de manos y crece en ese intercambio, este mercado se hace incontrolable. El mercado del conocimiento se está metamorfoseando debido a los cambios de los fundamentos profundos del sistema de riqueza que ahora descansa sobre los intangibles. El conocimiento se desplaza por la sociedad y los mercados e iguala y supera la velocidad de todos los sectores de la economía (íd. 372, 373). Ese mercado está conformado por millones de personas que se están colocando al frente y por encima de los demás mercados, su significado a largo plazo eclipsará a quienes controlan los otros mercados. Las cualidades de este mercado son muy superiores, es el mercado de la nueva sociedad, la del conocimiento. Una nueva era asciende  detrás de las montañas de las economías industriales masificadas y estandarizadas.

El gran cibermercado mundial añade una capa a cada mercado  convencional. Los mercados electrónicos en el año 2003 movilizaron productos equivalentes a cuarenta dólares al año por cada habitante del planeta. esa cifra no incluía compras de viajes, servicios financieros, ventas de entradas para espectáculos o pagos online a agencias matrimoniales o las transacciones de empresa a empresa. Esos cibermercados facilitarán colocar en la vanguardia de los cambios a la riqueza basada en el conocimiento que ya no podrá medirse en función de los precios, porque los mercados a gran escala serán suplantados gradualmente por micromercados cada vez más pequeños que hacen realidad a los intercambios no monetarios. Este desplazamiento de la riqueza trae cambios muy profundos y amenazan al capitalismo. La tercera ola de la riqueza basada en el conocimiento se extiende por el mundo de un modo indetenible, con ella se presenciaran cambios revolucionarios en las bases de la propiedad, la formación del capital, los mercados y, en el propio dinero (íd. 374 y 375).
Se están creando las condiciones para un «cambio global» (como el que pidieron los indignados el 15 de octubre de 2011 en los países de conciencia avanzada), en la base de este cambio se opera la indetenible metamorfosis del capital que anuncia un Nuevo Mundo con mercados de fragmentación, descomercialización, personalización de los productos, socialización de la producción, predominio del sector del conocimiento y el intercambio no monetario. 

Revolución de la riqueza VII: Metamorfosis (b)

22:04 Posted by Perro Senil.


Artículo de 2 páginas de extensión

La transfiguración del capital

El vertiginoso mundo en que estamos viviendo, presencia como brota con ímpetu esperanzador capitales que no corresponden al capital convencional, tal es la metamorfosis del capital, el capital bajo estos cambios puede llegar a ser irreconocible. Heidi y Alvin Toffler nos permiten ver, con su libro, esta tendencia que apunta hacia la transfiguración del capital. Para llegar a ese fenómeno, señalan estos autores, es necesario que el ciudadano común tenga cada día más conocimiento de la realidad financiera, cosa que está ocurriendo en su cotidianidad, porque participa en ese mundo y ya no es extraño que  realice con sus recursos una inversión, es decir, se ha venido preparando para relevar a los capitalistas. Los Toffler plantean esa transformación en marcha, en las esferas de la economía, de la sociedad  y del hombre, dicen:

El desplazamiento hacia la intangibilidad revolucionaria,  no es más que el primer paso en la «extrema puesta al día» del capitalismo que se está produciendo actualmente. Una puesta al día de la que quizá no sobreviva (!!!) (Toffler, 2007: 355). EStán ocurriendo cosas relevantes que no pueden pasar desapercibidas:

Ford salió a la Bolsa en 1956, y en la actualidad alardea de sus novecientos cincuenta mil accionistas. Los propietarios  de Estados Unidos son cien millones de estadounidenses que poseen acciones de empresas por valor de más de cinco billones de dólares. Los trabajadores poseen 60 por ciento de las acciones de todas las empresas públicas, sin contar las casas que tienen en propiedad el 70 por ciento de ellos, más otros activos (íd. 357).

La propiedad del capital, la forma en que se acumula, se asigna y se transfiere de un bolsillo a otro, está atravesando un cambio sin precedentes. Se pueden hacer inversiones en milésimas de segundo, en cualquier punto del globo. Se tiene acceso a datos, información y conocimiento cada vez más rápidos. La infraestructura ofrece  una pasmosa gama de opciones como bonos, fondos de inversión, derivados, hipotecas, paquetes financieros, canales de inversión, carteras y microfinanzas. Esta creciente variedad de productos e instrumentos financieros se corresponde con un creciente acceso a los mismos. En el pasado, los propietarios tenían pocas puertas a las que podían llamar si necesitaban capital, hoy en día la democratización de los mercados de capital es una realidad emergente. Hoy día las familias disponen de un abanico más amplio de opciones de inversión y las pequeñas empresas tienen más fuentes de capital (í. 358, 359).

Los inversores actuales pueden prescindir del intermediario utilizando internet, asignando directamente capital a las empresas que eligen. Cuando Google decidió  vender acciones al público en 2004, el interés del público fue tan enorme que Google tuvo que tomar medidas para evitar un alza insostenible. Y Wall Street expresó su preocupación por que otras compañías emularan su iniciativa y  obtuvieran capital sin contratar sus caros servicios (íd. 360).
Todos estos signos significativos lleva a estos autores a llamar la atención sobre un "ciudadano corriente" que, esta recibiendo un impacto económico que le lleva a convertirse en un actor social, para el cual está reservado un papel protagónico en el futturo inmediato: 

Estos adelantos en el modo de recibir y asignar el capital discurren, en íntimo paralelismo, con los cambios en otros sectores de la economía. Los fabricantes diversifican y personalizan sus productos. Y los minoristas multiplican las vías de acceso de los clientes incluidas las compras online. Los medios de comunicación son parte vital de la infraestructura financiera del país, dotan a los inversores de información, llegando a cada hogar estadounidense. La clase media concentra en la economía una atención pública sin precedentes, es un tema de conversación (íd. 361). El ciudadano común en su vida cotidiana recibe un impacto económico día a día, vía medios de comunicación, vía online, vía adquisición de acciones empresariales, vía propiedad inmobiliaria, tiene acceso a productos e instrumentos financieros, poseen pequeñas empresas y siguen de cerca los acontecimientos de la economía mundial. Desarrolla una conciencia avanzada propia de la sociedad del conocimiento.

El ser humano que se esta desarrollando va a cambiar la sustancia del capital mismo:

Los cambios conducen hacia un mercado mundial de capitales integrados. Escenario que alteraría el significado mismo del capital al reconocer las partes del mismo como son el capital del conocimiento, capital social, capital humano, capital moral, capital medioambiental y, especialmente, las aportaciones de los prosumidores no remunerados. Tales cambios al capital llevan al punto de volverlo casi irreconocible. Hemos cambiado quién aporta el capital, cómo se  asigna, la forma en que se presenta, la velocidad a la que fluye, los lugares a los que acude, las cantidades y los tipos de información sobre él, y la tasa de tangibilidad e intangibilidad de la propiedad de la que deriva.  La propiedad y el capital se metamorfosean en algo nuevo (íd. 363), es imposible no captar -en esta dinámica y formas de operar, relacionarse y conectarse- una estructura que permitiría un viraje hacia una redefinición de la economía, para construir formas sociales avanzadas donde el capital monetario pase a jugar un papel restringido y subordinado o incluso mengüe y se extinga.

  La revolución de la riqueza esta materializando un impacto económico que transformará el viejo capital de la segunda ola de la riqueza en algo obsoleto, el capital se metamorfosea en algo nuevo
En definitiva:

El espectro económico que está hoy en día al alcance del ciudadano común, puede llegar a cambiar la totalidad del escenario económico, ya que puede obligar al capital a salir de su estado restringido (capital fijo y monetario), entregando el espacio económico a un «capital integral» (social, humano, moral, medioambiental y cognitivo) de gran impacto económico. El resultado de este proceso que prevé Alvin y Heidi Toffler, es lo que en Incomodisimo.com denominamos como la transfiguración del capital.

Alvin y Heidi Toffler. La revolución de la riqueza.  Editorial Random House Mondadori, Caracas, 2007. DEBATE. Páginas: 651. 

Librería Europa, Mesón de Ofertas: Bs. 25.

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Revolución de la riqueza VII: Metamorfosis (a)

22:01 Posted by Perro Senil.


Artículo de 4 páginas de extensión.

La propiedad no-rival y la producividad, dos variables de la sociedad del conocimiento

Alvin y Heidi comentan temas neurálgicos y palpitantes para sus lectores, y orientan esas cuestiones hacia un análisis de lo esencial, señalando a ese nivel que se está frente a frente ante varias metamorfosis que afectan los aspectos claves del capitalismo, dicen:

Se ha dicho que el capitalismo está muerto, transita el cenit de una inestabilidad desbocada. Es cierto que también hay quienes dicen que, su capacidad regenerativa lo mantendrá vivo siempre. Ninguna creación humana dura siempre ¿el capitalismo es eterno? ¿Y si la regeneración se lo lleva por delante? De hecho, en la actualidad, todos los aspectos clave del capitalismo, la propiedad, el capital y los mercados hasta el propio dinero son casi irreconocibles. Cambios que suponen desafíos importantes, para la supervivencia del capitalismo. La imagen que emerge inquieta, la propiedad que es el origen del capital se está metamorfoseando y, el resultado de esa metamorfosis es algo nuevo y extraño (Toffler, 2007: 349 y 350). Esto nos lleva a preguntarnos ¿Qué es la propiedad? y ¿Qué papel juega en la propiedad su tangible y sus intangibles?

Una casa no es una «propiedad» si no está protegida por leyes y normas sociales, además requiere de derechos y normas jurídicas que consagran la propiedad. Hay, entonces, un enorme sistema para que exista la propiedad, si este no existiese no sería posible convertir la propiedad en capital, y como tal invertirse en la creación de riqueza. El sistema está constituido por una vasta base de conocimientos que cataloga quién posee qué, por ejemplo, registra las transacciones de casas por dinero, hace responsable a la gente por los contratos de compra-venta, proporciona créditos para adquirir inmuebles y esa vasta base de conocimientos está integrada a escala nacional. Es un sistema de información que incluye el valor de la propiedad. En resumen, son estos aspectos intangibles y no sólo los físicos de la casa, en cuestión, los que definen la propiedad y le confieren su valor (íd. 350). En conclusión, para que el capital exista es necesario un sistema de conocimientos que le confiera valor a los objetos.

Título de propiedad del año 1568. Para emitir este documento fue indispensable la existencia de un sistema, sin tan compleja organización no es posible la existencia de la propiedad.

Pero si llevamos este enfoque seminal un paso más allá para ver cómo afecta a las economías avanzadas, empezamos a ver como el sistema basado en el conocimiento en la actualidad, pone en duda el propio concepto de propiedad y, con él, el del capitalismo. En las economías avanzadas, el grado de intangibilidad de la base de la propiedad de la sociedad crece en espiral. Porque los gigantes fabriles dependen hoy de aportaciones cada vez mayores de formación del personal, de gestión inteligente, de investigación y desarrollo, de componentes digitales abarrotados de datos  para hacer andar la cadena de montaje, y todos estos componentes son intangibles. Su fuerza de trabajo cada vez está más compuesta de individuos que se ganan la vida pensando. Todo ello cambia el índice de tangibilidad de la base de la propiedad de la economía y reduce así el papel de los tangibles. Hay incluso la doble intangibilidad, es decir, propiedades que comienzan  su existencia con un intangible. Una de estas propiedades de doble intangibilidad es Google, es riqueza que desde el principio está basada en el conocimiento (íd. 351). El que la propiedad sea cada vez menos tangible y cada vez más intangible, es un cambio cualitativo, y por ende apunta hacia la inestabilidad de la propiedad tal y como la conocemos.

La propiedad en los Estados Unidos es cada vez menos tangible, ya en 1982 los activos intangibles representaban el 38% del valor total de su mercado, diez años más tarde ya es de un 62%. En las economías avanzadas hay una marcha incesante hacia lo intangible ¿Por qué ocurre esto? Porque ahora la empresa se basa en la innovación, lo que significa en la práctica que va a tener su inmenso crecimiento en intangibles. Como la innovación depende del desarrollo del conocimiento, se está, entonces, frente a la aparición de las nuevas sociedades del conocimiento, fenómeno de importancia  crucial para la historia (íd. 352). El mundo está cambiando y apunta en esa dirección.

El lema hoy es “¡«intangibilizarse» o morir!”. Hasta las empresas más pequeñas en estas sociedades están conectadas a las redes de internet, para comunicarse, realizar transacciones y llevar a cabo investigación. Aumenta la necesidad de más datos, más información, más conocimiento y otros intangibles. La sociedad para avanzar depende de los intangibles y los activos que les pertenecen son cada vez menos tangibles, la composición de la propiedad sufre una metamorfosis (!!!). Además las empresas se encuentran cada vez más enfrentadas a temas sociales, políticos, culturales, jurídicos, medioambientales y tecnológicos que demandan tomas de decisiones de creciente trascendencia y complejidad sobre asuntos nuevos y poco habituales que acrecientan la necesidad de proveerse de más conocimiento (íd. 352, 353). El conocimiento pasa a ser un componente básico de estas nuevas sociedades y esto repercute en los hechos económicos.

El hecho es que el gasto de las empresas se está desplazando cada vez más hacia los pagos de los servicios, campos altamente intangibles, como la educación, formación, medios de comunicación, sanidad y servicios financieros, mientras que los bienes producidos representan fracciones del  gasto cada vez menores. La intangibilidad se convierte en una parte cada vez mayor de la base de la propiedad de la sociedad. Y esto tiene una enorme trascendencia, porque los intangibles son ilimitados, y este sólo hecho le pone un puñal en la garganta al capitalismo (!!!). ¿Hasta dónde puede volverse intangible la base de propiedad de una economía y continuar siendo capitalista? (íd. 353).


La propiedad rival alimenta el capitalismo, la «no rival» lo hace prescindible. En este hecho se centra el quid del asunto. Cuando los intangibles se apoderan de los objetos, estos empiezan a tornarse en no-rivales, y esto se acelera cuando la sociedad se transforma en una sociedad del conocimiento. Los Toffler lo explican así:

Cuando la propiedad se torna más intangible y, por ende, más inagotable, una parte de la misma se vuelve «no rival» (íd. 353). Los recursos y productos tangibles, agrícolas o industriales, producen bienes «rivales», pues su adquisición conduce a su uso por una entidad, sea esta un individuo o una familia o bien su uso por una fábrica o un atajo de ganado, los cuales se constituyen en rivales de las otras entidades que, debido a ese hecho concreto y real no podrán consumirlo, lo que quiere decir, que el uso en provecho de unos niega el uso en provecho de otros y, esto crea la rivalidad (íd. 153). La propiedad rival es la base del capitalismo, la no-rival de la «nueva economía».

Cuando la riqueza se basa en el profundo  fundamento del conocimiento, éste a diferencia de un puñado de arroz es intangible, y el hecho aquí presenta una tendencia distinta a los bienes tangibles, porque un bien tangible con el uso se desgasta, se agota, se deprecia, se desvaloriza y desaparece con el consumo, mientras que los bienes intangibles no pueden mermar, mientras más se usen, más valor adquieren, porque la probabilidad es que se genere más conocimiento con su utilización, el conocimiento es intrínsecamente no rival. Los bienes con una alta composición de intangibles, permiten por su carácter ilimitado su uso libre por todas las entidades de usuarios (!!!), porque no se gasta con su uso, por lo contrario, se incrementa (íd. 153/155).

Los productos  del conocimiento, pueden disfrutarlos millones de personas a la vez, y sin mermarlos. Se pueden compartir e intercambiar y se pueden descargar o bajar por internet, con costos irrisorios. Estos cambios afectan al sistema encargado de conferirle valor a los objetos para convertirlos en propiedad dentro de una economía monetaria. Para que los productos del conocimiento se multipliquen es necesario que la propiedad intelectual sea posible soslayarla, y si esto es probable, el sistema basado en la propiedad desaparecerá. La propiedad intelectual es soslayable, porque las patentes tienen una caducidad, y porque la piratería subvierte las marcas registradas, la propiedad intangible es menos fácil de proteger. La sociedad del conocimiento entrega un poder a los no propietarios [ese empoderamiento es un fenómeno que se da en ascenso en estas sociedades de un modo irreversible], quienes unidos pueden colocar un puñal en la garganta al capitalismo (íd. 353 y 354).

Los intangibles no tienen nada parecido en la historia del capitalismo, suponen un desafío hondo al concepto mismo de propiedad. El desplazamiento hacia la intangibilidad de la propiedad es un paso al que quizás no sobreviva el capitalismo (íd. 354). La metamorfosis trae al mundo un engendro que es algo nuevo y extraño (íd. 350). Este engendro es el héroe de las nuevas generaciones de adolescentes  convertidos en los «gurús »de los ordenadores, y serán los futuros prosumidores sofisticados que impulsarán no sólo la productividad sino la producividad que permitirá incorporar a los pobres a la nueva era. La producividad es un principio del hombre nuevo, tiene que ver con la forma de relacionarse para lograr un aprendizaje tan efectivo como el de las escuelas formales, en este caso se trata de compartir las técnicas de PC en un ambiente de voluntariado. Esa relación interpersonal les hace producivos y, esto impulsa tumultuosa y avasallante a la nueva ola de riqueza revolucionaria (íd. 279/281).

Alvin y Heidi Toffler. La Revolución de la riqueza. Editorial Random/Mondadori DEBATE, Caracas. Edición 2007. Páginas: 651. 

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Revolución de la riqueza VI: Explosión

8:06 Posted by Perro Senil.


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Nos hacen polvo de tanto trabajo y de  paso les invitamos a un «almuerzo gratis»

“La revolución de la riqueza” nos empuja por un derrotero inimaginado. Ese descomunal trabajo pronostica estallidos que cambiarán la faz del mundo que habitamos. Heidi y Alvin exponen ese sorpresivo asunto en su libro visionario, dicen:

Dentro del prosumo se presenta una situación explosiva (Toffler, 2007: 247), esta situación la provoca el tercer trabajo o trabajo extra (íd. 243, 246). Al desempeñar tres trabajos, no hay que extrañarse de que acabemos hechos polvo (íd. 246). Ese tercer trabajo es un tercer empleo, por el cual no se percibe remuneración alguna (íd. 242). El tercer empleo es dramático, deja sin empleo a quienes desempeñaban ese trabajo (íd. 242). La situación explosiva está planteada, porque al convertirse en un estímulo para las empresas la externalización de sus costes laborales (íd. 244), nuevos segmentos de la economía se convertirán en una amenaza para los trabajadores (íd. 246). Doble peligro, porque recarga con nuevas tareas a quienes ya están hechos polvo por tanto trabajo y, peor aún, puede convertir en polvo fuentes de trabajo, dejando a los que allí estaban ocupados sin trabajo.

El primer empleo es nuestra puerta para ingresar en la economía monetaria (recibir un salario) y el segundo empleo es el trabajo voluntario que entregamos a la comunidad o a la familia, por el cual no se percibe remuneración alguna, pero además de esos dos empleos hay otro, al que muchos de nosotros nos hallamos sometidos, es el tercer empleo. Este consiste en un trabajo extra que realizamos y que al hacerlo libramos de costes laborables a las empresas, son por ejemplo, aquellos servicios que ofrecen esas empresas, mediante los cuales el cliente hace, pongamos por caso, sus operaciones bancarias manipulando un cajero automático o un ordenador, sin recibir por ese tiempo de esfuerzo físico e intelectual un pago de la entidad bancaria por trabajar como cajero no remunerado (íd. 241, 242).

Una sociedad que trata al ser humano como un homo económicus (concepto utilizado por la escuela neoclásica de economía para modelizar el comportamiento humano) nos retrotrae a la domesticación de la especie, esto es, los bancos nos entrenan para que les prestemos un servicio no remunerado y ni siquiera nos sirven el almuerzo por esa labor, como sí hacen los invidentes con sus perros lazarillos, que no reciben un salario, pero si un apetitoso hueso y algunas delicias gastronómicas de sus amos. Nos ponen a trabajar a cambio de nada.

En Estados Unidos, los clientes de todos los bancos llevaron a cabo en 2002 casi catorce mil millones de transacciones en cajeros automáticos, eso suma un tiempo de trabajo cuantioso -impago- por parte del colectivo que realizó esas operaciones y, significó la pérdida de doscientos mil puestos de trabajo, es decir, cajeros humanos a quienes su empleo se convirtió en polvo (íd. 243, 244). Esa misma fórmula aplica cuando los clientes, consumidores, o abonadores de acrecencias utilizan la red para reservar un vuelo sin utilizar la agencia de viajes, o adquirir un objeto mediante compras online o pagar el abono de un servicio o “bajar” por medio de internet el instructivo de un aparato que, luego tendrá que imprimir en el dispositivo de su PC y, además, utilizando una resma papel que no la compró esa empresa, librándose de este modo la empresa de todos esos gastos. Las empresas astutas descubren por doquier formas más ingeniosas de externalizar el trabajo porque esto incrementa su plusvalía (íd. 244).

Ese fenómeno debería impulsar a la baja de los precios y a compensar a la sociedad por toda esa acumulación de trabajo impago que está desempeñando sin remuneración alguna. Las empresas no pueden estar recibiendo por parte de sus clientes «almuerzos gratuitos», es decir, sus clientes las están haciendo más rentables al  permitirles externalizar cada vez más trabajo y librarse de más empleados -pero esa situación es cada vez más explosiva- (íd. 245, 257).

Hace falta un nuevo contrato social, vamos hacia una sustracción del poder del comercio y de la industria, vamos hacia un «giro entero»

Esos beneficios adicionales no pertenecen a las empresas sino a sus clientes -y estos no los reciben-. Son los clientes  quienes prestan el servicio,  sin las debidas contraprestaciones por parte de esas organizaciones. Hace falta un nuevo contrato social, porque los precios deben ser distintos en la medida de que ese modelo avance para crear empresas virtuales. Debe rubricarse un nuevo contrato social entre el sector privado y la sociedad en su conjunto, porque las empresas le están consumiendo su tiempo, y esto lleva a cuestiones neurálgicas y explosivas ¿En un futuro próximo a quién pertenecerán las empresas virtuales, al cliente prosumidor o al antiguo propietario empleador? ¿Qué establecerá el  contrato social para estos casos? [íd. 266/268] La respuesta puede causar una explosión. Lo significativo de este cambio que se avizora es que ahora hay una tendencia en movimiento, la cual está conduciendo en la otra vertiente del problema al montaje de «armas de destrucción de los mercados» (!!!), es decir, la opción «descomercializar» se está haciendo posible (íd. 268).

Esa opción de «descomercializar» puede llegar a afectar a las tiendas, las agencias de viajes, los bancos, los servicios públicos, puesto que los consumidores al asumir esas tareas como prosumidores pueden ir prescindiendo de sus servicios. Las “empresas.com” ya han prescindido del mercado bursátil para financiarse. Por otra parte, esa tendencia tecnológica que hace innecesario al comerciante apunta mediante los últimos avances a que los clientes también fabriquen sus artículos [fabber íd. 273], es decir, que mediante un mínimo de entrenamiento y con la adquisición de tecnologías avanzadas se pueda llegar a convertir en fabricante lo cual amplia el radio de acción de las transformaciones que están en marcha (íd. 246, 271/273). El prosumidor se puede transformar en inversor y hacer cosas, y al hacer cosas como fabber va a sustraer ese poder a quienes antes lo poseían, los industriales  (íd. 250). La sustracción de poder apunta hacia un giro entero.

La evolución de la especie formó el homo faber (el que trabaja y crea riqueza). Ese avance se constituyó en un punto crucial  en la evolución del hombre y de la sociedad, el homo faber era un auténtico prosumidor. Con la evolución de las sociedades históricas el hombre devino en trabajador asalariado. Ese cambio ocurrió con la segunda ola de la riqueza. Pero el trabajo  asalariado no es eterno. Con la tercera ola de la riqueza, la riqueza revolucionaria está restituyendo al homo faber pero en su versión actual como prosumidor fabber. La humanidad, actuando en consuno, puede acabar con ese actor social anodino que es la clase obrera, y alcanzar la plenitud humana.

Vamos hacia grandes proyectos transformadores impulsados por la sociedad del conocimiento que, dejará atrás al «desarrollo» como un estadio primitivo que alcanzó una pequeña porción de la humanidad

El poder de los prosumidores puede ir más allá, porque a medida que las herramientas de investigación se hacen más pequeñas, baratas, inteligentes y potentes y que sus poseedores entran en nuevos campos, ese activo de capital, bienes de equipo, son la base para crear una plataforma para grandes proyectos transformadores, esto lo pueden realizar los prosumidores al integrar sus centenares de miles de ordenadores en función de respaldar ideas beneficiosas para la humanidad, porque con ese superordenador se aportan millones de años de tiempo procesado con ese modelo denominado SETI, porque cuentan con esa fusión digital con un equipo humano planetario capaz y efectivo para provocar cambios liberadores (íd. 261, 264). 


Una piedra tallada como esta que se ve en la imagen permitió la aventura ascendente de la especie humana sobre el planeta. Esta pieza fue elaborada por el homo faber, a partir de ella las ideas, imágenes y símbolos crearán un mundo interior en el ser humano. Las herramientas que hoy el hombre está desarrollando van a tener consecuencias semejantes, si los prosumidores las sustraen del poder de quienes hoy las poseen para su beneficio particular. El futuro puede retrotraernos a estadios involutivos o, en su defecto, elevarnos a la condición de ángeles -que hasta el presente sólo han existido en la imaginación religiosa-. El «Cielo» la perfecta utopía, puede convertirse en una realidad histórica si construimos la «sociedad del conocimiento» a partir de la riqueza revolucionaria.   

Por otra parte la nanotecnología puede crear un mundo sin basura y de un metabolismo proactivo, y esta puede llegar a ser una realidad si los prosumidores construyen la plataforma global para provocar la auténtica revolución que dé al traste con las estructuras ineficientes que sostienen el mundo actual en una crisis permanente. La nanotecnología  ofrece la posibilidad de crear una economía futura drásticamente modificada, si los prosumidores la sustraen del poder de quienes hoy la poseen.  Para que esta tendencia cobre fuerza será necesaria una conciencia avanzada que ya da hoy abundantes evidencias de estar en marcha, no queda duda que ésta subvierte la historia actual al propender a efectuar cambios en la dirección en que marcha la humanidad (íd. 273/275).
{El movimiento de los indignados en la actualidad es una evidencia indescartable de que esta conciencia avanzada esta tomando forma. Para obtener información sobre los indignados de Nueva York consulta a CommonDreams.org en internet (tiene traducciones al español de sus documentos)}.

Se avanza hacia una nueva sociedad con la presente revolución de la riqueza, porque se emplea el poder del conocimiento cada vez más de un modo intensivo. El tercer trabajo se puede realizar al convertirnos en seres humanos capaces de desempeñar muchos oficios. Hoy está emergiendo la diversificación de la capacitación o la concreción del trabajador universal, que nos permite integrarnos a la estructura económica que sostiene a la sociedad. La división del trabajo puede llegar a ser superada con estos fundamentos revolucionarios de la economía, podremos ser vendedores, empleados, obreros, funcionarios, educadores [íd. 255], políticos, empresarios, programadores [íd. 253, 254, 265] bajo esta revolución de la riqueza basada en el conocimiento. Después de todo parece que alguien por allí tenía razón, al decir que no era una utopía la posibilidad de que emergiera un nuevo estadio de la historia, sino que era una certeza científica y dialéctica. Todo apunta a un futuro donde la riqueza se entenderá como un todo [íd. 250].  La riqueza unidimensional tiene sus días contados. La riqueza holística se está apoderando del espacio económico paso a paso, esto es un cambio estructural profundo que irá produciendo fisuras.
El trabajo voluntario, solidario, no remunerado, proactivo, sinérgico, prosumidor puede llegar a ser uno de los mayores proyectos de la historia de la humanidad (íd. 256) y puede llegar a expulsar al trabajo remunerado de la faz de la tierra y con él a la economía monetaria, la cual será suplantada por la economía del conocimiento (ídem).  Ninguna de las fuerzas represivas y coactivas que existen hoy pueden detener la aparición del conocimiento avanzado como un factor de cambio (íd. 275). El conocimiento avanzado, sustancia de la revolución de la riqueza, dejará -después de todo- en la prehistoria al mal denominado hoy «mundo desarrollado» o Primer mundo.

Alvin y Heidi Toffler. La revolución de la riqueza. Editorial Mondadori, DEBATE. Caracas, 2007. Páginas: 651.





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Revolución de la riqueza V: La sosias

5:36 Posted by Perro Senil.


Artículo de 4 páginas.
En "La revolución de la riqueza" Alvin y Heidi Toffler explican la economía monetaria y la economía prosumidora, y los vínculos que hay entre ambas. Pero lo más importante es que revelan las enormes bendiciones que trae para la sociedad la economía prosumidora, al grado de poder crear una sociedad distinta y más aún la de desaparecer del escenario a la economía monetaria, lo que constituiría un giro histórico radical. Estos estudiosos de los fundamentos profundos de la economía y visionarios de la nueva sociedad nos dicen que:

Economía monetaria deja invisibles a los pobres
Más de mil millones de seres humanos subsisten con menos de un dólar al día. Muchos con mucho menos. De hecho hay una enorme cantidad de personas que viven sin dinero alguno. La población empobrecida haría cualquier cosa por pasar a la economía monetaria. Las puertas principales para entrar en esta economía que tiene por fundamento el «dinero» son dos: Primero, crear algo y venderlo y, segundo, conseguir un empleo a cambio de un salario. Una vez dentro ya forman parte de la economía visible (Toffler, 2007: 219).
Economía monetaria invisibiliza al trabajo no contabilizado
Pero la sosias de la economía monetaria es invisible, sin embargo, cuando se logra imaginar se perciben sus importantes realizaciones y logros, y se observa el gran parecido  que tiene con la visible, al punto de poder confundirse con ella, es su sosias.
Los Toffler nos hacen visible la sosias, para dejárnosla ver nos la sugieren contrastándola con la economía mercantil, después la asoman poco  a poco y finalmente la describen en toda su majestuosidad:
La economía visible representa unos cincuenta billones de dólares, cifra que corresponde al valor que se crea cada año en el planeta. Esa cifra muestra un fabuloso volumen de productos, servicios y experiencias que se vuelcan  sobre la economía monetaria para entrar en su dinámica mercantilista. Sin embargo, esta gigantesca operación para producir riqueza es sólo la mitad de lo que la humanidad crea. Hay otros cincuenta billones de dólares, e incluso puede ser más, que son los «no contabilizados», es la economía oculta (íd. 220).

El smog de la era industrial oculta, con su desbordante y alucinante arsenal de mercancías, la magnífica «economía oculta» o sosias. 

Economía monetaria no detecta a la economía no remunerada
La economía visible produce cosas que confundimos con la verdadera riqueza (!!!), el libro de Alvin y Heidi Toffler tal vez nos ayude a salir de los conceptos trampa de la economía falaz. Una «nueva economía» puede restituir al hombre al lugar que le corresponde ocupar.

Entonces, en el mapa económico sólo se cartografía los resultados de la economía monetaria. Queda exenta de aparecer en esa carta geográfica lo que produce una actividad económica no detectada, no calculada y no remunerada. Es la economía prosumidora no monetaria (íd. 221).

Economía prosumidora no requiere de dinero
En la economía monetaria lo que se produce va destinado al mercado, y con el ingreso de dinero que  obtienen «los remunerados» compran esos productos y los consumen, los consumidores pagan el valor de las mercancías y luergo destruyen ese valor mediante su uso. En la economía prosumidora, por lo contrario, no se requiere dinero, porque en ella no se separa el productor del consumidor, ese es el prosumidor (es pro-ductor y con-sumidor). Además, entre los prosumidores se crea un intercambio de bienes, servicios y experiencias sin que intervenga remuneración alguna en esas transacciones, es decir, sin que se de la compra-venta. Esta forma de relacionarse revoluciona la riqueza (!!!). Es la mitad oculta de la economía, que los economistas convencionales se niegan a registrarla y a calcular sus valores (íd. 221). Tal vez teman que los pro-sumidores tomen conciencia de su gran poder radical.

El prosumo no sólo es un acto individual, es compartido por la familia, a él se incorporan los amigos y en él participa la comunidad. En nuestros días debido al avance de las comunicaciones el prosumo se ha convertido en un fenómeno global. En la actualidad existe una comunidad en expansión que abarca el planeta, esa comunidad global realiza una actividad productiva y creativa sin esperar por ello dinero. En los fundamentos profundos del espacio, el trabajo prosumo crea valores para compartirlos con una familia global. La potencialidad de esta fuerza se deriva del hecho de que todos somos prosumidores (íd. 221). Esto encierra unas probabilidades de cambio insospechadas.

Economía real no es estudiada por los economistas
Las economías reales -que no enfocan los economistas convencionales- cuentan con un sector de prosumo, porque muchos de nuestros deseos y necesidades más significativas e íntimas no nos los proporciona la economía monetaria y, sí lo llega a proporcionar, por lo general, es que su satisfacción tenga un costo muy alto. De allí que la economía del prosumo sea de enorme significación, porque las cosas más importantes no están en el mercado o quedan fuera del alcance de las mayorías (íd. 222).
Cocinamos para la familia, escribimos para los bloguistas, reparamos cosas en nuestro hogar o en el de un vecino, cantamos en la coral, somos bomberos voluntarios, ayudamos a los discapacitados, criamos y educamos hijos, enseñamos a manejar un ordenador a un amigo o amiga, aprendemos a manipular un cajero automático y nos convertimos en sus operarios, nos auto despachamos en un supermercado, pagamos las cuentas operando un terminal de internet, fundamos obras sociales, ensamblamos un mueble que se vende por piezas para armar en casa y hacemos miles de cosas más, sin recibir por esos trabajos que crean valor una remuneración monetaria o un descuento. Somos prosumos durante incontables horas de  trabajo anuales (íd. 222/224)

Economía prosumidora sostiene a la economía monetaria
Cuando una familia se sienta a la mesa a comer, sus miembros disfrutan del producto de una serie de actividades efectuadas en el mercado y en el hogar. Actividades realizadas desde que salimos de casa, ir a las tiendas a comprar lo que se requiere para la comida y la cocina, y de ese trabajo se benefician todas las empresas dedicadas a producir objetos para las cocinas y todas las que tienen que ver con la producción de alimentos, lo cual incluye empresas dedicadas a la producción primaria, las procesadoras, las envasadoras, las almacenadoras, las del transporte, las mayoristas y las de venta al por menor. Toda esa cadena de la economía monetaria la moviliza el prosumo (íd. 224). El prosumo le sirve en la mesa al sector de la economía visible un «almuerzo gratuito». El output del prosumidor es el subsidio del que depende todo el sistema monetario (íd. 222). Sin el prosumo toda la economía visible se derrumba en diez minutos (!!!) (íd. 225).
En esta fotografía se observa a Dimitri Anatólievich Medvédev Presidente de Rusia sentado en una mesa comedor con el presidente norteamericano Barack Obama, lo que este almuerzo moviliza va más allá de lo que activa una familia cuando se sienta a comer. Cuando los poderosos consumen una hamburguesa naciones enteras o regiones económicas completas pueden ser devoradas.

La «reproducción de la fuerza de trabajo», sin la cual el capital no puede sobrevivir, es el resultado del prosumo afectivo (íd. 225 y 226). Las actividades prosumidoras como actividades cooperativas tienen un alto valor social y son la clave de lo «socialmente cohesionador», sin la creación de este paradigmático valor la sociedad no es posible (!!!) (íd. 222, 224).

Los protagonistas del nuevo conocimiento económico
Este enfoque de los Toffler no es una especulación, grandes pensadores de nuestros tiempos trabajan sobre esas mismas variables investigativas. Heidi y Alvin mantienen relaciones con ellos y van marcando el camino a seguir en este impactante tema. Esos relevantes estudiosos los mencionan en su libro y muestran cuáles han sido sus aportes (para quienes deseen entrar en los detalles deben consultar la obra en las páginas que se indican en esta reseña de Incomodísimo.com):  Gary Becker, Amartya Sen, Stein Ringen, Hazel Henderson, Edgar Cahn,  Rishab Aiyer Ghosh (íd. 224, 226, 227, 229), quienes han aportado grandes avances al conocimiento del sector económico del prosumo, la categoría la crearon los Toffler en “La tercera ola” que se publicó el año de 1980 (íd. 221).

La cartografía que algunos de esos autores  están creando ponen al descubierto los vitales vínculos bidireccionales que conectan la economía monetaria con su inmensa y no contabilizada sosias. Pero el prosumo tiene un poder aún más importante que ese vínculo con la mitad visible de la economía, tiene el poder de unir la familia y a la comunidad, en consecuencia, lo que vale es más bien por la cohesión social que puede generar (íd. 227). Una creciente cohesión social sólo es posible fortaleciendo la sosias, esta debe llegar a ser la instancia determinante en la nueva sociedad.

La sosias es la economía prosumidora ¿asumirá la protagonización de la economía?
¿Podrá la sosias llegar a convertirse en la protagonista del escenario económico y con ese logro histórico transformar la sociedad de un modo radical? Todo parece que sí, la teoría económica está viviendo brillantes avances por esta vertiente, afectando los fundamentos profundos de la economía, y con sus hallazgos empieza a revalorizarse, por ejemplo, el papel de la mujer en el prosumo, actor social que dejaba al margen la economía convencional. La reivindicación de estos personajes en el escenario de la sociedad puede traer cambios muy profundos y una sociedad totalmente distinta (íd. 228).

El aporte de los hogares a la economía nacional equivale a lo que aporta la economía visible. La economía oculta no remunerada puede llegar a tragarse a la economía remunerada como un agujero negro (!!!) (ídem). En la economía del conocimiento el prosumo es un punto crucial (íd. 229). Y la economía del conocimiento irrumpe con fuerza no sólo en los países avanzados, es un potencial en desarrollo que viene colocando en el escenario mundial a países inmensos que no pertenecían al club de los selectos. El prosumo se fortalece construyendo una sociedad del conocimiento. El prosumo debe ser el vértice guía de los planes nacionales.
El sector prosumidor como fase de la producción de la riqueza puede provocar en nuestra economía un tremendo cambio, lo que conlleva a un giro histórico radical, que transformará el papel de los miembros de la sociedad y de sus instituciones,  pues todos resultarán profundamente afectados (íd. 230).   
Una inmensa fuerza subyacente de creación de riqueza en el mundo está creando un valor no sólo aproximadamente igual al output de la economía monetaria cuantificada por los economistas (íd. 229), sino que los valores que está creando son cualitativamente superiores a los de la economía visible. La «mitad oculta» de la economía, la sosias, puede representar una expectativa para los más auténticos anhelos de realización del ser humano ¿Será el prosumo la plataforma sobre la que surgirá el hombre nuevo?
No queda duda que el mensaje oculto que está inserto en este libro, “La revolución de la riqueza”, es crucial en el gran debate que alienta nuestros días de desconcertante caos planetario. Los Toffler dicen que ese caos es sólo una parte de la historia y ¡tienen razón!, la otra parte (la sosias) es la numinosa, y en ese sentido esperanzadora.
GLOSARIO
Output – Input: Salida – Entrada; términos empleados para referirse a la comunicación que se establece con los ordenadores, donde ingresamos datos (input) al sistema de información que está en el PC y este nos entrega un producto (output) mediante el monitor, la impresora o el audio.
Sosia: El gemelo, o el doble que tiene un aspecto muy semejante, que tiene un gran parecido y que se presta para confundir al uno con el otro. Sin embargo los economistas se niegan a reconocer a este gemelo y en consecuencia a estudiar y analizar el papel creciente que puede llegar a tener en los intercambios, es decir, las consecuencias que puede tener en la existencia del mercado ¿tal vez su desaparición?
Numinoso: lo eterno, lo misterioso, lo sagrado, lo fascinante, lo irreductible y original, es decir, lo que es como el numen -término latino- que en su connotación original remite a los dioses, pero en su sentido más abstracto equivale a «la idea».